lunes, 10 de mayo de 2021

«Hijos del Sol», de Madji Majidi, dedicada a todos los niños que trabajan en el mundo

 


Alí, de 12 años,  y sus tres amigos hacen chapuzas en un garaje y cometen pequeños delitos para conseguir algún dinero y ayudar a sus familias. El padre de Alí ha muerto, su madre está enferma internada en un psiquiátrico, y él vive en la calle. Los padres de sus amigos están en la cárcel o “ausentes”, porque son adictos. Un mafioso que cría palomas mensajeras en la terraza  y encarga trabajos a los niños le habla a Alí de un tesoro escondido en el cementerio, al que se accede a través del sótano de una escuela de caridad, en la que dos maestros  recogen a niños de la calle y al tiempo que les enseñan matemáticas les ofrecen un lugar para pasar el día y un par de comidas calientes, gracias  a las ayudas del barrio. En una divertida escena, en que los pequeños insisten para ser admitidos en la escuela mientras el director se niega, consiguen finalmente su propósito.  Mientras los cuatro adolescentes cavan el túnel que debería llevarles hasta el tesoro, en la escuela se produce un  desahucio, por impago del alquiler del edificio. Los profesores y los alumnos resisten en una simbólica ocupación de la escuela.

Dedicada a los “152 millones de niños que trabajan” forzados a hacerlo, la película “Hijos del Sol” (“Sun Children”), del realizador iraní Madji Majidi (“El niño del cielo”), consiguió en el Festival de Venecia 2020 el premio al Mejor Actor emergente para su protagonista, Roohollah Zamani, el Alí de la historia, un actor no profesional  encontrado, como el resto de los actores infantiles, entre los chicos de la calle de Teherán; unos niños que maduran demasiado pronto perdiéndose la infancia, obligados a trabajar para seguir viviendo y que en este relato buscan, en los subterráneos de la ciudad,  el tesoro que debería cambiar sus vidas.

Drama cruel a punto de convertirse en tragedia sobre la pobreza y la injusticia del trabajo infantil, interpretado por un simpático equipo de chavales que sueñan con el fútbol y están dispuestos a creer en la existencia de un tesoro, y a arrancar, incluso con sus manos, piedras y arena para cavar un interminable túnel buscándolo. Apasionante retrato de una adolescencia sin futuro que podría llevar la firma de Dickens porque traduce con enorme claridad la convicción del realizador Majidi de que hay muchos, demasiados  niños en el mundo en situación desesperada, a causa de la explotación de los adultos.

 La película toca de refilón algunos otros problemas como la situación de las familias afganas inmigrantes en Irán, siempre amenazadas con ir a parar a un campo de refugiados, o la precariedad de esas escuelas donde los chicos aprenden algo y hacen dos comidas diarias, apoyadas en la buena voluntad de algunos maestros y la caridad –un sentimiento muy elogiado en el islamismo-  de los vecinos del barrio.

Existe un bueno, y en ocasiones excelente, cine iraní que el público occidental vamos conociendo a trompicones. Un cine casi siempre censurado, a veces autocensurado y otras prohibido, impedido de llegar a proyectarse en las salas del país. Los realizadores iraníes, que ya sabían hacer cine con presupuestos muy escasos, ahora han aprendido a eludir esa censura y a hacer que sus obras lleguen a los festivales internacionales, donde habitualmente cosechan aplausos y premios, con lo que han conseguido crearse un público fiel en las cuatro esquinas del planeta. Madji Majidi es uno de ellos.

“Hijos del sol” se estrena en las salas españolas el viernes, 14 de mayo de 2021.

 

 

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