lunes, 29 de enero de 2018

Amputar miembros: Irán mantiene estas penas que ampara su cultura y religión



Máquina de amputar miembros en Irán
A un hombre iraní de 34 años, identificado únicamente por las iniciales A. Kh. y sentenciado culpable de un “robo de ganado y otros bienes de valor en varios pueblos de la provincia”, le han amputado una mano el 17 de enero de 2018. “Una costumbre bárbara que perdura », según Amnistía Internacional (AI) France, que publica la información en su boletín semanal.
La sentencia se dictó hace seis años aunque no se había cumplido hasta ahora. La información de AI asegura que los tribunales iraníes dictan cada año decenas de condenas de amputación, que posteriormente confirma el Tribunal Supremo. En el colmo de la crueldad y el sadismo, en abril de 2017 las autoridades de Chiraz, en la provincia de Fars, amputaron una mano a Hamid Moinee, condenado por robo y asesinato, y ejecutado diez días más tarde.
« Infligir sanciones tan crueles no sirve a la justicia y pone de manifiesto el total desprecio de las autoridades iraníes por la dignidad humana », dice el comunicado de AI. « La amputación es un crimen de derecho internacional. En tanto que estado que forma parte del Pacto Internacional de derechos civiles y políticos (PIDCP), Irán debe impedir jurídicamente la tortura, en todas las circunstancias, sin excepción.  Quienes ordenan y ejecutan estas prácticas deben ser perseguidos penalmente ».
Las autoridades iraníes defienden la amputación como el mejor medio para disuadir a los ladrones, y lamentan no poder practicarla en público, y de manera generalizada, sin suscitar la condena de la comunidad internacional. En octubre de 2010, en una declaración ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, Mohammad Javad Larijani, presidente del Consejo de Derechos Humanos de Irán, negó que el castigo de amputación sea una forma de tortura, asegurando que « está justificado desde el punto de vista cultural y religioso”.
Desde hace ya varios años, en Irán aumenta el movimiento que pide la abolición de los “castigos crueles, inhumanos y degradantes” mientras que son muchos los dignatarios y eruditos religiosos del país que siguen defendiéndolos.


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