miércoles, 11 de octubre de 2017

"Solo se vive una vez": acción argentina

Sólo se vive una vez” conduce a una pregunta cuasi existencial: ¿para qué ponernos a fabricar hamburguesas si nuestra especialidad en comida rápida es el choripán? No hay dudas de que Hollywood impuso su modelo narrativo en gran parte del mundo -aquel fenómeno llamado colonialismo cultural-, pero ¿es necesario seguirlo tan al pie de la letra? (Clarin).

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Esta semana de octubre de 2017, de puente interminable, algunas películas se estrenan el día de fiesta, el  jueves 12, sin esperar al viernes que es el día habitual de cambio de cartelera. Eso es lo que ocurre con “Solo se vive una vez”, una mala, pésima, comedia argentina a la que no ha salvado un reparto que puede atraer a más de un fan de la acción casposa -Peter Lanzani, Hugo Silva, Carlos Areces, y las colaboraciones más o menos, más bien menos,  extraordinarias de Gérard Depardieu y Santiago Segura- dirigida por Federico Cueva, hasta ahora “supervisor de especialistas y realizador de escenas de acción, cuya filmografía incluye títulos como “Assassin’s Creed”, “Torrente 5”, “El secreto de sus ojos”, entre otros, y con un guión que ha contado nada menos que con cinco autores.

Efectivamente, y como dice la crítica del diario argentino Clarín, si lo nuestro es el bocadillo de tortilla por qué queremos hacernos pasar por especialistas en hamburguesas. Si una película como ésta la hemos visto casi cada década procedente de los estudios de Hollyweood, y repetida hasta la saciedad, no veo la necesidad de calcarla ahora –para mal- en algún rincón del Buenos Aires actual, que contemplamos en tomas aéreas de drones, alguna esquina emblemática y poco más. Porque el grueso de la acción –mucha- ocurre en interiores y lugares oscuros.
Vamos con el argumento: el estafador independiente Leo entra en conflicto con un jefe mafioso. Para escapar a la persecución de tres asesinos del clan, recurre a hacerse pasar por miembro de una comunidad judía ortodoxa y echar mano de la ayuda de su hermano, sacerdote católico en una parroquia de barrio.
Todo ello aliñado con patadas, disparos, persecuciones, coches que doblan peligrosamente las esquinas y acaban por explotar, y manipulado por el feroz capo mafioso que se expresa en francés y bebe mate, y no engaña a nadie con su “colaboración especial” porque sabe perfectamente que desde hace ya mucho tiempo ha entrado de lleno en la “la máquina de hacer dinero, la industria idiota del capitalismo cultural” (Son palabras suyas en declaraciones a Clarín). Y con el recurso de resaltar los contrastes entre ambas religiones.
Una película que quizá pueda servir a algunos para alejarse un rato de sus preocupaciones habituales.



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