sábado, 3 de enero de 2015

140journos, la respuesta a la autocensura del periodismo turco



La ocupación, en el verano de 2013, de la Plaza Taksim de Estambul para protestar contra el proyecto de destrucción del parque Gezi, uno de los últimos espacios verdes del centro de la ciudad, se podía seguir en directo, pero no en la televisión turca: Twitter, Instagram, Soundcloud, Vine y Storify tomaron el relevo de los medios de comunicación censurados hasta la caricatura. El 2 de junio, mientras en la CNN Internacional se podían seguir las manifestaciones en directo, CNN Turquía daba paso a un documental sobre pingüinos. En las horas siguientes, las imágenes de los pingüinos se volvieron virales y generaron miles de comentarios, chistes, caricaturas…

Fue entonces cuando el mundo descubrió la existencia del digital 140jurons (http://140journos.com/), creación de un colectivo de ciudadanos –al día de hoy 10 redactores y más de 200 colaboradores, ningún periodista entre ellos- que había decidido utilizar las redes sociales para pasar la información que no llegaba por los medios convencionales. “La revolución será tuiteada” se convirtió en uno de los slogans más coreados en la Plaza Taksim, “un eco, 40 años más tarde, de la célebre canción “Revolution will not be televised” del poeta y músico afroamericano Gil Scott-Heron (1949-2011)”, escribe Guillaume Fontaine en el digital francés Rue 89.

Captura de pantalla de 140journos


Con un pingüino en su emblema, la cuenta Twitter de 140journos defiende el periodismo libre en un país donde las autoridades maltratan continuamente a la prensa y los periodistas y hoy es una fuente imprescindible para una información fiable. Twitter es su principal herramienta, con 54.000 seguidores, pero utilizan también Soundcloud para emitir entrevistas cortas de audio. Gracias a una red de colaboradores, extendida por todo el país, cubren prácticamente todas las protestas, manifestaciones y noticias sociales ausentes en los medios tradicionales.

En el origen de esta iniciativa se encuentra el suceso conocido como “la masacre de Roboski “cuando, el 28 de diciembre de 2011, aviones del ejército bombardearon a un supuesto grupo de contrabandistas en el pueblo de Roboski, en la región de Sirnak, frontera con Irak, dejando un saldo de 34 muertos, 19 de los cuales eran menores. Al día siguiente, silencio en la radio y la televisión, ni una línea en toda la prensa. Tan solo un periodista, Serdâr Akinan del diario Aksam, cubrió la noticia aunque no pudo publicarla en su periódico. Lo contó en Instagram y Twitter y poco después le despidieron.

Estos hechos supusieron un auténtico shock para Engin Onder y un grupo de amigos, todos estudiantes de apenas 20 años de la Bahçeşehir Univesity de Estambul: “Creamos entonces la cuenta @140journos, empezamos a seguir los procesos, las manifestaciones y a publicar en las redes fotos, audios y vídeos…” El primer éxito fue el relato, en directo desde la audiencia, de un juicio al que la prensa tenía prohibido el acceso. Fue en 2011, en el tribunal de Diyarbakır, donde se juzgaba a un estudiante por pertenencia a organización terrorista. Uno de los oficiales de policía que asistían a la vista fue quien descubrió que la sesión se estaba retransmitiendo en directo mediante pequeños mensajes de 140 palabras. Aunque se chivó al juez, no fue capaz de encontrar a los autores.

Pese a que ninguno de los miembros de 140journos es periodista, el grupo denuncia lo que significa ser corresponsal en un país que en 2014 ha cedido a China el privilegio de tener encarcelados más periodistas que ningún otro país en el mundo, según el Comité de protección de los periodistas, la mayoría acusados de “terrorismo”, cargo que el gobierno turco utiliza para silenciar las críticas. (el 14 de diciembre de 2014, la policía del presidente Erdogan, quien desde su llegada al poder controla más del 80% de los medios del país, detuvo a 400 opositores al régimen, entre ellos 150 periodistas, siguiendo la ya establecida tradición turca de acusarles de conspirar contra el estado).

“No somos profesionales. Simplemente creemos que la divulgación de hechos verificados interesa a un amplio público. Sabemos cómo funcionan los medios turcos; nuestro trabajo es pertinente porque ellos llevan veinte años sin cumplir con el suyo. - explica Onder- Nosotros usamos distintos dispositivos que suprimen la barrera entre las persona que ve los hechos y la que crea la noticia. Estamos en todas partes donde hay algo que falta, donde los grandes medios no quieren ir. Diariamente recibimos información de nuestros corresponsales y buscamos en Facebook, Twitter e Instagram. Publicamos todas las manifestaciones, sin excepción. No tenemos una oficina centralizada, todos estamos siempre movilizados y nos reunimos una vez por semana paara evaluar y planificar... Ni somos ni nunca vamos a pretender ser un proyecto periodístico. Somos lo que podría definirse como un proyecto de comunicación intercomunitaria: dedicamos nuestro tiempo a recibir información que procede de ciudadanos independientes, verificarla metódicamente y distribuirla gratuitamente al público”



jueves, 1 de enero de 2015

El Washington Post se transforma en una empresa de alta tecnología



Jeff Bezos, presidente y director general de Amazon, compró en 2013 el diario histórico de la capital de Estados Unidos, el Washington Post, y no ha tenido que pasar mucho tiempo para que decida diversificar sus actividades, haciendo que ya no sea solamente un periódico sino una fábrica de programas y contenidos multimedia, señala Xavier de La Porte en el digital Rue 89, haciéndose eco de una información aparecida en el diario conservador Le Figaro.

Según esa fuente, el cambio ya ha comenzado cuando el desarrollo de herramientas que facilitan la edición y publicación se ha revelado tan exitoso que han decidido venderlas a otros medios de comunicación; al parecer son muchas las cabeceras de la prensa regional estadounidense que ya se han interesado en comprarlas.

“Esta apertura al desarrollo de programas comercializables –escribe La Porte- acompaña los profundos cambios que se están llevando a cabo en el diario: con una inversión de 250 millones de dólares, Bezos ha garantizado la estabilidad económica del periódico, y ha permitido contratar periodistas e informáticos (hasta conformar un equipo de 200), lo que ha dado como resultado la realización de scoops y un aumento de la audiencia”.

La transformación del periódico en una empresa creadora de tecnología ha significado para el Washington Post “compensar con la edición digital la caída en picado de las ventas de la edición en papel”, según ha explicado al Financial Times el presidente de la publicación, Steve Hills. “A corto y medio plazo, el papel seguirá dando dinero hasta que el web encuentre definitivamente su modelo económico. Pero, a largo plazo, la batalla será en el terreno de lo digital. Compartimos la idea de Jeff Bezos de invertir el largo plazo”.

“El Washington Post ya no es solo un periódico, ahora es una sociedad de high-tech innovadora”, dice Shailesh Prakash, director de los sistemas informáticos del periódico en Le Figaro. Entre esas innovaciones se encuentra el programa PageBuilder, fácil de manejar y con gran aceptación entre los profesionales, que facilita a los periodistas la edición de páginas con nuevos formatos editoriales. ”Embriagados por el éxito, el equipo técnico del Washington Post se concentra ahora en el desarrollo de una serie de aplicaciones que permitan gestionar el conjunto del sitio del periódico”.

La fortuna personal de Jeff Bezos, dueño de Amazon, está estimada en 25 mil millones de dólares, cien veces el precio pagado por la compra del Washington Post. Fundado en 1877, el diario estadounidense –que saltó las fronteras cuando destapó el escándalo del Watergate en los años 1970- pertenecía desde siempre a la familia Graham. Afectado por la crisis de la prensa escrita, en 2012 había perdido más del 7% de las ventas. “Años de dificultades familiares nos ha llevado a preguntarnos si no habría algún propietario mejor para el Post”, comentó Donald Graham, presidente del grupo, en el momento de hacerse efectiva la venta a Jeff Bezos.

Año nuevo y corrupción vieja en China



A la chita callando, sin bombo y platillos pero con luces y fuegos artificiales, con el mismo sigilo con que han pasado de la austera economía comunista al despilfarro y la corrupción del capitalismo, y para alegría de unos ciudadanos que no están precisamente sobrados de ellas, los chinos –lo que equivale a decir las autoridades de la República Popular de China- dieron un paso más en su incorporación a la cultura “occidental” instaurando oficialmente hace tres años el 1 de enero como “día de año nuevo”, pese a que los más de mil trescientos millones de habitantes del imperio siguen observando también el calendario de sus ancestros, que sitúa en el próximo 19 de febrero el comienzo de 4715, año del cordero de los bosques, que se corresponde con nuestro 2015.

También en China, el 31 de diciembre 2014 ha sido una fiesta. Más o menos en torno a las 21 horas (de Europa occidental), el Parque Olímpico de Pekín se encendía con todo tipo de luminarias coloreadas para celebrar –a base de atletas olímpicos y un concierto del pianista Lang Lang- la llegada de 2015 y recordar de paso que han presentado su candidatura para celebrar en el país los Juegos Olímpicos de invierno de 2022; ocho minutos de pirotecnia iluminaban en Hong Kong los rascacielos de la antigua colonia británica; en Taiwan miles de personas asistían a un concierto de música pop, convenientemente aderezado con fuegos de artificio en el famoso rascacielos Taipei 101, y en Shanghai perdían la vida 35 personas en los empujones provocados, en el bulevar Bund, cuando un “gracioso” se dedicó a arrojar dólares falsos desde una ventana.

Aquí, en nuestras calles, ya habíamos tenido ocasión de comprobar la incorporación de “los chinos” a nuestras tradiciones (cristianas, aunque aprovechando antiguas celebraciones “paganas” para que entraran con vaselina); en los escaparates de lo que fueron las tiendas de “todo a cien” -hoy reconvertidas en bazares kitsch donde se encuentran joyas inigualables para cumpleaños y despedidas de solteros, además de todo lo que se necesita un domingo a media tarde cuando el resto de las tiendas están cerradas-, lo mismo que en los negocios de peluquería y manicura que han proliferado como setas de otoño en el bosque de nuestras geografías, este año han aparecido unos carteles, escritos –parece mentira- con la peor caligrafía del mundo (y no digamos la ortografía y la sintaxis), anunciando que permanecerán cerrados los días 24 de diciembre y 1 de enero.
No es el caso de los propietarios de esos bazares o peluquerías que tenemos en cada esquina, y que nadie ha explicado satisfactoriamente todavía de donde ha salido el dinero para montarlos, pero hay otros chinos, los multimillonarios que se han hecho al calor de la entrada en el capitalismo más liberal, la exportación al mundo entero de todo tipo de productos originales y falsificados y la especulación inmobiliaria en un país que expropia manu militari (y que cada vez huele más a putrefacto), que se han convertido en los primeros consumidores del mercado mundial del lujo (automóviles de alta gama, ropa de alta costura, fastuosos apartamentos, cuadros, esculturas, joyas, perfumes…), según la autorizada voz de un tal Jonathan Siboni, cofundador de DEAL (Developing Euro-Asian Links), y presidente de Luxurynsight, “primera plataforma de inteligencia económica dedicada al sector del lujo”, además de profesor en Ciencias Políticas y ESSEC (Gran Escuela de Comercio) de Reims, quien dedica un seminario completo a reflexionar acerca de cómo se ha pasado en China del confucionismo al capitalismo, después de dejar atrás el budismo y el comunismo, y quienes son los nuevos ricos chinos.

A juzgar por lo que podemos leer a diario en las páginas económicas de los diarios, los nuevos ricos chinos se dividen en dos grupos: los que como Zhou Yongkang, ex jefe de seguridad interior (cargo equivalente al de Ministro del Interior), son protagonistas de un escándalo mayúsculo de corrupción, les expulsan del Partido Comunista y les encierran en la cárcel, en lo que para algunos comentaristas internacionales no es más que la continuación del caso de Bo Xilai (1), y los que consiguen escapar a la operación limpieza de las autoridades de Pekín y con sus cientos, o miles, de millones compran comarcas enteras de Africa para construir pueblos y “explotar” sus minas (y a sus mineros), y también fábricas, museos y hoteles de cinco estrellas en la muy vapuleada vieja Europa, compitiendo con los reyezuelos del Golfo petrolero.

La detención de Zhou Yongkang el 5 de diciembre de 2014, considerado hasta entonces uno de los “intocables” del régimen, ha sido el punto y final de una vasta operación policial que ha sacado a la luz más de diez mil millones de dólares, pertenecientes al cacique y sus parientes. En los últimos veinte años, Zhou Yongkang había construido una red de apoyos políticos y económicos que, antes de elevarle al más alto nivel del estado, al de director de todas las policías chinas que son muchas, le llevaron a dirigir la CNPC (China National Petroleum Corporation), la casa madre de Petro-China, la mayor sociedad de extracción de crudo del país, por lo que todos los responsables locales le buscaban para conseguir, al precio que fuera, financiación para sus proyectos, lo que le permitió hacerse con una “clientela” que pagaba religiosamente los favores.


(1) Ex Ministro de Comercio, 64 años, conocido como “el príncipe rojo”, caído en desgracia y condenado a cadena perpetua en 2013, interno en la cárcel de Qincheng, en el norte de Pekín (una establecimiento “de cinco estrellas” que no figura en ningún mapa de la ciudad), donde ya se encontraba su padre Bo Yibo, compañero de viaje de Mao Tse Tung y encarcelado desde los años negros de la revolución cultural. "Bo Xilai representaba la oposición a la línea Xi Jingping en el Partido Comunista, mientras que Zhou Yongkang era el hombre en la sombra que ejercía una inmensa influencia entre bastidores” analiza Jean-François Dufour, presidente-fundador de la agencia de consejeros DCA-China Analyse. La detención de Zhou Yongkank sería pues, según este analista, una forma de desembarazarse de uno de los personajes más molestos para la línea política del presidente chino. Sin olvidar lo de la corrupción, claro.