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Sharon Tate |
Por cierto, que según la misma fuente,
Quentin Tarantino también saca a relucir
la masacre como telón de fondo en su esperada película coral “Once Upon a Time
in Hollkywood” (Erase una vez en Hollywood), que también se estrenará en los
próximos meses.
Algo más de un año antes, el 20 de enero
de 1968 era sábado y yo asistí, junto a una nube de informadores, a la salida
del juzgado de Kensignton de Sharon Tate y Roman Polanski recién casados (Justo
una semana después, de ese mismo juzgado salió la pareja formada por el actor
español, Carlos Garrido, al que poco después se le escapó la vida en un viaje
alucinado en un piso vacío de la madrileña calle de Serrano, y la aspirante a cantante Angie Cat).
Sharon era una mujer preciosa casi
idéntica a otros miles de bellezas altas, delgadas, rubias, de larga melena y
minifalda escasa, que en aquellos días ejercían de modelos o actrices en las
calles, las boutiques y los estudios londinenses. Pero Sharon Tate no era
inglesa, sino estadounidense y la mayor de las tres hijas de un oficial de la
Armada destinado en Dallas, que a los seis meses ganó el concurso “Miss Tiny
Tot of Dallas Pageant” (a saber lo que
significaba y para qué servía) y que con su familia había vivido hasta en seis
ciudades americanas y europeas diferentes, a cuenta de los traslados del
militar.
Tras unos escarceos en películas
estadounidenses, y cuando era novia de un peluquero de Hollywood, Sharon Tate
viajó a Londres en 1966 contratada para trabajar junto a David Niven y Deborah
Kerr en la película “Eye of Devil” (El ojo del diablo), de J. Lee Thompson,
producida por Martin Ransohoff quien en aquel momento preparaba también la
producción de “El baile de los vampiros”, una parodia de las antiguas películas
de vampiros dirigida por el francés de origen polaco Roman Polanski, a quien el
productor impuso que Sharon Tate interpretara el papel principal. El mismo año,
la actriz rodó “Como triunfar en amor sin cansarse”, junto a Tony Curtis y
Claudia Cardinale, dirigida por Alexander Mackendrick, y “El valle de las
muñecas”, dirigida por Mark Robson, basada en la novela epónima de Jacqueline Susann,
un record de ventas aquel año.
Casados y embarazada Sharon, la pareja
Polanski se instaló en Los Angeles
-donde Roman rodaba los interiores de su primer filme americano, “Rosemary’s
Baby”- en el número 10.050 de Cielo Drive, en una gran residencia de estilo
normando que mandó construir en 1942 la actriz Michèle Morgan, y que
anteriormente había ocupado el productor musical Terry Melcher, hijo de Doris Day. Sharon Tate
la bautizó como “Love House” (La casa
del amor).
El 9 de agosto de 1969, mientras Roman Polanski
se encontraba en Londres, tres miembros de la “familia Manson” –Charles “Tex”
Watson, Patricia Krenwinket y Susan Atkins- entraron en la casa para,
equivocadamente y siguiendo órdenes de Charles Manson, vengarse de Terry
Melcher que no había querido contratarle. Cortaron los cables del teléfono y
asesinaron a la actriz y a sus amigos Jay Sebring, “el peluquero de las
estrellas”, el productor Wojciech Frykowski, su novia Abigail Folger, heredera
de una familia de productores de café, y un tal Steven Parent, amigo del guarda
de la propiedad.
Sharon Tate, de 26 años, y el feto de su hijo de ocho meses están
enterrados en el Holy Cross Cementery de Culver, California. Chales Manson, como
instigador, y los tres ejecutantes fueron condenados a muerte. En 1972, el
Tribunal Supremo de California declaró inconstitucional la pena de muerte, por
lo que la sentencia fue conmutada por cadena perpetua. Manson murió en la
cárcel, en noviembre de 2017, a los 83 años.
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