sábado, 9 de diciembre de 2023

Desde su celda en la cárcel de Irán, Narges Mohammadi, Premio Nobel de la Pan 2023, asegura que no piensa « parar ni retroceder ».

Narges Mohammadi, Premio Nobel 2023

El próximo domingo, 10 de diciembre, en una solemne ceremonia que tendrá lugar en los salones de la alcaldía de Oslo, se va a celebrar la ceremonia de entrega del Premio Nobel de la Paz correspondiente a 2023 que, como es sabido, ha recaído en la militante iraní Narges Mohammadi -detenida desde 2022 en la tristemente célebre cárcel de Evin, donde el pasado día 6 emprendió una huelga de hambre y con problemas cardiacos- por su reiterado combate “contra la opresión de las mujeres en Irán y su lucha por la promoción de los derechos humanos y la libertad pata todos”, según declaración textual del Comité del Nobel.

Evidentemente, Narges Mohammadi, de 51 años,  no podrá asistir a la ceremonia en la capital noruega para recibir el premio personalmente. En su lugar estarán su marido, el escritor y periodista Taghi Rahmani y sus dos mellizos adolescentes, Kiana y Ali, los tres exiliados en París desde 2012.

A pesar de los intentos del régimen de los ayatolás por condenarla al silencio y prohibirle toda comunicación con el exterior desde hace dos años –la última vez que entró en la cárcel por su oposición al régimen- Narges Mohammadi consigue hacer que se escuche su voz en las cuatro esquinas del mundo. En esta ocasión, la militante ha respondido desde su celda a un cuestionario que le ha pasado clandestinamente el diario francés Libération, afirmando que el objetivo de su lucha “es el camino que conduce a la democracia, la libertad y la igualdad”.

En la entrevista publicada el pasado día 6 de noviembre, a la pregunta de la periodista Léa Massequin sobre el sentimiento que le provoca recibir el Premio Nobel de la Paz, Narges Mohammadi ha respondido que es “un homenaje y una señal de solidaridad de la comunidad internacional con el movimiento progresista y revolucionario ‘Mujer, Vida, Libertad’, que actualmente se extiende en Irán”.

Preguntada por los abusos  que regularmente cometen los agentes del régimen iraní con las mujeres presas en Evin, Narges Mohammadi responde que “desde hace un año se han extremado con las mujeres que participan en acciones de protesta. Con frecuencia veo los cuerpos heridos de las mujeres que regresan de ser interrogadas. Aunque las agresiones han existido siempre, este último año se han vuelto más frecuentes, mis compañeras y yo misma hemos escuchado relatos de agresiones físicas y sexuales que se cometen en el interior de la cárcel. Actualmente, cuatro de las presas tienen más de 70 años. Uno de los abusos más horribles en el encierro forzoso en el ala de psiquiatría de la cárcel. Además, ocho manifestantes que habían participado en el movimiento “Mujer, Vida, Libertad” han muerto ahorcadas (…) Todo esto me afecta profundamente y por eso protesto y me manifiesto desde la cárcel, a pesar de las sanciones”

Sobre la huelga de hambre que actualmente está llevando a cabo para protestar contra la obligación de cubrirse la cabeza con el velo, Narges Mohammadi responde que « la obligación de llevar velo con es un signo de creencia ni un objeto cultural, ni tampoco, como pretende el régimen en sus slogans, una forma de conservar la dignidad de las mujeres. Por el contrario, es una herramienta de subyugación de las mujeres y un símbolo de dominación sobre toda la sociedad. El velo obligatorio es uno de los pilares de esta dictadura teocrática contra la que yo lucho. El asesinato de Mahsa Amini, de muchas otras manifestantes y de Armita Garavand (fallecida también tras ser detenida por la policía de la moral a principios del pasado mes de octubre), es un dolor que no nos abandona. Mi negativa a llevar el velo, tanto fuera como dentro de la cárcel,  es una manera de protestar contra este régimen y su violencia. No pienso parar ni dar marcha atrás. El objetivo de mi lucha es el mismo que el de todas las mujeres iraníes: el camino que conduce a la democracia, la libertad y la igualdad. Para construir una democracia es necesario que la sociedad civil pueda ser independiente, lo que no tendrá sentido sin el respeto de los derechos humanos y del derecho de las mujeres. Necesitamos una unión fuerte en nuestra lucha nacional y todo el apoyo internacional.  

Sobre sus repetidos ingresos en prisión, la Premio Nobel de la Paz 2023 recuerda que  cuando salió en libertad en 2020 hizo una petición para poder salir del pais y reunirse con su familia en París : « de manera no oficial se me impidió abandonar el territorio. Estuve en libertad un año y después la Corte Penal me condenó a recibir 80 bastonazos y dos años y medio de cárcel. Permanecí en una celda de aislamiento durante 64 días ininterrumpidos y sin que nadie me interrogara. En enero de 2022, sin poder hablar con mi abogado y sin que él tuviera acceso a mi caso,  el tribunal me condenó a ocho años y tres meses más de cárcel y  74 bastonazos. Me enviaron entonces a la cárcel de Gharchak, un centro para detenidos comunes, y un mes más tarde me trasladaron al hospital, tras sufrir una crisis cardiaca, donde me pusieron una endoprótesis vascular. Seis meses después me trasladaron al ala de mujeres de la cárcel de Evin. A causa de las acciones de protesta han añadido seis cargos más a mi causa; dos de ellos han tenido como consecuencia otra condena a veintisiete meses de cárcel y cuatro meses de trabajos de interés general. Hace poco tuve que comparecer de nuevo ante el tribunal revolucionario que, por segunda vez en un año, ha anulado mi derecho a recibir visitas.

 

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