martes, 22 de julio de 2014

Un toque de violencia, la película de una China inmensamente rica e inmensamente pobre



Un toque de violencia, película Premio al mejor guión en el Festival de Cannes 2013 que llega a las pantallas españolas el 25 de julio de 201, es una inmersión brutal en la China contemporánea, ese país emergente que avanza imparablemente camino de convertirse en la primera potencia mundial.

Dirigida por Jia Zhang-Ke (León de Oro en el Festival de Venecia con Naturaleza muerta), uno de los mejores realizadores del mundo, y sin ninguna duda el mejor de la cinematografía china, traza en cuatro historias sucesivas una pintura fría y realista de un país “trabajador, brutal, inmensamente rico e inmensamente pobre, injusto y violento, en plena ascensión capitalista y ya decadente”, de un sistema perverso que humilla y machaca a los miserables.

 Cuatro historias escritas por el propio director a partir de cuatro sucesos auténticos, sacados de las redes sociales chinas (porque los medios de comunicación tradicionales “evitan” publicar demasiadas noticias “deprimentes), que muestran procesos muy parecidos: los de algunas personas “normales” a las que el sistema machaca implacablemente hasta que acaban perdiendo el factor humano, planeando venganzas personales,  se convierten en delincuentes, asesinos, y acaban tirando la toalla, huyendo o suicidándose.

En el lenguaje oficial se les llama “incidentes repentinos”. En la China “convertida  al liberalismo salvaje y a sus desigualdades, algunas personas víctimas de la explotación, la intolerancia o la miseria, dirigen brutalmente contra sus verdugos, o contra ellos mismos, esa violencia extrema que han padecido, y que ha terminado por hacerse banal”.  

Cuatro casos que ocurren en cuatro provincias distintas, con personajes que se expresan en cuatro dialectos diferentes, como si el cineasta tuviera empeño en decir que nadie escapa a ese fresco que ha pintado de un país que se hunde en infierno de corrupción, cinismo y violencia: una violencia que “es el recurso más rápido y directo del que disponen los pobres para recuperar la dignidad perdida”. Cuatro retratos rabiosos, marcados por la tragedia, que bosquejan el estado de un país , carcomido en su interior.

Dahai, un minero harto de la corrupción de los jefes políticos de su pueblo, decide pasar a la acción armado con una escopeta de caza de gran calibre. San’er, un trabajador inmigrante, descubre las infinitas posibilidades que le ofrece su pistola. Xiaoyu, recepcionista humillada por los clientes en una sauna  que se convierte en una feroz guerrera con una navaja que hace tanto daño como un sable, exasperada por la prepotencia de un parroquiano rico, que no contento con acosarla acaba pegándole y tirándole fajos de billetes encima. Xiaohui, el adolescente que pasa de un trabajo a otro en condiciones cada vez peores y  decide volar arrojándose al vacío desde el cuarto piso de la residencia donde comparte habitación con un montón de compañeros de la fábrica; está historia se inspiró en el caso de un caso empleado en Foxconn, una subcontrata de Apple. Cuatro personajes, cuatro historias cargadas de una violencia brutal y al fondo una sociedad cuyo desarrollo económico exponencial va acompañado de una enorme corrupción generalizada y una precariedad creciente entre los trabajadores que emigran de los pueblos a las ciudades, a los que la sociedad de la globalización trata como a auténticos parias.

Ya las primeras imágenes –un cargamento de tomates volcado en la carretera- aparece el color rojo que inunda después la mayor parte de las secuencias “como una explosión escarlata que irrumpe en la monotonía de los edificios industriales. Hay rojo en la ropa de los personajes, en los fuegos artificiales, en la ornamentación de la sauna-burdel…y está sobre todo el rojo de la sangre que salpica abundantemente rostros y vestidos.

Más allá de su saludable mensaje de alerta sobre lo que está ocurriendo en la patria del desarrollo económico sin limitaciones, Un toque de violencia, película terrible y violenta pero también sorprendente y melancólica, es –escribe Samuel Douhaire en Télérama- un vibrante homenaje a los humillados y ofendidos de todo el mundo”.





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