martes, 4 de marzo de 2014

Oh Boy, un ejercicio de estilo



Opera prima del director Jan Ole Gerster, Oh Boy, película que se presenta como “la revelación del nuevo cine alemán”, definición avalada por los premios 2013 a la Mejor Película, Mejor Director y Mejor Actor de la Academia del Cine Alemán y el de Mejor Película Revelación en los galardones del Cine Europeo, es una esforzada obra en blanco y negro que no puede ocultar lo mucho que debe a influencias del pasado, y muy especialmente a la nouvelle vague francesa: hay demasiado Godard y Truffaut, y mucho del primer cine independiente americano, en las veinticuatro horas de la vida errática del joven protagonista por la ciudad de Berlín.

Niko, el joven treintañero de Oh Boy, hace dos años que colgó los estudios, aunque eso no lo sabe su padre que sigue enviando mil euros mensuales a su cuenta bancaria. Tampoco sabe que Niko está a punto de convertirse en un alcohólico ni que le acaban de retirar el carnet por conducir con un índice superior al permitido. Niko podría ser un típico representante de la generación “ni-ni”, que ni estudia, ni trabaja, ni sabe realmente si puede hacer algo de provecho con su vida (independientemente, claro, de las condiciones objetivas: pero la crisis ni siquiera se menciona en la película y no parece que la gente que cruza en su recorrido ciudadano esté especialmente afectada por ella: vagabundos mendicantes ha habido siempre en las grandes urbes, forman parte del paisaje, y aquí solamente aparece uno).

A lo largo de un día en que Niko intenta cambiar su costumbre de beber alcohol por café, lo que no le resulta fácil, se encuentra con gentes diversas: conocidos –amigo que busca un papel en una película, padre que le recrimina su conducta-, desconocidos –el nuevo vecino que vive su propia tragedia jugando al futbolín en el sótano-, e incluso antiguas amistades –la gorda de la clase del instituto, que ha adelgazado hasta la anorexia y se dedica al teatro de vanguardia- , hasta que en una barra, y para que no falte nada en el relato, le aborda un viejo borracho que charla sin cesar y termina evocando un episodio doloroso y vivido en primera persona de la historia reciente de Alemania: la noche de los cristales rotos, la del 9 al 10 de noviembre de 1938, cuando los nazis destruyeron cerca de doscientas sinagogas en todo el país, saquearon 7.500 comercios propiedad de judíos, asesinaron a un centenar, provocaron el suicidio de varios cientos y deportaron a cerca de 30.000 a campos de concentración: en total, aquel pogrom y las deportaciones subsiguientes causaron la muerte de unas 2.500 personas.

Narrada como si se tratara de una película de sketchs, con una hermosa fotografía en blanco y negro y un sugestivo fondo de música de jazz, más drama que comedia, Oh Boy promete más de lo que realmente ofrece: un ejercicio de estilo más propio de uno de esos exámenes fin de carrera en que uno escribe (filma) absolutamente todo como si esa fuera la única oportunidad que va a tener de contarlo.

Oh Boy se estrena en los cines españoles el 7 de marzo de 2014.


lunes, 3 de marzo de 2014

MSF: Lo que pasa en Tchad es inadmisible



“Lo que pasa hoy en el sur de Tchad es inadmisible”. Es una declaración de la jefa de la misión de Médicos sin Fronteras (MSF), Sarah Chateau, efectuada el 27 de febrero de 2014 en Baibokoum, a treinta kilómetros de la frontera centroafricana, donde la organización tiene instalada su base. “Todos los días, el equipo hace el camino de ida y vuelta entre Baïbokoum y Bitoye, un pueblecito de 10.000 habitantes que ha doblado su población con los miles de refugiados, llegados en vehículos o a pie” hasta Tchad, huyendo de la violencia en la República Centroafricana (RCA).

MSF ha instalado en Bitoye un centro de asistencia primaria donde atiende un centenar de consultas diarias. “Nunca había visto algo así”, dice el doctor Aaron Zoumvournai, quien describe las heridas que presentan los refugiados, y fundamentalmente los niños, llegados entre otros lugares de Bangui, la capital. “Cicatrices de machetazos en el cráneo de algunos niños, a una niña le cortaron dos dedos con unas tijeras «como recuerdo, heridas de bala y huellas de tortura”. El doctor cuenta la historia de un paciente llegado al centro de Bitoye y trasladado luego al hospital de Baïbokoum: “Venía de un pueblo de la región de Bouar. Se encontraba solo cuando los anti-balakas atacaron el poblado. Prendieron fuego a su casa, consiguió escapar por una ventana y en el suelo vio a cuatro personas asesinadas a machetazos. Los anti-balakas consiguieron atraparle, le obligaron a ponerse de pie, descalzo, sobre un bidón calentado al rojo vivo, amenazando con matarle si no lo hacía. Se estuvieron riendo viéndole sufrir, y cuando se cansaron, le abandonaron. Un viejo lo cargó depositándole al borde del camino y allí le recogió un camión que le llevó hasta el dispensario. No sabe que ha ocurrido con su familia”.

En Goré, 6.000 personas se arraciman en un antiguo hospital y sus alrededores. La mayoría proceden de Bossangoa. Duermen en el suelo, con ramas y ropas construyen alojamientos para protegerse. En Sido, más de  13.000 refugiados se han instalado a escasos metros de la frontera. El último convoy escoltado por el ejército de Tchad depositó a 3.500 personas, entre las que se encuentra Kaltouma, quien hace seis semanas huyó de Yaloke, su pueblo, atacado por los anti-balakas. Pasó veinte días escondidas entre la maleza, con un hijo de 13 años y dos gemelos de meses. En el ataque perdió a veinte miembros de la familia, y entre ellos a su marido y otro hijo de 8 años. Se ha instalado bajo un árbol, cerca del hospital de MSF, con otros compañeros de viaje; ninguno de ellos había estado en Tchad anteriormente.
Las autoridades locales no consiguen controlar los conflictos que empiezan a surgir entre los recién llegados y la población local; carecen de medios para hacerlo. MSF es la única organización internacional presente en Sido: «Mientras estas familias no puedan pedir asilo en Tchad no conseguirán el estatuto de refugiados y estarán, por tanto, privadas de la asistencia del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los refugiados (ACNUR); en cualquier momento, alguien les enviará a otro destino donde nada ni nadie les estará esperando”, dice alarmada Sarah Chateau, jefa de la misión de MSF en Tchad.

«La mitad de las personas que he visto en consulta me han dicho que tienen hambre», cuenta Antoine, médico en Sido. La urgencia alimentaria no es la única preocupación. Solo existen 20 letrinas, 300 alojamientos techados y cuatro puntos de agua para 13.000 personas, actualmente refugiadas en Sido. “Por una parte, es urgente que se reconozca que estas personas han huido de la violencia para salvar sus vidas y, por tanto, son refugiados; y, por otra, la ayuda internacional debe llegar inmediatamente en forma de alimentos, ropa de abrigo y construcción de dormitorios, tomas de agua y más letrinas. Lo que está pasando hoy en Tchad es inadmisible », sentencia Sarah Château.

Emperador, el elevado precio de la paz



Drama histórico situado en mitad de las incertidumbres y las tensiones de los días posteriores a la capitulación de Japón, al final de la Segunda Guerra Mundial, Emperador, película dirigida por Peter Webber (La joven de la perla, Hannibal, el origen del mal) y protagonizada por Tommy Lee Jones (El Fugitivo, Hombres de Negro, Lincoln) y Matthew Fox (En el punto de mira), está centrada en la figura del general Bonner Fellers, encargado por el general MacArthur, comandante supremo de las fuerzas de ocupación, de decidir si el emperador Hiro Hito debe ser juzgado y condenado a morir ahorcado como un criminal de guerra, lo que no es una decisión fácil: Japón estaba casi totalmente destruido, pero el pueblo seguía venerando al emperador, considerado como la representación divina en la tierra. Ejecutarle equivaldría a propiciar una revuelta y un nuevo conflicto.

En paralelo a los acontecimientos políticos, está la historia de amor de Fellers con una estudiante japonesa, a la que conoció cuando se encontraba en Estados Unidos en un intercambio y a la que busca desesperadamente en los diez días de que dispone para llevar a cabo la tarea encomendada por MacArthur.

A pesar del interés objetivo del relato y la excelente interpretación de Tommy Lee Jones, Emperador–que se estrena España el 7 de marzo de 2014- no pasa de ser una mediocre película de intriga que elude voluntariamente entrar en las raíces del enfrentamiento entre los dos países y en la que se ha primado el aspecto romántico de la historia secundaria, el heroísmo y los amores del general Fellers que evidentemente no figuran en ningún libro de historia. Pese a todo, la película se ve con el interés que siempre despierta el tratamiento de los hechos históricos más recientes.

A pesar de que el director ha optado por una visión políticamente correcta de la solución adoptada –dejar al emperador con vida (murió en 1989)-, quienes se dedican a buscar errores en el trabajo de los demás han notado que en el resumen final acerca del destino posterior de los personajes que aparecen en la película, se menciona que una vez terminada la guerra el general en jefe de los ejércitos, y luego presidente de Estados Unidos, Dwight Eisenhower, degradó al general Fellers al rango de coronel; pero, por lo visto, se trató de una medida administrativa generalizada por la que más de 200 generales de brigada, que tenían un rango temporal, volvieron al rango permanente de coroneles y entre ellos se encontraba Fellers. No fue una medida punitiva sino un procedimiento habitual en la desmovilización.