Publicado inicialmente en el diario estadounidense New Yoek Times, y comentado por la redactora Léa Polverini en Slate, digital independiente de izquierda, un artículo comenta que, en diez horas, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha escrito 60 veces comentarios en sus redes sociales, con contenidos “inquietantes para su salud mental”.
En las últimas semanas, comenta la redactora, el
presidente de Estados Unidos está “inundando sus redes de comentarios que le
representan como un héroe guerrero, o como el amo el mundo”, lo que está molestando
“incluso en algunos rangos superiores de la esfera política, donde se preguntan
acerca de su capacidad para gobernar”.
Si bien es cierto que, desde el comienzo de su
primer mandato, esta manera frenética de comunicar es algo habitual, también lo
es que la IA le ha proporcionado nuevos medios de expresión, que no dejan de
desconcertar a los comentaristas “debido a lo exageradas que son las imágenes
desplegadas”
Con la IA, Donald Trump se retrata “como
un superpoderoso gigante” que aplasta a todos sus enemigos, “tanto en la guerra
como en los cielos”. Si bien es cierto que estos excesos han modificado
profundamente la naturaleza de la presidencia, y la relativa reserva que
habitualmente se le suponía, también lo es que parecen un testimonio del estado
mental del Jefe del Estado.
Saturar el espacio digital
Para Sarah Matthews, exportavoz de
la Casa Blanca durante la administración Trump, “inunda de tal manera la web
con este tupo de contenidos que nos hemos vuelto insensibles a su absurdo. Un
presidente de 80 años pasa un tiempo enorme consumiendo y republicando
creaciones de fans, generadas por IA, que le describen como el hombre más
grande, más fuerte y más importante del mundo. “Realmente da la sensación de
estar asistiendo, en tiempo real, a la degradación de su cerebro”.
Por otra parte, sus defensores consideran sobre
todo que destaca en el arte del trolling (1), provocando a sus
adversarios para hacerles reaccionar. El inquilino de la Casa Blanca “evidenciaría
una autenticidad bruta típica de la época, de la que sin ninguna duda sería su mejor representante”.
Pero la iconografía guerrera exhibida por Donald
Trump en todas las plataformas aparece sobre todo como otra negación más
de la realidad. Se imagina así aplastando Irán o, con el palo de hockey en la
mano, dominando en el suelo al Primer Ministro canadiense, Mark Carney incluso
cuando, como revela el New York Times,
se demuestra “incapaz de de conseguir que Carney ceda en el conflicto aduanero
que les enfrenta; esa imagen caricaturesca le permite presentarse como un vencedor,
incluso cuando no lo es”.
Donald
Trump gana peso preocupando a la Casa Blanca.
En el Congreso, los
repetidos ataques a la integridad de cuantos se oponen al trumpismo
suscitan la indignación de algunos demócratas como Chellie Pingree, representante de Maine: «Yo
no quiero escuchar –insiste- que se diga ‘oh, es solo un Trump de libro’, ni
tampoco que está a punto de ‘trollear’. Ya basta. Nada de todo es es normal, ni
aceptable. Los republicanos no pueden seguir cerrando los ojos. El Congreso, el
gobierno y todo su entorno tienen la responsabilidad de dejar de tolerar ese
peligroso comportamiento, y de empezar a preguntarse si es apto para ejercer
sus funciones”.
El de Chellie Pingree
es un enfado compartido en el extranjero, especialmente por los
representantes de los Estados vilipendiados y agredido por Estados Unidos. “No
hay nada de divertido, ni de normal, en burlarse de la soberanía de los Estados »,
declaraba recientemente la Primera Ministra islandesa Kristrún Frostadóttir,
tras contemplar una enésima imagen de
propaganda imperialista difundida por Trump. La presión, sin embargo, no parece
lo bastante fuerte para obligar al presidente a parar en sus controvertidas
publicaciones, como lo demuestran los sesenta contenidos publicados en diez
horas del pasado fin de semana.
(1) « trolling » es
el acto de provocar, molestar o engañar a otros usuarios en internet mediante
comentarios o publicaciones diseñados para generar reacciones emocionales
negativas.
El término trolling deriva de
la palabra inglesa troll, que “en la mitología escandinava se refiere a criaturas maliciosas que engañan a
los viajeros”. En internet comenzó a usarse en la década de 1990 para
describir a personas que buscan provocar caos, discusiones o malestar en foros,
redes sociales y salas de chat. En castellano se ha popularizado como verbo (trolear
o hacer trolling) y se refiere a la acción de molestar o provocar en
línea.

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