sábado, 5 de octubre de 2013

Ciao Silvio, hasta nunca

 

El inevitable cavaliere se ha vuelto superfluo.

Rien ne va plus… para Silvio Berlusconi. Esta vez parece ser la buena y, si todo sale como está previsto, il cavaliere apodado así tras haber sido nombrado cavaliere del lavoro (caballero del trabajo) en 1977, y que nunca ha hecho honor al apelativo, desaparecerá del panorama político de un país que, veinte años después, se sigue preguntando cómo es posible que le haya elegido hasta cuatro veces para ocupar el cargo de Presidente del Consejo.

Una comisión especial del Senado italiano ha recomendado este viernes, 4 de octubre de 2013, la destitución de Silvio Berlusconi de su mandato de senador, y la consiguiente expulsión de la cámara alta como consecuencia de la condena, en agosto pasado, a cuatro años de prisión incondicional reducidos a uno a causa de una amnistía muy reciente destinada a vaciar las superpobladas cárceles italianas (y enviar a los condenados extracomunitarios a que cumplan las penas en sus países de origen), por fraude en el caso Mediaset . El Senado, con mayoría de izquierda, votará definitivamente su expulsión el viernes 11 de octubre; pero el resultado ya está más que cantado.

Según las leyes italianas, los 77 años cumplidos del reo le eximen de ir a la cárcel, a cambio de lo cual tendrá que permanecer en residencia vigilada y efectuar “trabajos de interés general” aún por determinar. En junio, Berlusconi fue condenado en primera instancia a 7 años de cárcel por prostitución de menores y abuso de poder, en el caso conocido como Rubygate (del nombre de la menor marroquí que mantuvo relaciones sexuales pagadas con il cavaliere). Esta sentencia se encuentra en fase de apelación y le esperan nuevas citas en los tribunales, por distintos delitos.

Tras una decena de procesos, tras haber creado leyes ad personam para despenalizar los delitos cometidos por él, después de haber recurrido durante años a tácticas dilatorias para que los procesos se alargaran desmesuradamente hasta la prescripción de los delitos y de haber sido considerado culpable en un juicio para inmediatamente después ser absuelto en la apelación, a Berlusconi le ha llegado una condena penal definitiva e inapelable.

Hace ya muchos meses que Silvio Berlusconi, el hombre que lleva más de veinte años viendo pasar los cadáveres de sus enemigos políticos (y personales), es también él un cadáver político. El golpe de gracia lo ha recibido cuarenta y ocho horas antes, cuando varios miembros de su partido, entre ellos el “delfín” Angelino Alfano (43 años, abogado siciliano), Vice-primer ministro del Consejo en nombre del Popolo della Libertà (PdL, creado y presidido por Berlusconi) se han negado a secundar el golpe de estado con el que Berlusconi pretendía tumbar al gobierno de coalición de Enrico Letta, provocando una crisis y la consiguiente convocatoria de nuevas elecciones. La situación se volvió hasta tal punto en contra suya que Berlusconi, asistiendo desolado a lo que muy bien puede ser el preludio de la explosión de su partido, se vio forzado, tras provocar la crisis con la dimisión de cinco ministros, a dar marcha atrás y apoyar explícitamente -entre sollozos, eso sí, porque este delincuente se emociona fácilmente- al gobierno actual en lo que puede haber sido el último acto de la tragicomedia berlusconiana y, afortunadamente para los italianos, el último chantaje de este hombre a su pueblo.

“El final del líder carismático”, ha titulado el diario torinese La Stampa (fundado en 1867, uno de los más antiguos del país, que hoy pertenece al grupo Fiat con una línea editorial considerada de centro-derecha): “Abandonado por sus parlamentarios, que le han obligado a votar la confianza en el gobierno Letta… Silvio Berlusconi parece destinado a salir definitivamente de escena… el hombre símbolo de la Segunda República, el perno de todos y cada uno de los cambios políticos de dos décadas, el líder que siempre consiguió condicionar de manera determinante no solo su parte, sino también la del adversario, se ha vuelto superfluo…”.

Sin embargo, nada de esto puede impedir que Berlusconi siga siendo al mismo tiempo el mayor empresario de medios de comunicación de Italia, propietario entre otros de tres canales de televisión que usa a su antojo para denunciar “el complot del estado y los jueces” contra él. Con palabras que suenan como una amenaza ha dicho al semanario Panorama (perteneciente también a su grupo mediático): “No voy a morir aunque me asesinen”.

Pero pudiera ser que, además de una amenaza, las palabras de il cavaliere fueran también una premonición. En un artículo titulado Italia sigue siendo rehén de Berlusconi, calificado de “lucidísimo” por la prensa italiana de izquierda, publicado en septiembre de 2013 en la página web de la New York Review of Books y firmado por Tim Parks, el periodista escribe que “la contraposición entre bueno/malo, moral/inmoral e incluso eficaz/ineficaz, en base la cual suponemos que deben valorarse y juzgarse los políticos, en Italia está siempre subordinada a la cuestión preponderante de ganar o ser vencido, la única cosa que cuenta. Y Berlusconi se ha presentado siempre como un ganador, más que como ninguna otra cosa…En 1826, anotando sus observaciones sobre las costumbres italianas, el poeta Giacomo Leopardi reflexionaba acerca de que ningún italiano ha sido nunca admirado o condenado hasta el final, siempre ha tenido quienes le apoyaban y le denigraban incluso después de muerto. Lo que sin ninguna duda se confirma, desde los héroes hasta los bribones de la vida italiana, de Mazzini, Garibaldi y Cavour hasta Craxi, Andreotti y Berlusconi, pasando por Mussolini… Según Leopardi a los italianos les resulta difícil imaginar a un líder como algo más que el capo de una facción o de un grupo de intereses particulares… Por eso, cuando los sabios columnistas de algunos de los diarios más ilustres y estimados del país sugieren que podría ser mejor salvar a Berlusconi… de hecho avalan la convicción, consagrada en el tiempo, de que la política será siempre corrupta… Si a Berlusconi le evitan ir a la cárcel… y le permiten continuar haciendo política, se confirmará la percepción de que un líder político es más un señor feudal que un ciudadano como los otros, y no habrá ninguna posibilidad de que cambie el comportamiento de los italianos durante muchos años futuros”.

jueves, 3 de octubre de 2013

Gloria: un película conmovedora, feminista y muy estimulante




Gloria es una espléndida película del chileno Sebastián Lelio que consiguió el Premio Cine en Construcción en el Festival de San Sebastián 2012; con el dinero del premio se pudo terminar la producción y presentarla en el Festival de Berlín 2013 donde la actriz protagonista, Paulina García, inmensa en el papel de Gloria, consiguió el Oso de Plata y Lelio (39 años, El año del tigre, La sagrada familia) decidió quedarse a vivir; allí ha abierto un restaurante con el nombre de la película en el barrio de Kreuzberg, en la parte conocida como SO 36 (cuando existía le Muro de Berlín, rodeaba a SO 36 en tres de sus cuatro lados y allí se desarrolló una cultura propia, alternativa a la de Berlín Oeste).

Aplaudida por la crítica alemana como “una joya… (que) forma parte de esas películas que compensan al espectador de un madrugón y le ponen de buen humor para el resto del día”, llega ahora a los cines españoles el 4 de octubre de 2013, después de volver a San Sebastián 2013, esta vez  con los deberes hechos,  llevarse de nuevo una ovación de gala y pasar también por el Festival de Toronto.

Comedia dramática y feminista con mucho sentido del humor, retrato sublime de una mujer y una situación, cuenta con excelentes actores y una historia simple, redonda y bien narrada, que aborda temas muy universales… En el Chile de ahora mismo, Gloria es una mujer a punto de cumplir 60 años, divorciada y con los hijos emancipados, que trabaja y se busca actividades de todo tipo para llenar los días y por las noches acude a los clubs de solteros en busca de no se sabe bien qué, pero en cualquier caso no de la insípidas aventuras que le surgen.

Gloria tiene el corazón disponible, “lascia aperto il cuore” como grita a los cuatro vientos Umberto Tozzi en la canción que lleva su nombre. Cuando decide iniciar un romance con otro de los solteros de oro que conoce en una de las salas de baile acaba dándose de bruces con una situación por la que pasan muchas mujeres y que Maruja Torres definía hace bastante tiempo ya como “el penúltimo imbécil de tu vida”: la aparición de un capullo que asegura acabar de separarse a los 65 años, Rodolfo (Sergio Hernández, muy ajustado en su papel secundario), mientras  conserva una enfermiza dependencia de su ex mujer y sus hijos. Fracasado el intento, Gloria sigue cantando a gritos que “deja el corazón abierto”.

Había diversas opciones para contar esta historia. El realizador ha optado por hacer con ella una película conmovedora y estimulante, convertirla en un mensaje lleno de ternura y sobriedad en la manifestación de los sentimientos: Gloria observa a los demás sin rechistar, respeta a todos, se sabe una mujer que está envejeciendo, pero no muerta. Está convencida de que hay vida después de un matrimonio fracasado, de unos hijos que se marchan lejos, de algunas emociones inevitables. Desde las primeras escenas en que aparecen juntos, la pareja Gloria/Rodolfo se presenta como un desafío a las convenciones tejiendo un romance que les rejuvenece y les propulsa lejos de las barreras de la edad. “En su camaradería recién estrenada –escribían en enero de 2013 en indiwire.com- la personalidad de Gloria estalla con una energía que Lelio explora íntimamente, mostrando a la pareja al desnudo (sic) en ese nuevo despertar sexual”.

Con mucho, lo mejor de Gloria son las expresiones de incomprensión de la protagonista: ella –escondida tras las gafas enormes llenas de simbolismo, con las que juega con la excusa de una enfermedad oftalmológica, como una llamada constante a ver la vida de otra manera-, que entiende muy bien la nueva relación de su ex marido y se niega a dar a los hijos más explicaciones que las necesarias sobre sus intereses, no entiende muy bien por qué otra gente hace lo que hace (aunque lo cierto es que tampoco le preocupa mucho, lo que pretende es seguir viva pese a la edad y las convenciones), no entiende por qué los demás se tienen que complicar tanto la vida con subterfugios y mentiras, no entiende que una relación de pareja tenga que ser algo “acompañado” por el resto de la familia más cercana… La ovación que Gloria consiguió en la Berlinale iba dirigida tanto al film como a la actriz.

«Gloria es como Rocky –dijo el realizador en la rueda de prensa posterior- cuando cae, se levanta y continúa… la vida es una poesía cotidiana con un equilibrio entre risas y llanto, dulce y doloroso como una bossa nova”. Como el Waters of March, de Tom (Antonio Carlos) Jobin, “hilo conductor de una historia” en la que Lelio ha conseguido a la perfección ese sabor agridulce; en Gloria nada es solo rosa o solo gris, toda la historia está llena de los mismos matices que presenta la vida. Dice haberse inspirado en la generación de su madre. “Hay muchas Glorias en el mundo… esta película quiere reivindicar el derecho de esa generación a seguir disfrutando de la vida. Trata de un asunto que concierne a toda la humanidad: ahora la vida dura más tiempo pero cuando se llega a los 60 años las cosas ya no son como antes. Es como si empezara un capítulo nuevo y en la película hemos querido explorar todas las oportunidades”.

No solo aborda las relaciones amorosas entre sujetos de la hasta ahora llamada tercera edad, y ahora personas mayores, sino también la descomposición de la estructura familiar tradicional, la angustia generacional y las actuales manifestaciones de estudiantes: “El mensaje –dice Lelio- también va dirigido a los jóvenes, que un día serán mayores y tendrán que reivindicar su derechos a vivir, bailar y amar”.

Para la protagonista, Gloria muestra «todos los cambios acontecidos en mi país en los últimos cuarenta años. Se puede sobrevivir a todos los golpes y renacer de las cenizas”.







miércoles, 2 de octubre de 2013

Mi primera boda: discreta comedia romántica



Partiendo de la frase atribuida al filósofo existencialista danés -y en la práctica “inventor” del concepto de angustia como preocupación intelectual- Soren Kierkegaard: “Si te casas lo lamentarás. Si no te casas, lo lamentarás también”, Mi primera boda, comedia argentina romántica y de adoradores de Lacan, híbrido entre lugares comunes y humor de salón, realizada con ganas de gustar al público al que sin embargo no consigue arrancar la carcajada pese a intentarlo sin cesar porque, inexorablemente, una narración con el label de argentina termina por explorar, con mejor o peor fortuna, el lado oscuro y las angustias de sus protagonistas. Se estrena en España el 4 de octubre de 2013.

La historia sucede en un día, el de la boda en uno de esos lugares que se alquilan con el lote completo de rito nupcial, en este caso doble, judío y católico, habitaciones para novios, familia e invitados, fotografías y vídeo recordatorio y banquete al aire libre, y la anécdota es la pérdida de uno de los anillos de boda en lo que prometía ser una ceremonia de sueño, calcada–allí como aquí- de tantas bodas vistas en la pantalla hollywoodiense. El novio, causante de la pérdida en uno de esos ataques de pánico prenupciales tan frecuentes en el cine, decide no confesarlo e intentar retrasar el enlace mientras se dedica a buscar la alianza.

Mientras transcurre el tiempo y los asistentes al enlace se preguntan, sin mucho interés es verdad, qué ocurre, la narración va deteniéndose en los habituales problemas de índole psicológica relacionados con el momento preciso del matrimonio: el compromiso, las huellas dejadas en los novios por anteriores relaciones amorosas, el desconocido futuro que les espera… la incomprensión de lo que está ocurriendo genera en la novia momentos de angustia, e incluso de histeria; la manera de intentar resolver la situación que ha creado, lleva al novio al mayor de los pesimismos…, a los dos celebrantes a iniciar una amistad dejando de lado las divergencias de sus respectivas creencias, y al espectador a la sensación de que estar asistiendo a una fiesta que es solo el principio del fin.

En mi opinión, los fallos hay que buscarlos en el guión, que avanza como a saltos entre gags y momentos vacíos. Entretenida, aunque muy lejos de las comedias románticas inglesas y estadounidenses que parecen ser el modelo perseguido por el director Ariel Winograd (Cara de queso), Mi primera boda cuenta con dos protagonistas solamente discretos (la guapa uruguaya Natalia Oreiro, procedente de series televisivas de éxito, y el argentino Daniel Hendler, un novio infantil e indolente al que dan pocas ganas de tener siempre cerca), un secundario Imanol Arias malo de solemnidad (a quien el crítico del diario argentino Clarín calificó, en su estreno allá, de “desangelado” y es lo menos que puede decirse), y otros dos secundarios apreciables: los miembros del grupo musical Les Luthiers, Daniel Rabinovich y Marcos Mundstock, en el rabino judío y el cura católico.