miércoles, 29 de julio de 2015

El secreto de Adaline, romance intrascendente puro Hollywood



Melodrama plano, previsible y banal que comienza como un relato de ciencia-ficción que se va disolviendo a medida que avanza la historia,  El secreto de Adaline (The Age of Adaline en su versión original, que en algunos países ni siquiera ha llegado a la gran pantalla y se ha estrenado en televisión) es una historia romántica con una pizca de “tinte fantástico” escasamente explotado por el realizador Lee Toland Krieger (Celeste and Jesse Forever), cuya eficacia se espera que descanse en la presencia de Blake Lively (la espectacular rubia de la serie de chicas malas Gossip Girl, muy aparente pero escasa actriz). Le acompañan en el reparto el holandés Michiel Huisman (Juego de tronos), Kathy Baker (Eduardo Manostijeras, Cold Mountain), un anciano Harrison Ford (Indiana Jones, Air Force One) y Ellen Burstyn (Requiem por un sueño). 

Hace casi cien años, tras sufrir un accidente, Adaline experimenta una mutación de sus células, deja de envejecer y conserva el aspecto que tenía a los 29 años. Después de aquello se casó, tuvo una hija que hoy es una anciana y es la única que conoce su secreto, y tras la muerte de su marido ha llevado una existencia solitaria, cambiando a intervalos de residencia y de trabajo para no despertar sospechas.  El encuentro con un maduro y multimillonario filántropo le lleva a arriesgarse una vez más, enamorándose y haciendo planes de futuro. Pero, el encuentro con el padre de su amante (con el que tuvo un romance en Inglaterra hace medio siglo) que le reconoce, hace peligrar el secreto de su edad, tan celosamente escondido durante décadas.

Desde su creación, el cine –como desde siempre ha venido haciendo la literatura- ha explorado el tema de la eterna juventud, igual que el de la inmortalidad, lo que casa muy bien con el antiguo lema de Hollywood de que “las estrellas no tienen edad” justamente porque la magia del séptimo arte impide –a base de maquillaje y trucos- que el espectador asista a su envejecimiento en directo.

En el caso de Adaline, el tiempo se detiene para ella pero no ocurre lo mismo con el resto del mundo: las personas que le rodean envejecen y mueren, incluidos los sucesivos perros –todos idénticos unos a otros- que le han acompañado en esa juventud interminable. Y, lo que es peor, el paso de los años no le ha dado a la actriz –especialista en posados de alfombras rojas para prensa rosa- la sabiduría que se supone, de forma que su paso por la pantalla ni siquiera puede considerarse una interpretación: “una elección desafortunada ya que Adaline muestra pocos signos de haber vivido dos guerras mundiales, la era espacial, los Beatles, la invención de la píldora, el movimiento de derechos civiles, la segunda ola del feminismo, el punk rock o, en realidad, cualquier otra cosa… Los autores tratan de insistir en que el tiempo pesa sobre Adaline, pero hay poco en el guión de esta película que sugiera que los años le han dejado mucho más que un armario amplio y un don para hablar varios idiomas y jugar al Trivial Pursuit…”. El desfile de ropa de época sustituye en Adaline a la experiencia que los demás mortales adquieren con el paso del tiempo.

En suma, la guapa Blake Lively de nuevo emulando a la “gossip girl” que le ha dado fama en la pequeña pantalla.


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