sábado, 15 de junio de 2024

“The Artic Convoy”, una historia diferente de la Segunda Guerra mundial.


En 1942, Alemania invade la Unión Soviética y los Aliados deciden ayudar a los rusos enviando armas para ayudar en la lucha que se libra en el Frente del Este. El “convoy ártico » (1) lo formaban cargueros mercantes civiles que no estaban equipados para el combate y transportaban materiales de guerra desde Islandia a los puertos rusos de Murmansk y Arkhangelsk, apoyados por una escolta de buques de guerra aliados, que les protegían de los ataques aéreos.

Atrapados en pleno Artico, sin experiencia en materia de defensa, los marineros civiles se enfrentaban, en un peligroso viaje, con la fuerza superior alemana.

Perfectamente documentada, “The Artic Convoy” es la historia de uno de los navíos que formó parte del convoy PQ17, en una de las misiones más peligrosas de transporte de armas.

« The Artic Convoy » (2), película dirigida por el noruego Henrik M. Dahlsbakken (“Munch”), es un thriller naval basado en hechos reales y  ambientado en plena Segunda Guerra mundial, protagonizado por  Tobias Santelman (“El último reino”), Anders Baasmo (“La decisión del rey), Fredrik Stenberg Ditlev-Simonsen (“Nach”, “Sick of myself”) y Adam Lundgren (“Seminaire”).

Generalmente, un convoy lo componían unos 35 navíos cargados de armas y municiones,  rodeados de una escolta de barcos de guerra. Cada vez que se encontraban cerca de Noruega, ocupada por los nazis, tenían que atravesar un mar sembrado de minas, al tiempo que les atacaban submarinos y aviones.  Los viajes duraban de media doce días. La película comienza en el cuarto día de navegación: el barco precisa algunas reparaciones y la tripulación  está muy cansada. Además, no puede decirse que se entiendan muy bien el capitán Skar y su nuevo segundo Mork, superviviente al mando de otro barco que se hundió. No confían el uno en el otro y tienen opiniones políticas diferentes.

La tensión aumenta cuando el encargado de descifrar los mensajes de morse explica que acaban de ordenarles que los barcos del convoy se dispersen rápidamente. Mork quiere dar media vuelta y regresar a Islandia, pero el capitán Skar decide que el navío continúe su ruta hasta Murmansk, aunque parezca un suicidio… En torno a ellos, los barcos que se han separado del convoy serán interceptados uno a uno…

 

(1) Durante la Segunda Guerra mundial, los « convoyes del Artico » viajaban del Reino Unido y Estados Unidos a los puertos árticos de la Unión Soviética, exclusivamente por el Oceano Artico. Entre 1941 y 1945 navegaron 78 convoyes. Alrededor de 1.400 cargueros llevaron material de guerra a la URSS. En la operación, los Aliados perdieron 85 barcos mercantes y la Royal Navy 16, mientras que las pérdidas  alemanas fueron de un crucero, 6 destructores, al menos 30 submarinos y un número considerable de aviones.

 

Los convoyes recibían un nombre en clave en función del itinerario: PQ para ir y QP para regresar. El covoy PQ17 salió de Hvalfjord, en Islandia, en junio de 1942 y ha entrado a formar parte de la leyenda por la cantidad de pérdidas que sufrió. Recibió la orden de dispersarse porque el almirantazgo británico temía un ataque del acorazado alemán Tirpitz. Enfrentados a un frío extremo, vientos helados y témpanos flotantes en las aguas más hostiles del mundo, los navíos fueron atacados por submarinos y aviones, y solo llegaron a la Unión Soviética 11 de los 34 iniciales. En total, murieron 153 marinos mercantes

 

(2) « The Artic Convoy » está en la cartelera madrileña desde este viernes 14 de junio de 2024.

viernes, 14 de junio de 2024

“La patria perdida>”, historia de un adolescente que se debate entre la lealtad a su madre y sus propias convicciones

 

“-Al bajar del autobús entré en la Resistencia…

-¿No estabas en la guerra, abuelo?

-El fascismo es la guerra”



Estrenada en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes, “La patria perdida” (Lost Country) es una película sobre el pasado con ecos del presente. Ambientada en la Serbia de 1996, cuenta la historia de una madre y su hijo en el contexto de las manifestaciones estudiantiles contra el régimen de Milosević. (1)

El joven Stefan (interpretado por Jovan Ginic, que recibió en Cannes el premio Revelación de la Fondation Louise Roederer) tiene que enfrentarse a su madre, portavoz y cómplice del gobierno corrupto contra el que se levantan sus amigos. La madre está encarnada por la actriz serbia Jasna Đuričić (“Quo Vadis, Aida?).  

Hijo de una política del gobierno de Milosevic, el realizador serbio Vladimir Perisic (“Ordinary people”) –nacido en Belgrado y formado en Francia- se inspira en sus años de estudiante de secundaria para, en su segunda película,  contar el fraude electoral y las manifestaciones de 1996, para contar la historia de un adolescente introvertido y taciturno , jugador de waterpolo, dividido entre el amor por su madre y el despertar a la realidad política, entre el compromiso familiar y el ostracismo de sus compañeros de clase. Una historia trágica que va subiendo de tono a medida que avanza el relato.

Escrita en colaboración con la cineasta francesa Alice Winocour (“Mustang” - https://periodistas-es.com/mustang-mujer-turquia-66392 , “Revoir Paris”), “La patria perdida” (2)  ganó el Premio al Mejor Guión en la Mostra de Valencia.

Serbia, 1996. Mientras se suceden las manifestaciones estudiantiles contra el régimen de Milosevic – fundador del Partido Socialista de Serbia,  Presidente de Serbia de 1989 a 1997, y de la República Federal de Yugoeslavia de julio de 1997 a octubre de 2000- Stefan, de 15 años, efectúa  a su manera su propia revolución, consistente en aceptar lo inaceptable, incluido el papel de su madre, Marklena –el nombre es una contracción  fantasiosa  de Marx y Lenin-,  portavoz del régimen autoritario  en el poder,  encargada de leer los comunicados en radio y televisión y cómplice de los crímenes cometidos, quien ejerce sobre el chico una enorme fascinación, que alimenta su lealtad.  

 

A Stefan – que lleva una sudadera en la que está escrito Yugoeslavia, el nombre de un país que ya no existe- le gusta visitar a sus abuelos, que viven en el campo lejos de la agitación de Belgrado, añorando los tiempos en que Tito presidía una nación, destinada a desmembrarse.

 

La juventud que esta película de iniciación y aprendizaje retrata se mueve en la enorme tensión emocional de los meses que siguieron a las elecciones municipales de 1996, anuladas por sospechas de fraude del Partido Socialista en el poder. Las importantes manifestaciones, sobre todo de estudiantes, que siguieron a los comicios, fueron brutalmente reprimidas por el régimen de Milosevic, utilizando todos los medios que tenía para aplastarlas.

“Somos –explica el realizador Vladimir Perisic- responsables de nuestros actos, no de los de nuestros padres. Sigue existiendo siempre un conflicto entre el amor parental y nuestro propio imperativo ético” 

(1) En 2001, el Tribunal Penal Internacional (TPI) para la antigua Yugoslavia pidió la detención de Milosevic quien, tras una resistencia que se prolongó durante dos días, aceptó el 1 de abril una entrega pactada; fue trasladado a La Haya para responder de crímenes de guerra, contra la humanidad y genocidio durante la guerra de Yugoslavia.

El 11 de marzo de 2006 Milosevic apareció muerto en su celda, en el centro de detención del TPI de Scheveningen, en La Haya. El informe oficial estimó que falleció por causas naturales –padecía del corazón-, exactamente tres días antes de que reanudara el juicio

(2) “La patria perdida” se estrena en Madrid este viernes, 14 de junio de 2024.

 

 

Rusia : acusan de espionaje al periodista estadounidense Evan Gershkovich


Las autoridades judiciales rusas anunciaron ayer, 13 de junio de 2024, que un tribunal de la ciudad  de Ekaterinburgo, va a juzgar al periodista estadounidense Evan Gershkovich, hijo de emigrantes rusos instalados en New Jersey, reportero del Wall Street Journal y encarcelado en Rusia desde hace más de un año acusado de “recoger informaciones secretas” por cuenta de la CIA. No se conoce la fecha de inicio del proceso; en caso de declararle culpable, a Evan Gershkovich podrían condenarle a una pena de hasta veinte años de cárcel.

Según fuentes del canal internacional Euronews, tanto el periodista, como el medio donde trabaja y el gobierno de Estados Unidos, niegan las acusaciones y denuncian que la justicia rusa no ha presentado ninguna prueba que las confirme.

En un comunicado, la oficina del fiscal general ruso, confirma la acusación y precisa que está fundada en un reportaje que Evan GershkovichIl realizó, en marzo de 2023, sobre  Uralvagonzavod, un complejo de la región de Sverdlovsk dedicado a la producción y reparación de equipamiento militar.  

Aludiendo a un eventual intercambio de presos, el presidente ruso Vladimir Putin declaró la semana pasada a la agencia Associated Press que existe la posibilidad de llegar a algún acuerdo con Estados Unidos una vez que se conozca la sentencia, dando a entender que Evan Gershkovich podría quedar en libertad  a cambio de la entrega de un ciudadano ruso que se encuentra encarcelado en Alemania.

Euronews recuerda que Evan Gershkovich –quien habla perfectamente ruso, y  reside en Rusia desde 2017-  es el primer periodista estadounidense detenido en Rusia acusado de espionaje desde 1986 y la detención de Nicholas Daniloff , en el momento álgido de la guerra fría. Se encuentra internado en la prisión moscovita de Lefortovo, un famoso establecimiento de la época de los zares “utilizado durante las purgas de Stalin, cuando las ejecuciones se llevaban a cabo en el sótano”.

Tras la invasión militar rusa de Ucrania, las autoridades rusas han detenido a varios ciudadanos estadounidenses, y de otros países occidentales confirmado las recientes manifestaciones efectuadas por la embajadora estadounidense en Moscú, Lynne Tracy, quien ha visitado con frecuencia Gershkovich en la cárcel-  en el sentido de que “Rusia está utilizando a ciudadanos de Estados Unidos como peones para conseguir objetivos políticos”.

Otros casos

En los primeros días de este mes de junio, un tribunal de la ciudad de Kazan ha prolongado, hasta el próximo 5 agosto al menos la prisión preventiva de la periodista ruso-estadounidense Alsu Kurmasheva, detenida desde el 18 de octubre de 2023 por no registrarse como “agente del extranjero” a su llegada a la capital rusa.

La periodista, de 47 años y  reportera de Radio Free Europe/ Radio Liberty (RFE/RL, emisora financiada por el Congreso de Estados Unidos),  quien reside habitualmente en Praga (capital de la República checa) con su marido y dos hijas, había viajado a Rusia el 20 de mayo de 2023 por una “urgencia familiar” y está acusada también, según la emisora, de difundir “informaciones falsas”, por lo que podrían condenarla hasta quince años de cárcel.  

Por otra parte, el pasado 7 de junio de 2024 el tribunal Zamoskvoretski de Moscú dictó prisión preventiva para el francés Laurent Vinatier, de 47 años, casado, con cuatro hijos y residente en Moscú,  trabajador de una ONG suiza especializada en la resolución de conflictos, acusándole de buscar informaciones sobre el ejército ruso.  El presidente francés, Emmanuel Macron, ha pedido su libertad inmediata ya que « la propaganda que Moscú ha difundido sobre él no corresponde a la realidad ».  

En la vista contra Laurent Vinatier –en la que se excusó por la falta cometida- el único cargo que se mencionó fue no haberse registrado como « agente del extranjero », lo que podría suponerle una condena de cinco años de cárcel. El abogado de la defensa  aseguró que su cliente “no conocía la obligación de registrarse”. La condena de prisión preventiva en residencia vigilada tiene que cumplirla en Moscú, en el domicilio de su esposa.

 

jueves, 13 de junio de 2024

“Sombras del pasado”, un thriller policiaco que se parece a otros muchos


 
“Sombras del pasado” (Sleeping Gods), el debut como director del escritor y productor británico Adam Cooper, guionista de éxitos de taquilla como “Exodus: Dioses y reyes, La serie Divergente: Leal, o “Assassin’s Creed”, está basado en la novela “El libro de” los espejos”, del escritor rumano Eugene Chirovici.

 

La película sigue al expolicía Roy Freeman, interpretado por Russell Crowe (“Gladiator”, “Robín de los bosques”, “El exorcista del Vaticano”), quien ha aceptado someterse a un tratamiento vanguardista contra el Alzheimer, al mismo tiempo  que se reabre un antiguo caso de asesinato por el que condenaron a la última pena a un hombre negro,  que no ha dejado de declararse inocente.


La verdad y la mentira se confunden en esta película, dando origen a un rompecabezas que busca una solución a contrarreloj. Además del actor neozelandés, figran en el reparto Karen Gillan (“Guardianes de la Galaxia”, “Vengadores: Endgame”), Tommy Flanagan (“Sons of Anarchy”, “Gladiator”) y Marton Csokas (“The Equalizer”, “Sin City”).

 

Expulsado del cuerpo de policía a causa de su alcoholismo, el exdetective de homicidios Roy Freeman (Rusell Crowe, envejecido, con barba blanca y la cabeza afeitada, con lo que se asemeja a papá Noel) padece Alzheimer  pero está siguiendo un tratamiento experimental (a juzgar por el casco de vendas que cubre su cabeza, debe ser algo con electrodos), cuando le contacta un detenido condenado a muerte, quien le asegura no tener nada que ver con el caso del brutal asesinato de un profesor universitario, que Freeman investigó en su día, y del que no recuerda nada.

 Freeman se ha quedado sin recuerdos y es solo la sombra del que fue. Su vida se rige por las innumerables pegatinas que, en su casa, le recuerdan el nombre, la edad, las fechas importantes, lo que debe comer y como calentarlo e incluso le marcan el camino para llegar hasta el baño.

Acosado por las dudas y porque su médico le ha aconsejado mantener el cerebro activo a base de juegos, acertijos y puzles, el antiguo policía decide volver sobre el caso.

Como Freeman no tienen ningún recuerdo anterior, a veces ni siquiera sabe quien es, la llamada del condenado despierta su curiosidad, que aumenta cuando se entera de que fueron él, y su compañero de entonces (Tommy Flanagan), quienes consiguieron una confesión del acusado que lleva más de una década encerrado. Poco a poco Freeman va recuperando porciones de recuerdos hasta que comprende que seguramente estuvo más implicado de lo que creía; los secretos que van desvelando viejos fantasmas le ponen frente a una verdad que le aterroriza.

A pesar de los esfuerzos del realizador por sacar todo el partido posible a esta historia –que se parece a tantas otras vistas anteriormente- el resultado es una película torpe que recurre a todos los tópicos conocidos, entre ellos las prolongadas escenas de flashback que van introduciendo elementos que “los espectadores serán capaces de ir juntando mucho antes de que llegue la revelación final”.

Quizá la curiosidad mayor sea ver trabajando de nuevo juntos a Rusell Crowe y Tommy Flanagan, veinte años después de que protagonizaran “Gladiator”.

(1) “Sombras del pasado” se estrena en Madrid mañana, viernes, 14 de junio de 2024. 

“Green Border”, una voz de la conciencia polaca

“Agnieszka Holland cuenta, en blanco y negro, el martirio de los migrantes, la generosidad de algunos desconocidos que intentan ayudarles, el inmundo cinismo del sistema. Se sale de la prueba sacudido, desencajado (…) El cine, en este caso, es el arma de la rebelión” (L’Obs)


Siguiendo con su trayectoria de buenas películas militantes y humanistas, la veterana cineasta polaca Agnieszka Holland (“Europa, Europa”, “Amarga cosecha”, “In Darkness”) ofrece una realista mirada en blanco y negro de la crisis de las migraciones de Europa del este, las discriminaciones y las barbaries que asolan el mundo. Nacida en Varsovia en 1948, Agnieszka Holland plantea siempre cuestiones existenciales, especialmente sobre el futuro de esta Europa que cada vez se atrinchera más.

 En el caso que nos ocupa, “Green Border”, película que hace el número dieciocho de su trayectoria profesional, Premio del Jurado en el Festival de Venecia,  es un una película que retrata, de manera tan excelente como sofocante, la época que nos ha tocado vivir.

Green Border”  “nos abre los ojos, habla al corazón y nos desafía a reflexionar sobre las decisiones morales que recaen todos los días en la gente común y corriente”. Es una película muy dura, a imagen y semejanza de lo que sucede cada día en  la Green Border, la frontera entre Polonia y Bielorrusia.

En el bosque entre Polonia y Bielorrusia, uno de los últimos bosques primitivos de Europa a la vez que monumental y traicionero, los refugiados de Oriente Medio y África que intentan llegar a la Unión Europea (UE) acaban atrapados en una crisis geopolítica, cínicamente diseñada por el dictador bielorruso Alexander Loukachenko. En un intento de provocar a Europa, los refugiados son atraídos a la frontera mediante una propaganda que promete un paso fácil a la UE.

Marionetas en esta guerra oculta, se cruzan las vidas de Julia, una activista recién reclutada que ha renunciado a su confortable vida, el joven guardia fronterizo Jan  y una familia siria, emigrante clandestina que pretende reunirse con un pariente en Suecia.

 Las autoridades aislaron a los medios de comunicación y a toda la ayuda humanitaria y médica. Muchos polacos estuvieron de acuerdo con estos métodos, y la Unión Europea tampoco protestó, satisfecha de que el problema se estuviera solucionando sin su implicación. La película de Agnieszka Holland alerta sobre la suerte de los migrantes atrapados “en una barbarie que recuerda la lógica concentracionario nazi” (Critikat) Pero, ante el sufrimiento y el miedo de personas inocentes,  una gran parte de la población local y de los jóvenes activistas reaccionaron con humanidad, decidiendo que había que ayudar a esas personas.

“Green Border” –que habla de injusticia pero también de solidaridad-  es la historia de esos sucesos, una obra de ficción que no inventa nada y que comienza en octubre de 2021, en el momento álgido de la crisis, cuando miles de migrantes, procedentes de Africa y Oriente Medio, afluían diariamente a la frontera polaco-bielorrusa.

“Green Border » es un fresco coral sobre un sistema podrido desde lo más alto, en el que el dictador Loukachenko, inamovible en Bielorrusia desde 1994, instrumentaliza la migración enviando a niños, mujeres y hombres a penetrar en Polonia, o lo que es igual en la Unión Europea y el espacio Schengen; y los militares polacos ven a los migrantes que atraviesan su frontera como provocaciones que les envía su vecino y enemigo.

 

Un vecino que también se dedica a mostrar los efectos de su llegada sobre el terreno: personas desplazadas continuamente de una frontera a otra, abandonadas en los bosques hostiles y pantanosos de Podlaquia, una tierra de nadie entre dos muros de alambres de espino que vigilan guardias fronterizos y militares armados de perro y porras…

 

Una situación terrorífica  que destina al anonimato a las personas que llegan hasta allí arrastrando una historia que no parece interesar a nadie, rehenes de importantes retos políticos que no tienen nada que ver con ellos.

 

En su estreno en Polonia “Green Border” (1) ha levantado ampollas. A los dirigentes polacos, que se encuentran desde hace años entre los más reaccionarios, cuando no ultraderechistas de toda Europa, les ha escocido el retrato que su directora hace uno de los aspectos más sangrantes de la realidad del país: “Un panfleto vergonzoso y de mal gusto”, según el cabeza de lista del partido nacionalista Derecho y Justicia, Jaroslaw Kaczynski. Equiparable a la propaganda nazi, para el Ministro de Justicia , Zbigniew Ziobro. 

 

No es la primera vez que Agnieszka Holland desafía el conservadurismo de su país y se convierte en el blanco de las quejas y los ataques del staff político: “A la deshumanización de los refugiados, (Agnieszka Holland) opone la cuestión de la complejidad de la acogida, el ‘delito de solidaridad’ –en Francia se han pronunciado condenas en su nombre- y la diferencia entre legalidad y equidad. Humanizar para no banalizar la violencia y los incesantes rechazos en la frontera” (L’Humanité)

 

 

(1) “Green Border” estará en la cartelera madrileña a partir del próximo viernes, 14 de junio de 2024.

miércoles, 12 de junio de 2024

"La bandera”, drama de generaciones que se entienden


La bandera”, comedia dramática dirigida por Martín Cuervo (“Todos lo hacen”, “Con quién viajas” - https://aqui.madrid/con-quien-viajas-o-la-aventura-de-compartir-coche/), y protagonizada por Imanol Arias (‘Cuéntame como pasó’), Ana Fernández (‘Las chicas del cable’), Aitor Luna (‘La catedral del mar’) y Miquel Fernández (‘Mamá o papá’), es una historia  de crítica social basada en la obra  “Al damunt dels nostres cants”, original del dramaturgo Guillem Clua, quien firma el guion de la película. 

 

Un padre, dos hijos, una chica y una cena. La historia transcurre durante una velada familiar, Tomás, un impecable Imanol Arias, ha pedido a sus hijos –Jesús y Antonio, un empresario que tiene negocios inmobiliarios con los chinos, y un bohemio y supuesto escultor- que acudan a una cena, en la que va a obsequiarles con un  arroz con conejo, porque tiene una importante noticia. También les acompaña en la mesa Lina, oficialmente biógrafa de Tomás, quien parece divertirse retrasando el momento de dar la anunciada noticia, mientras los hijos –que discuten continuamente como es habitual entre hermanos con trayectorias muy diversas- esperan que Tomás les comunique que padece algún tipo de enfermedad terminal.

 

De pronto, uno de los hijos descubre que en jardín hay un mástil con una bandera enorme, que no veremos en ningún momento,  en torno a la cual se producen una serie de discusiones sobre la supuesta herencia, que parece preocupar mucho a los chicos.

 

Muy teatral –toda la acción transcurre entre el salín y el comedor del chalet donde vive este padre, que se intuye acomodado, con alguna salida al pedazo de jardín que rodea el imponente mástil- , “La bandera” es una película sobre generaciones llena de esos  tiempos muertos  que los franceses llaman “non dits”, cosas que no se dicen y que, justamente porque son solo silencios dan lugar a equívocos, malos entendidos y complicaciones. A ese capítulo pertenecen las fantasías que Tomás cuenta a la biógrafa sobre las personalidades que asegura conocer, lo mismo que la costumbre de desaparecer disfrazándose.  

(1) “La bandera” se puede ver en los cines de Madrid a partir del viernes 14 de junio de 2024. 

Françoise Hardy : cómo decirte adiós

Portada de uno de sus primeros discos

Banda sonora de mi adolescencia, Françoise Hardy ha fallecido a los ochenta años este martes, 11 de junio de 2024. Ha sido su hijo, el músico Thomas Dutronc, quien ha comunicado el fallecimiento de la más melancólica de las cantantes  yé-yés  con un lacónico « Mamá se ha ido » en las redes sociales.  

 

Ferviente defensora de “la muerte digna”, desde hace varios años reclamando a gritos una eutanasia, que no acaba de aprobar la Asamblea Nacional francesa, para el cáncer que padecía desde 2004 –transformado en una pesadilla de metástasis que había silenciado su voz definitivamente mucho antes de que su cuerpo dejara de responder-, François Hardy, la imagen icónica de la chica francesa longilínea de flequillo,  melena castaña y rasgos bellísimos –“la novia que todos queríamos”, me decía ya en el siglo veintiuno un circunspecto Román Reyes, catedrático de sociología-, una de las más internacionales representantes de la chanson française de los sesenta y setenta, conoció el éxito a los dieciocho años con la composición propia “Tous les garçons et les filles”, a la que seguirían temas inolvidables como “Mon amie la rose”, “Le temps de l’amour” o “Comment te dire adieu”(esta última escrita por Serge Gainsbourg en 1968, el año de todos los posibles), hasta el último álbum titulado “Personne d’autre”, editado en 2018 como el número veintiocho de una larga carrera y que , como toda su extensa obra, está “ impregnado de las sensaciones  de una vida conyugal” muy atípica, iniciada en 1981  con el compositor e intérprete Jacques Dutronc cuando el hijo de ambos, Thomas, había cumplido  ocho años.

 

Nacida en París en enero de 1944, hija de madre soltera y un padre miembro de la Resistencia y embarcado en otro matrimonio, que no la reconocería hasta muchos años después, “frágil y tímida” soñaba, en la casa del distrito nueve parisino donde creció e inventaba canciones con los tres acordes de guitarra que conocía, con “grabar un disco, lo que me parecía imposible”.

A los diecisiete años firmó su primer contrato con el sello Vogue (que ya contaba con la figura emergente de Johnny Hallyday), grabando el primer 45 revoluciones con la versión de una canción estadounidense y dos títulos más uno de los cuales, “Tous les garçons et les filles”, fue la canción que le ascendió a la categoría de cabeza de cartel, interpretada en una pausa televisiva del programa que daba cuenta del resultado del referéndum que en octubre de 1962 establecía la elección del Presidente de la República francesa por sufragio universal. Había nacido un ídolo con todas las ventajas e inconvenientes habituales, incluido un « club de fans », institución que se consolidó en aquellos años como indispensable para todos los cantantes que tuvieran vocación de perdurar.

Françoise Hardy participó en el Festival de Eurovisión del año siguiente con la canción “L’amour s’en va”, representando al principado de Mónaco y quedando en quinto lugar, lo que le facilitó  saltar la frontera transalpina y el Canal de la Mancha con versiones de éxitos italianos, alemanes e ingleses,  llegando a entrar en las listas de hits británicos con recreaciones de canciones de los Beatles, un cuarteto formado por  cuatro amigos de Liverpool que también empezaba a abrirse paso en las emisoras de radio del continente europeo.

 

Tras perder un juicio contra el sello discográfico Vogue, que se quedó con los derechos de autor de todas las canciones producidas entre 1962 y 1967,  y fundar la productora Asparagus, François Hardy se unió sentimentalmente con Jacques Dutronc, a quien había conocido en Córcega. De lo que fue una apasionada relación nació en 1973 Thomas, un hombre joven que ha heredado rasgos físicos tanto de su padre como de su madre, y que hoy es uno de los compositores e intérpretes con más talento del panorama musical francés. La pareja se separó en 1991 sin llegar a divorciarse nunca.

Después de unos años en los que los discos de Françoise Hardy no conseguían las deseadas cuotas de mercado, el autor y compositor Michel Berger le facilitó un nuevo salto a la gloria con dos canciones, incluidas en el álbum “Message personnel”, que volvieron a situarla en los primeros puestos de las listas. 

 

Tras el álbum “Décalages”, Françoise Hardy empieza a componer para otros músicos y escribe libros sobre astrología, una disciplina que ha seguido cultivando. Con “Clair Obscur” gana el Gran Premio de la Sacem (sociedad de autores, compositores y editores). Es un álbum de versiones en el que su hijo le acompaña a la guitarra. En 2005 gana el título de Intérprete femenina del año con “Tant de belles choses” y más tarde recibe la Gran medalla de la Canción, un premio que entrega la Academia Francesa.

 

Con un cáncer del sistema línfático ( enfermedad de Hodgkin) diagnosticado, Françoise Hardy sigue sacando discos – “Paréntesis”, “La pluie sans parapluie”, “L’Amour fou”…- y escribe « Le désespoir des singes… et autres bagatelles », unas memorias en las que habla de su especial relación con Jacques Dutronc o de la eutanasia de su madre.

 

En 2015 se agrava su estado. En el hospital pasa por un coma artificial, una experiencia muy fuerte que cuenta en el libro « Un cadeau du ciel » y, pese a haber anunciado que abandonaba definitivamente la carrera musical, en marzo de 2018 publica el álbum “Personne d’autre” “un disco sombrío y luminoso a la vez” que, esta vez sí, es el último de sus trabajos.

 

Jacques y Thomas, exmarido e hijo, dedican a Françoise Hardy la gira de conciertos “Dutronc & Dutronc” que efectúan entre 2022 y 2023 –recogida en un álbum que incluye viejos temas del padre como “Et moi, et moi, et moi” o “L’opportuniste”, canción que confirma el lado más anarquista de su autor, acompañados de una colección de espléndidos videoclips-, al tiempo que confirman que la salud de Françoise ha alcanzado el estadio de “muy preocupante”, tal y como ella misma confió poco antes en el micrófono de RTL: “Mi vida se ha convertido en una pesadilla”. En ese momento había pasado ya por cuarenta y cinco radioterapias, había dejado de salivar y le fallaba la irrigación del cerebro.  

 

En abril de este año 2024, varias intérpretes de las últimas hornadas, entre ellas las figuras ascendentes de Clara Luciani y Zaho de Sagazan, le rindieron homenaje en el festival Printemps de Bourges, un acontecimiento anual dedicado a las músicas actuales al que François Hardy, quien había cumplido 0chenta años en febrero, no pudo acudir por encontrarse “muy cansada” y  desear “acabar pronto y de manera rápida (…) marcharme a la otra dimensión lo más, pronto, lo más rápido y lo menos dolorosamente posible”