viernes, 27 de agosto de 2021

“Siempre contigo”, una historia minúscula de alcance universal


“Siempre contigo” (Here We Are) es una historia familiar de amor sin límites interpretada por un excelente Shai Avivi (“Kidon”, “Una semana y un día”, Premio al Mejor Actor en la 47 edición de la Seminci), en el papel de Aharon, un padre que ha decidido dejar atrás su vida para dedicarse exclusivamente al cuidado de su hijo autista, Uri (Noam Imber).

Emotiva road movie dramática, por carretera y en tren, que explora la intensa relación que ha llegado a crearse entre el padre -un cotizado grafista que ha abandonado el trabajo- y el hijo –que no consigue enlazar dos frases, le resulta imposible salir de su rutina y está enganchado a su portátil en el que ve películas de Chaplin- hasta el punto de que se han vuelto interdependientes y se ha establecido entre ellos una relación casi sofocante.

La madre (Smadi Wolfman, “Una botella en el mar de Gaza”), que no vive con ellos, ha gestionado la acogida del chico en un centro especializado. Cuando deberían dirigirse al centro para formalizar el ingreso, padre e hijo emprenden una huida desesperada, recorriendo Israel y acudiendo a los pocos amigos y familiares que no comparten las decisiones del progenitor quien –me lo han señalado- presenta todos los rasgos que son habituales en las  madres judías “posesivas y castradoras de sus adorados hijos varones” (para los amantes de las series, un recordatorio de la invisible madre del ingeniero sin doctorado  Howard Wolowitz).

Esta historia, que podría parecer circunscrita a un lugar y una realidad muy concreta, adquiere en el tratamiento cinematográfico una dimensión universal, debido a la sensibilidad y el respeto con que se aborda el tema de la dependencia mutua, ahorrando al espectador la sensiblería fácil y sin más pretensión que hacer un retrato tierno de una relación muy especial padre-hijo, perfectamente interpretada por los dos protagonistas.

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