jueves, 27 de febrero de 2020

Lonnie Johnson, ingeniero de la NASA, es el inventor de la pistola de agua

Lonnie Johnson, imagen de YouTube

Fue cosa del azar. En 1982, Lonnie Johnson, ingeniero del Jet Propulsion Laboratory de la NASA y también un manitas muy mañoso, trabajaba en su casa en la construcción de una termobomba cuando se produjo un pequeño accidente y el agua que contenía el ingenio salió disparada a propulsión.

Johnson acababa de inventar la pistola de agua, uno de los juguetes más apreciados por los niños de todo el mundo,  que diez años más tarde era el chisme más vendido en Estados Unidos y en los años siguientes, según la revista Forbes, sus ventas  superaron los mil millones de dólares y proporcionaron  muchos millones a su inventor. Toda esta información está contenida en un artículo aparecido en la publicación estadounidense Smithsonian Magazine a propósito del anuncio, efectuado por el fabricante de juguetes Hasbro, de que va a volver a fabricar el modelo original de la famosa pistola de agua.

Con unos tubos de PVC, una botella de gaseosa de dos litros, plexiglas y varias juntas, Johnson fabricó el primer prototipo funcional en lo que, en una patente de 1986, se llamaría “pistola surtidor”. Tras varios años infructuosos buscando un fabricante, Larami Corp.  sacó la pistola al mercado sin mucho éxito. Cuando la compró Hasbro y la bautizó como Super Soaker, la pistola de agua se convirtió en uno de los juguetes preferidos de los pequeños estadounidenses. En muy poco tiempo, el éxito de ventas se reprodujo en los cinco continentes.

Con el mismo fabricante, años más tarde Lonnie Johnson patentó otro juguete estrella: las “pistolas Nerf” (que disparan flechas o discos de espuma), “auténtica gallina de los huevos de oro” que al día de hoy sigue proporcionando a la empresa cientos de millones de dólares cada año.

Ingresado con honores en el National Toy Hall of Fame (el museo donde se exhiben los juguetes que han conseguido más popularidad durante más tiempo), creado en 1998 en Salem, Oregon, y trasladado en 2002 a Rochester, en el estado de Nueva York), Lonnie Johnson gasta los royalties de sus inventos para trabajar proyectos menos lúdicos, como las baterías electrolíticas de cerámica y la tecnología lithium-air, un condensador que permite extraer la humedad del aire ambiental; y también, en un regreso a sus primeros intereses, un sistema de recuperación del calor destinado a los misiles espaciales.
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