“La misma broma sangrienta en bucle » (lapresse.ca)
El otoño, esa estación que la naturaleza colocó entre el verano y el invierno, más que nada para que fuéramos pasando dulcemente del calor al frío -aunque ahora haya perdido una gran parte de su estrategia- es propicio a los thriller.
Esa manera que tiene la oscuridad de ir ganando minutos
sirve de apropiada introducción a las historias de miedo, los cuentos de terror
junto a una chimenea encendida…Pero eso era antes, ahora las chimeneas con sus
falsos carbones, siempre encendidos por un fuego también falso, son solo un
decorado que nos saca de casa y nos dirige a los cines que son el refugio de
los auténticos relatos de horror y miedo.
Todo un idílico pueblo veraniego se vuelve loco cuando un misterioso
vendedor de helados que llegaba en un atractivo vehículo azul y blanco sirve a los niños azucarados cornetes desatando
una maldición que les convierte en sádicos asesinos, por lo que recomiendo
vivamente que no se le ocurra a nadie compartir la experiencia con un niño,
preadolescente o adolescente propiamente dicho. Tres amigos que logran escapar
a la condena, se proponen descubrir el origen del horror y detenerlo antes de
que el verano que se prometían se transforme en una pesadilla y todo el
vecindario sucumba al caos.
“Dulce sabor a muerte” (“Ice Cream Man”), la
propuestas del guionista, productor y director Eli Roth (“La cabaña sangrienta”,
Hostel”, “Black Friday”), mezcla humor negro y violencia extrema cuando los
niños empiezan a mostrar sádicos instintos asesinos y deseos de acabar con todos los adultos, una
situación de la que es culpable el señor que conduce la caravana de los
helados.
No hay nada que me aterrorice más que una
historia de asesinos protagonizada por niños. En “Dulce sabor a muerte” son Ari Millen, Charlie Zeltzer, Shiloh O'Reilly, Kiori
Mirza Waldman, Sarah Abbott y Benjamin Byron Davis, entre otros, quienes
interpretan esta decepcionante historia para amantes del horror gore, en la que
se suceden las escenas de matanzas sangrientas y los inocentes niños se divierten con los cadáveres como si fueran juguetes
que se pueden romper, torturar o tirar.
Los lectores disculparán que mi escaso sentido del humor me impida ser
más precisa, estoy segura de que les bastará saber que en « Dulce sabor a
muerte » (1) no hay nada prohibido para los pequeños zombis con la
barbilla cubierta de helado que van a acabar con la vida de padres, profesores
y vecinos, llenando la pantalla de sangre gratuita.
(1) Los irreductibles pueden ver “Dulce sabor a muerte” en los cines de Madrid
a partir del viernes 4 de septiembre de 2026.

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