miércoles, 15 de junio de 2016

Thomas Bidegain: “Mi hija, mi hermana”


“Mi hija, mi hermana” (Les Cowboy) cuenta la historia de un padre que, acompañado de u hijo, se dedica a buscar a la hija, evaporada en algún lugar de oriente medio, en una red integrista. La película supone el debut en la dirección de Thomas Bidegain, reputado guionista de títulos como “Un profeta” o “De óxido y hueso”, por los que ganó el Cesar al Mejor Guion, además de ser el autor del libreto de “La familia Belier” o “Saint Laurent”. En los papeles principales, el belga François Damiens (“La familia Belier”, “Los seductores”), Agathe Dronne, ( “El pabellón de los oficiales”), y el joven Finnegan Oldfield ( “Gang bang: una historia de amor moderna”).

En 1994, en una gran pradera del este de Francia, los amantes del country se reúnen en un gran festejo. Después de subir al escenario a cantar “Tennessee Waltz”, Alain (François Damiens) baila con su hija Kelly, de 16 años, mientras su mujer y el hijo pequeño de ambos, Kid, les miran divertidos. Más tarde, ese mismo día, Kelly desaparece, y la vida familiar se hunde: piensan en un secuestro hasta que llega una carta de la chica, diciendo que se ha marchado voluntariamente y que no intenten buscarla. A partir de ese momento, Alain no hará otra cosa que buscar a la adolescente, arrastrando con él al niño -por lugares remotos, desconocidos e incluso siniestros-, que acabará sacrificando su juventud: entre Bélgica y distinto países de oriente medio, la búsqueda habrá durado quince años, y al final se habrá convertido en el nexo de unión entre dos culturas.

Un algo de thriller, un poco de melodrama y otro poco de western, en un tema sensible y delicado, con trasfondo político, al que sobra un final love story, decididamente folletinesco. Sobre una base de hechos reales, que lamentablemente suceden con más frecuencia de lo que pensamos en nuestras modernas sociedades occidentales y laicas (un miembro de la familia se convierte, inexplicablemente, al islamismo y abandona todo para trasladarse a otro país donde, en muchos de los casos, acabará participando en acciones terroristas, cuando no en una guerra), se ha construido esta ambiciosa historia de un padre desesperado. “Thomas Bidegain nos ofrece una primera película llena de ideas que no siempre están a la altura de las ambiciones”. Sin duda, la primera parte es mucho más convincente que la segunda.

Entre amigos, esas malditas vacaciones


Enésima película francesa de viejos amigos que se reúnen para unas vacaciones, un tema que da mucho juego pasados los Pirineos, esta vez a bordo de un velero alquilado. “Entre amigos” (Entre amis), dirigida por el francés Olivier Baroux (“Quiero ser italiano”). Daniel Auteuil (“Caché”), Gérard Jugnot (“Los chicos del coro”) y François Berléand (“El concierto”) interpretan a tres tipos que pasan de los cincuenta, amigos desde la infancia, que suben al barco, para hacer un crucero hasta Córcega, acompañados de sus respectivas mujeres: Mélanie Doutey (“El Lobo”), Isabelle Gélinas (“Didier, mi fiel amigo”) y Zabou Breitman (“El ejercicio del poder”).

Seis amigos, un barco, muchas cuestiones sin resolver y, para añadir una pizca de suspense, una inesperada tormenta. Comedia y drama a la vez sobre la amistad, la complejidad de las relaciones de pareja, los secretos, los remordimientos y los celos que aparecen cuando menos se espera. Vamos, como la vida misma y como todos nosotros en tantas ocasiones.

El trío masculino funciona bastante bien, el de las mujeres cojea a veces; todos, ellos y ellas, parecen más caricaturas que arquetipos. Los diálogos resultan muy sosos y los temas muy manidos: depresiones, miedo al ridículo y crisis de la edad que no perdona. Lo hemos visto mil veces.


viernes, 10 de junio de 2016

“Si Dios quiere”, comedia “all’italiana”


“Si Dios quiere” (“Se Dio vuole”), divertida comedia italiana dirigida por el hasta ahora guionista Edoardo Maria Falcone, y protagonizada por un trío de bravos actores Marco Giallini (“No te muevas”), Alessandro Gassman (“Caos calmo”, “Transporter 2”) y Laura Morante (“La habitación del hijo”), ganó el Premio David de Donatello al Mejor Director Novel, el Premio del Sindicato Italiano de Periodistas Cinematográficos en la misma categoría y el Premio del Público en el Festival de Tokio.

Tommaso (Marco Giallini) es un cardiólogo respetado, algo déspota, ateo convencido y liberal. Como buen italiano, su familia es muy importante para él, pero está un tanto desilusionado de su mujer (Laura Morante), quien con los años ha pasado de joven rebelde a señora burguesa deprimida, y de su hija (Ilaria Spada), a quien considera literalmente “una cretina”. Sus expectativas están concentradas en el hijo (Enrico Oetiker), brillante estudiante de medicina que parece dispuesto a seguir sus pasos, hasta el día en que el joven confiesa a la familia reunida que ha encontrado su vocación religiosa gracias a un excéntrico cura (Alessandro Gassman) que, se supone, le “ha lavado el cerebro”. Para el prestigioso cirujano comienza una “aventura de la disuasión” que, naturalmente, discurrirá por caminos distintos de los previstos.

Cuando toda la familia esperaba una confesión de homosexualidad, que pensaban aceptar con toda naturalidad, el anuncio de la “vocación” del chico rompe la tranquilidad y la rutina, haciendo que aparezcan las incongruencias y frustraciones de todos los miembros del clan. Evidentemente, este inicio significa también una afirmación del paso del tiempo, y de la evolución de la sociedad, en este caso italiana. Como dice acertadamente el crítico Diego Brodersen, en el diario argentino Página 12, de haberse rodado hace treinta años o cuarenta años “no resulta difícil imaginar que la premisa de “Si Dios quiere” hubiera sido exactamente la inversa”.

La historia, ciertamente original, en la línea de la comedia italiana de toda la vida, se apoya en las interpretaciones de Giallini y Gassman (ha tenido un buen maestro en casa), el narcisista cirujano y el heterodoxo cura romano (al parecer inspirado en la figura de un tal Don Fabio, sacerdote creador de la “predicación de los Diez Mandamientos”, quien desde hace veinte años interesa a miles de personas, entre las que se encuentran muchos jóvenes), encargados de poner al descubierto los “muchos vicios y pocas virtudes de una sociedad moralmente a la deriva” (Alessandra Levantesi, La Stampa).

Comedia de situación ligera y amable que no ha apreciado toda la crítica italiana (“buenas intenciones, resultado modesto”, Massimo Girardi, Cinematografo.it), con algunos toques de drama familiar e incomprensión entre generaciones, “Si Dios quiere” empieza con la idea del equívoco para continuar con la creación de identidades.

martes, 7 de junio de 2016

Las Mil y Una Noches de Miguel Gomes, el desolado: los reductos que no ocupa el capitalismo



Segunda entrega de la trilogía sobre ”el país más triste” del mundo, en la que Scherezade continúa con sus historias, que tienen como escenario el Portugal en crisis de estos años, donde la desolación ha invadido a sus habitantes, “casi todos empobrecidos por la austeridad”: “Oh rey bienaventurado, se cuenta que, en la noche de las tres lunas una jueza afligida llorará en lugar de dictar sentencia. Que un asesino fugado vagará durante cuarenta días por los campos y, soñando con putas y perdices, se teletransportará para escapar a los gendarmes. Y cuentan de un olivo milenario, de una vaca herida que dirá su triste historia y de los habitantes de un inmueble suburbial que se endeudan para salvar a un loro y mean en los ascensores la noche de fin de año; y también de Dixie, un perro que aprende a amar a sus sucesivos dueños y a olvidar a los anteriores…”.

Siguiendo las pautas marcadas en la primera entrega (http://periodistas-es.com/las-mil-una-noches-miguel-gomes-los-tiempos-crisis-71589),“Las Mil y Una Noches, volumen 2, El desolado -especie de menestra de cuentos sobre la soledad en un país en crisis, melancólica y mágica- incluye tres cuentos situados en tres universos diferentes. El de un criminal (ha matado a su mujer y a su hija) que huye por el interior del país, un viejo ácrata y vividor salido, como su padre, su abuelo, su bisabuelo y quien sabe cuantos ancestros más, de un linaje “de hombres silenciosos, solitarios y malvados”, conocido como Simao el “sin tripas” (“Simao se lo puso su madre, sin tripas fue cosa de los vecinos del pueblo), hasta convertirse en una figura legendaria. El de la reconstrucción de un juicio en un antiguo teatro romano, un diálogo interminable, en el que un delito da paso al siguiente hasta involucrar prácticamente a todo el pueblo sentado en las gradas -una sociedad en miniatura con una dimensión carnavalesca, todos culpables en potencia- y en el que la jueza termina por esconder la cabeza y las lágrimas entre los brazos, incapaz de dictar una sentencia de culpa generalizada. Y, finalmente, y en la vena más lírica de la película, la historia de los amos del perro Dixie, con las grandes tragedias y las pequeñas miserias de los habitantes de un edificio suburbial, en Santa Antonio dos Cavaleiros, desheredados que van del paro a la droga, y al suicidio.

Barroco, desigual aunque compacto y muy estimulante, “sombríamente pesimista y rabiosamente humano, menos fantasioso que el primero pero no menos interesante en la dimensión de pesadilla del tema. En esa ciudad austera, insólita, se insinúan la poesía y lo novelesco: sus ocupantes son dignos de ser los personajes de una película, los héroes de diez o cien ficciones” (Serge Kaganski, Les Inrockuptibles). A pesar de la desolación que impregna las más de dos horas de proyección, esta segunda parte de Las Mil y Una Noches portuguesas, propone una utopía: “todavía es posible contar historias, releer el pasado y el presente y hacer derrapar la realidad. Todavía existen intervalos que la hegemonía capitalista no ha conseguido ocupar“ (Jean-Christophe Ferari, Positif).

Tríptico en el tríptico, “El desolado” incluye un western (La fuga de Simao “sin tripas”), un tratado filosófico acerca de la justicia y su responsabilidad (Las lágrimas de la jueza), y una exploración de la vida cotidiana (Los amos de Dixie) que en conjunto “dibujan el hundimiento de los paradigmas morales, institucionales, filosóficos y políticos; una especie de muerte del pacto social. Responsabilidad, culpabilidad, orden y caos se diluyen en una cadena absurda que partiendo del Portugal rural llega hasta las maniobras de un empresario chino corrupto y las tarjetas Visa Gold (…) el tabaquismo y una dinámica suicida” (Arnaud Hée).

Entre junio de 2013 y septiembre de 2014, el realizador portugués Miguel Gomes, involucró a periodistas y otros cineastas para recoger historias que contaran el presente de un país europeo hundido en la crisis y sometido a una brutal política de austeridad. El resultado de esa intención documental no es una película realista sino una enorme fabulación dosificada, como los folletines del siglo XIX, en tres entregas.


viernes, 3 de junio de 2016

Mi perfecta hermana, una historia de amor fraterno


Que las películas estén basadas en historias reales no es ninguna garantía de calidad, pese a que así parecen creerlo quienes trabajan en las promociones. Como no lo es tampoco que el tema tratado sea de interés social.

Dos cualidades que reúne “Mi perfecta hermana” (My Skinny Sister), historia de una adolescente más bien gordita, como casi todas las niñas al cambiar de ciclo, que descubre que esa hermana mayor, guapa, delgadísima, brillante patinadora artística y ejemplo a seguir, esconde un trastorno alimentario que acabará afectando a toda la familia. Una historia que no consigue ser redonda sobre los celos, el amor y la traición, narrada desde el punto de vista de una niña de once años que la crítica internacional ha comparado inevitablemente con “La pequeña Miss Sunshine”, aunque lo único que tengan en común las dos heroínas sean la edad y el sobrepeso.

Primera película de la hasta ahora guionista sueca Sanna Lenken, quien sabe de qué habla porque también fue una adolescente anoréxica y asegura que está basada en su propia historia; su intención confesada no era tanto hacer una película sobre la enfermedad como sobre las consecuencias que este tipo de situaciones tienen no solo en el cuerpo de la persona que la padece, sino en el entorno familiar que primero no quiere ver lo que ocurre, y después no sabe cómo enfrentarlo.

Toda la historia reposa en el talento de dos jóvenes actrices, Amy Deasismont (Katja, la hermana mayor, la que da título a la película) y sobre todo Rebecka Josephson (Stella, pelirroja y gordita), nieta de Erland Josephson, uno de los actores fetiche del mayor cineasta sueco de todos los tiempos, Ingmar Bergan; todo parece indicar que la pequeña Rebecka ha heredado el talento de su abuelo, es un prodigio de expresión. La narración sigue paso a paso la bulimia del personaje de Katja a través de las reacciones de la niña, siempre admiradora y siempre queriendo imitarla. La comida es omnipresente, obsesiva, en un guión construido esencialmente a base de desayunos, comidas y cenas en familia, que contraponen a la joven que cada vez come menos y a la adolescente que sigue disfrutando de los alimentos.

Película del final de la infancia, cuando se caen los mitos y el yo empieza a construirse por imitación de los otros; de iniciación simbolizada en la liberación del escarabajo que Stella guardaba en una caja en su habitación.