jueves, 27 de marzo de 2014

El hijo del otro, una historia conocida



Este es uno de los temas cinematográficos recurrentes. La verdad es que suele dar mucho juego el asunto de los niños cambiados al nacer porque, a partir de la anécdota –que, con toda razón, muchas familias viven como una tragedia- se pueden explorar todo tipo de sentimientos y situaciones.

En El hijo del otro, filme dirigido por la francesa Lorraine Lévy que se estrena en los cines españoles el 28 de marzo de 2014, los sucesos tienen de fondo el, al parecer irresoluble, “conflicto palestino-israelí”, que es una fórmula aceptada en la diplomacia internacional para definir los más de sesenta años de invasión y ocupación israelí de los territorios palestinos. Lo que, en síntesis, da como resultado el cambio de un bebé judío por otro palestino.

Cuando se prepara para entrar en el ejército, el joven de Tel-Aviv Joseph descubre que no es hijo biológico de sus padres. Al nacer, en Haifa, fue intercambiado accidentalmente por Yacine, el bebé de una familia palestina que vive en los territorios ocupados de Cisjordania.

Cuando las familias conocen la verdad todos sus miembros –y muy especialmente los dos chicos- pasan por los habituales sentimientos de negación, rechazo, desesperación…La duda, la pérdida de identidad, los prejuicios de raza y religión se erigen como espinosa barrera en sus vidas, y todos van a intentar superarla a través de la comprensión, la amistad y la reconciliación en un pedazo de mundo dominado por el miedo y el odio. Después… priman la tolerancia y los buenos sentimientos para llegar a un final “casi feliz”.

Lo que funciona en comedia no marcha en drama, leo en la reseña de un crítico canadiense, recordando la película, también francesa, La vida es un largo río tranquilo, que en 1988 abordó en primicia el espinoso asunto de los hijos intercambiados en la maternidad (recuerdo que, este mismo invierno, hemos publicado aquí la reseña de un filme japonés con idéntico leit motiv: De tal padre tal hijo). No sé si es eso, o simplemente que a la manera en que esta historia llega a la pantalla le falta convicción y maestría, pero lo cierto es que está llena de tópicos (israelíes clase media acomodada, palestinos pobres) y mejores intenciones que resultados.

Entre otras cosas porque, además y como marcar bien que ninguno de los dos se encuentra en el lugar en que debería estar, los jóvenes del relato (tienen 18 años, debería llamarles adolescentes, pero ya se sabe que en situaciones extremas los niños maduran mucho más y mucho antes), son “como extraterrestres” que tiene poco que ver con los restantes miembros de sus respectivas familias.

En resumen, que claro que el mundo sería mejor si todos cayéramos en la cuenta de que la guerra es una inutilidad que solo causa dolor y nos esforzáramos por ser mejores y querer a nuestros vecinos. Pero que historias como la de esta película no van a contribuir a conseguirlo, sino más bien a crear mayor escepticismo en cuanto a la salida de ese conflicto enquistado en la historia.



martes, 25 de marzo de 2014

Enemy, el caos indescifrable como modelo



“El caos es un orden que todavía no se ha descifrado” (José Saramago)


No sé dónde, pero en algún sitio alguien inventó el axioma de que todos tenemos un doble en alguna parte. Algunos, como el protagonista de la película Enemy –que se estrena en España el 28 de marzo de 2014- tienen incluso la tentación de descubrir dónde está y llegar a conocerle.

Con esta premisa, y teniendo como base la novela El hombre duplicado (Alfaguara 2002), del inolvidable escritor portugués José Saramago, el director canadiense Denis Villeneuve (también inolvidable por Incendies, una de las mejores películas de los últimos años), ha construido una narración llena de pistas falsas, recovecos y rodeos que, en realidad no llevan a otra parte que el caos, ese lugar en que se confunden sueño, pesadilla y realidad nebulosa.

Siguiendo el consejo de un colega, Adam (Jake Gyllenhaal, que hace el papel de los dos protagonistas), un profesor de universidad más bien desganado, alquila una película en la que, en segundo plano, descubre a un actor que se le parece como una gota de agua a otra. Intrigado, busca los datos de su doble, acude a la agencia que le representa, la búsqueda acaba convirtiéndose en una obsesión hasta que finalmente los dos hombres se conocen; lo que tampoco supone el final de la pesadilla y podría terminar en tragedia.

Thriller psicológico, película más intrigante que de intriga, en la que juegan un papel importante las calles y algunos edificios de la gran ciudad que es Toronto (lo mismo que Manhattan en muchas producciones estadounidenses), que adquieren tintes enigmáticos y se convierten en metáforas y alegorías no siempre fácilmente comprensibles para el espectador; tampoco para el crítico. Denis Villeneuve ha creado un mundo que se parece mucho a una gran tela de araña, en la que van quedando atrapados los personajes.

Con continuas insinuaciones al espejismo del doble y a la teoría del caos (también conocida como efecto mariposa), el realizador Villeneuve aprovecha la confusión del juego escénico para rendir particulares homenajes a algunos colegas que le precedieron hurgando en el inconsciente de sus personajes, como el Kubrick de Eyes Wide Shut o el Polanski de Rosemary’s Baby; como en esta última, la idea de la madre (encarnada, por partida doble, por una Isabella Rosellini que parece arrancada de un filme de David Lynch, y la joven mujer embarazada del protagonista) tiene un peso considerable en Enemy, película ganadora de cinco premios en los Canadian Screen Awards y del Melies d’Argent en el último Festival de Sitges.



lunes, 24 de marzo de 2014

The Informant, el tráfico de drogas en Gibraltar



Las historias de confidentes son siempre muy tristes porque los confidentes son seres patéticos movidos por la necesidad perentoria que se prestan poco al romanticismo y la ensoñación, siempre temerosos y siempre con un conflicto de conciencia porque nunca consiguen poner en consonancia sus actuaciones con la propia moral; de forma que son historias que nunca acaban bien: lo mejor que le puede pasar a un confidente es que solo le mientan o le traicionen (dicotomía que uno de los “malos” de la película The Informant explica muy bien), aunque lo habitual es que se deje la vida en el empeño. Por eso, los personajes literarios o cinematográficos de los confidentes son, como en la vida misma, tristes y patéticos condenados de entrada a engrosar el más que abultado capítulo de los perdedores.

Dirigida por el francés Julien Leclercq y basada en acontecimientos reales de la vida de Marc Fiévet, un expatriado francés infiltrado en un grupo de camellos de Gibraltar y confidente de la policía francesa de aduanas (cuyas autoridades, ministro incluido, finalmente no cumplieron las promesas efectuadas y le dejaron abandonado a su suerte, por lo que tuvo que cumplir diez años de cárcel), e interpretada por Gilles Lellouche (Cuenta atrás, en el confidente), Tahar Rahim (Un profeta, en el agente con corazón)  y Riccardo Scamarcio (A Roma con amor, en el papel de un capo mafioso modelo “antiguo”, de los que creen en la familia por encima de todo y pactan vender a todos sus colegas al FBI a cambio de impunidad), la película The Informant –que en otros países se ha titulado Gibraltar- se estrena en los cines españoles el 28 de marzo de 2014.

Para intentar resolver sus problemas económicos, Marc Duval, francés residente en Gibraltar, consiente en denunciar las operaciones de tráfico de drogas que se cierran en la sala de billar del bar que regenta en el Peñón. Para esconder su actividad colabora con algunos traficantes hasta conseguir ganarse la confianza de un peligroso narcotraficante que trabaja con los carteles colombianos y, como tenía que ocurrir, termina encontrándose atrapado entre la policía francesa de aduanas y los narcos, poniendo en peligro a su familia…

Lo que estaba destinado a ser «un thriller trepidante» ha resultado ser una película más bien débil, torpe, sin garra, que no ahonda en el problema del inmenso tráfico de droga que circula diariamente por Gibraltar, que no ofrece el suspense que necesita una historia del género y que tampoco consigue el propósito de convertir al protagonista en actor y víctima de un sistema de corrupción institucionalizado, que el auténtico “informant”, Marc Fiévet, denunciaba en su libro L’Aviseur (“el avisador” que es como se conoce a ese tipo de confidentes en el lenguaje de las aduanas internacionales).