miércoles, 5 de diciembre de 2018

“Robin Hood”, versión nuevas generaciones de una historia mil veces contada


« Fantasía heroica tipo matinés de El Zorro… Diálogos  empachosos, combates a cámara lenta, música invasora y un somero recorrido por los temas de la sociedad actual » (Voici)


Ideal para preadolescentes forofos de las blockbuster (1) que ya han perdido el oído con los auriculares, y que nunca han visto ninguna película anterior sobre el asunto (la mejor, protagonizada por Errol Flynn en 1938, la última, en 2010, con Rusell Crowe), y ni siquiera han leído  “Robín de los bosques”, un cuento que los ancianos del lugar devorábamos en nuestra infancia, la enésima versión de las aventuras “Robin Hood” es un subidón de endorfinas con escenas de lucha que ya hubiera querido el mítico héroe británico famoso por “robar a los ricos para dárselo a los pobres”.

Leonardo Di caprio ha puesto el dinero para esta superproducción que marca el debut en la pantalla grande del británico Otto Bathurst (un aristócata, Vizconde de Bledisloe hasta ahora especialista en series de televisión) y que protagonizan Taron Egerton (Kingsman: el círculo dorado,  Legend), Jamie Dornan (Cincuenta sombras de GreyThe fall [TV]Volando a casa), Eve Hewson ( hija del cantante de U2 Bono, El puente de los espías Un lugar donde quedarse), Ben Mendelsohn (Rogue One: una historia de Star WarsLazos de sangre) y Jamie Foxx (Django desencadenadoCollateral, Oscar por su interpretación de un Ray Charles memorable ).
Infatigable, Robín, señor  de Loxley (Taron Egerton) un cruzado que ha vuelto de pelear en Tierra Santa, donde ha presenciado decapitaciones llevadas a cabo por sus colegas cristianos,   y su antiguo enemigo John (Jamie Foxx) organizan una sublevación contra la corrupta corona inglesa en una “emocionante aventura de acción llena de increíbles proezas en el campo de batalla, alucinantes coreografías de lucha y un romance atemporal”. 

Resumiendo: un conjunto de encapuchados vestidos de cuero « modelo siglo XIII » con la estética mil veces vista de Los juegos del hambre y las series futuristas de muertos vivientes.
En su deseo de acerca la historia al tiempo presente, el realizador Otto Barthust, quien “ha rodado las escenas en tierra santa como si fueran intervenciones de los marines en Raqqa, sus talibanes tienen metralletas que disparan flechas y sus arqueros ingleses avanzan entre ruinas peligrosas”, explica que “dónde campean la corrupción, la avidez y la injusticia necesitamos de Robín de los Bosques, necesitamos héroes, personas que luchen contra el sistema y contra la corrupción, y digan que no. Dios sabe hasta qué punto estamos en un contexto equiparable en este siglo XXI”.

Ni las mallas verdes, ni la casaca de ante ni el sombrerito con pluma que hacían que le confundiéramos con Peter Pan. Como si fuera Supermán o el protagonista de un juego de vídeo, el Robín Hood modelo siglo XXI viste abrigo largo de cuero, dispara flechas al tiempo que da saltos mortales hacia atrás y saca su mejor kung-fu para molestar al sheriff de Nottingham, que favorece a los ricos, se alía con los eclesiásticos y explota al pueblo en las minas de plata (la excusa para este comportamiento es que abusaron de él cuando era un niño). En suma, efectos especiales y más efectos especiales, demasiadas explosiones en un “remake de remake divertido, espectacular y perfectamente olvidable”.

(1)   Una película, una obra de teatro e incluso un juego de vídeo realizado con un gran presupuesto y llamado a tener un éxito memorable.





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