sábado, 26 de octubre de 2019

“Secretos de Estado” de Gavin Hood, la gran mentira de la guerra de Irak


Estábamos en 2003. En plena paranoia, los mandatarios de Estados Unidos e Inglaterra querían intervenir en Irak a cualquier precio (recuerdo a los lectores que José María Aznar también quiso protagonizar  aquella invasión y para ello se fotografió con Bush y Blair en el momento de  asegurar la existencia de armas de destrucción masiva en el Irak de Sadam Hussein, una de las mayores “fake news” de este siglo). Katharine Gun, empleada en el servicio de inteligencia británico, recibió un correo confidencial de la NSA (Agencia Nacional de Seguridad estadounidense), en la que instaban a Gran Bretaña a conseguir información comprometida de cinco miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, para chantajearles y obligarles a votar a favor de la intervención en Irak. La chica tomó la arriesgada decisión de filtrar el correo a la prensa para impedir la guerra. Acusada de infringir la ley de Secretos Oficiales, puso en peligro su libertad, su matrimonio e incluso su vida.

Protagonizada por Keira Knightley ( “Begin Again”, “La duquesa”), Matt Smith (Terminator Génesis), Matthew Goode (Un hombre soltero, Retorno a Brideshead), Rhys Ifans (Snowden, Serena) y Ralph Fiennes ( El gran hotel Budapest, Harry Potter y las Reliquias de la Muerte), la película “Secretos de estado” (Official Secrets), dirigida por Gavin Hood (“Espías desde el cielo”, “El juego de Ender”, “Eye in the sky”), está basada en hechos reales y  narra la historia de Katharine Gun, una traductora de chino mandarín del Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno Británico (GCHQ,  y el escándalo en el que se vio envuelta por filtrar los trapos sucios del mandato de Tony Blair para forzar la intervención en Irak.
El juicio de Katharine Gun tuvo lugar en 2004 y salió absuelta “por falta de pruebas”. La realidad es que las autoridades británicas decidieron enseguida abandonar los cargos contra ella, para evitar que se conocieran los sucios manejos que habían llevado a aquella guerra ilegal e injusta, de la que aún no se ha recuperado el pueblo iraquí.
Casada con un kurdo de Turquía para evitarle la deportación, Katharine Gun no militaba en ningún partido ni asociación, ni se había manifestado nunca como defensora de la paz mundial; sin embargo, a causa de un correo que le indignó se convirtió en la heroína de un suceso de repercusión internacional, un papel que la actriz Keira Knightley interpreta “con la seguridad y la elegancia habituales” (comentarista británico dixit).
El valor de Katharine Gun es el centro de esta historia que enseguida se convierte en algo parecido a “Todos los hombres del presidente”, cuando en un parking subterráneo entrega un pendrive con el correo de marras a un periodista del semanario The Observer. Después,  de su defensa se ocuparía un gabinete de abogados especialistas en violaciones de derechos humanos.

Katharine Gun no logró cambiar el curso de la historia pero tampoco lo pretendía. Adoptando una decisión valiente e ingenua pensó que podría frenar los acontecimientos; pero la “coalición” declaró una guerra vergonzante. Desde 2011 vive en en Turquía, con su marido y su hija. En el estreno de la película en Londres confesó ante la prensa que,  le había costado  aceptar lo que pasó: “Cada vez que intentaba contarlo aumentaba mi nivel de stress”, y lamentó que « a pesar de todo, George Bush y Tony Blair hayan conseguido restaurar su imagen. Quizá la película pueda contrbuir a corregirlo ». Para el realizador, Gavin Hood, « no debería haber rehabilitación posible para dos líderes que han tenido que admitir que toda aquella historia de las armas de destrucción masiva era pura invención, una manipulación y una mentira”.  

“Secretos de Estado” pasa a engrosar la lista de excelentes producciones que han venido a despertarnos la memoria contando, de distintas maneras, esas fuerzas oscuras que mueven “la razón de Estado”, algo que con tanta frecuencia no es más que una sinrazón muy difícil de explicar.



miércoles, 23 de octubre de 2019

Plácido Domingo desaparece del cartel de “Los Rodríguez y el más allá”


En la comedia de humor “Los Rodríguez y el más allá”, dirigida por Paco Arango y cuyo estreno está previsto para el próximo 31 de octubre de 2019, el tenor Plácido Domingo hace una colaboración especial interpretando el papel de un abuelo extraterrestre.
En el último capítulo de las repercusiones que están teniendo las acusaciones de acoso sexual, formuladas por nueve mujeres del mundo de la ópera contra el divo, la distribuidora de la película, que su realizador promociona diciendo que es “para toda la familia,  para toda la familia, ha retirado la imagen de Domingo que figuraba en el cartel inicial; en el poster definitivo, que se ha dado a conocer hoy ha desaparecido su cabeza que aparecía en el ángulo superior derecho
En días pasados, el tenor anunciaba su dimisión como director general de la Opera de Los Angeles, que él mismo fundó en 2003: ”Mientras continúo mi trabajo para limpiar mi nombre, he decidido que es en el mejor interés de LA Opera que dimita como su director general y que deje mis actuaciones futuras”, explica en un comunicado.
Esta decisión se ha sumado a las que hace unos meses adoptaron la Orquesta de Filadelfia, la Ópera de San Francisco y la Ópera de Dallas cancelando sus actuaciones previstas para este otoño. Asimismo, Domingo se retiró de la ópera “Macbeth” un día antes de su estreno en el Metropolitan Opera House (MET) de Nueva York.
La película “Los Rodríguez y el más allá”, interpretada por Edu Soto, Mariana Treviño, Geraldine Chaplin, Santiago Segura, Rossy de Palma y Macarena Gómez,  trata sobre una familia que un día descubre que su difunto abuelo procedía de otro planeta. Parte de la recaudación irá destinada a  la lucha contra el cáncer.

martes, 22 de octubre de 2019

“Tan cerca, tan lejos” de Cédric Klapisch: la soledad de la gran ciudad


Protagonizada por François Civil (“Amor a segunda vista”) y Ana Girardot (“Nuestra vida en la Borgoña”) y dirigida por Cédric Klapisch (“Una casa de locos”, “Las muñecas rusas”), la película “Tan cerca, tan lejos” (Deux moi) cuenta la historia de dos soledades en la gran ciudad en la era hiperconectada en que vivimos

Rémy y Mélanie tienen treinta años,  viven en el mismo distrito de París y ambos van de cabeza a la depresión. Ella acude a múltiples citas concertadas en las redes sociales, todas fallidas, mientras que  él no consigue  conectar con nadie. Se cruzan todos los días, casi se tocan, pero no se ven, no se conocen y no sabemos si llegarán a conocerse algún día. Todo les acerca (el barrio) y todo les separa (el vértigo, el trabajo, los transportes…). En el horizonte, la esperanza de que en algún momento se vean, se reconozcan, y vivan una hermosa historia de amor.

En la era de la hiperconexión resulta difícil que la sociedad admita a los depresivos, los solitarios y los que manifiestan explícitamente su “necesidad de amor”. Por eso, ambos se ponen en manos de profesionales del psicoanálisis. Entre elogio y burla de la terapia psicoanalítica, la  película “Tan cerca, tan lejos” aborda estos temas con bastante optimismo, destacando la necesidad de introspección, de que cada cual se enfrente a sí mismo y llegue a quererse, sin dejar de admitir la necesidad de querer a otros, de tener relaciones con otras personas, de llevar una “vida normal” con las pequeñas cosas cotidianas que le dan sentido.  La lectura política del guión podría ser ¿cómo se vive en el neocapitalismo?

En realidad, “Tan cerca, tan lejos” es la historia de lo que precede al inicio de un proyecto en común, lo que vulgarmente llamamos relación amorosa, interpretada con inteligencia y sensibilidad por dos actores que ponen rostro a unos jóvenes treintañeros solos y  perdidos en la gran capital, en este caso París y un barrio burgués y snob; dos actores que entienden el juego de emociones que se espera de ellos.

Comedia romántica sobre la nueva sociedad que, pese a que todo parece preparado para conectarnos a todos con todos aunque no queramos, en realidad está dando origen a cada vez más almas solitarias, una sociedad de colgados de Internet y desconectados de la vida. Nuevas relaciones  sociales, nuevas formas de seducción, ya no sirven los códigos de hace unas décadas, las conexiones en la ciudad se han convertido en un laberinto.



sábado, 19 de octubre de 2019

“Retrato de una mujer en llamas”, en la prehistoria de la liberación delas mujeres


"Retrato de una mujer en llamas", cuarto largometraje de la cineasta francesa Céline Sciamma (“Girlhood”,  “Tomboy”, “Naissance des pieuvres”), premio al Mejor Guión en el último Festival de Cannes, cuenta con dos aplaudidas protagonistas,  Adèle Haenel  (“La fille inconnue”, “120 pulsaciones por minuto”) y Noémie Merlant (“Los herederos”, “La fiesta de las madres”).


Estamos en los finales del siglo XVIII. Marianne  (Noémie Merlant) es una pintora con talento contratada para hacer un retrato de  Héloïse (Adèle Haenel) destinado a ser enviado al pretendiente que, en Milán, espera el momento de casarse con ella. Marianne tiene que pintar el cuadro de Héloïse sin que ella lo sepa, porque no está de acuerdo con los planes que le tiene preparados su madre,  para lo que tendrá que hacerse pasar por señorita de compañía y trabajar en el cuadro por la noche. Poco a poco, la relación entre las dos jóvenes se irá estrechando en una complicidad que se va a transformar en una delicada historia de amor condenada al fracaso.

Retrato de una época en la que la que funcionaba todavía la separación de las clases sociales, cuando las mujeres iniciaban con esfuerzo el camino de su liberación de la tutela masculina y familiar, “Retrato de una mujer en llamas”  es una emotiva película de época, magníficamente ambientada, sobre la condición femenina y la emancipación de la mujer, la amistad, el amor, el derecho al trabajo y a disponer del propio cuerpo, y el recurrente tema del pintor (en este caso pintora, lesbiana) y la modelo. Un delicado cuento  en el que priman los sentimientos.

La historia, que transcurre prácticamente en su totalidad en el interior de una gran mansión campestre y en un mundo casi sin hombres, un gineceo habitado por las dos jóvenes, una madre y una sirvienta, es un relato de iniciación, del nacimiento de  un amor emancipador, del que no se escatima ninguno de los aspectos emocionales o físicos: sensualidad, deseo, sexualidad y erotismo, y sobre todo miradas: son las miradas de las dos mujeres las que van marcando el tiempo de la historia. La directora no pierde la ocasión de, al hilo de la fábula romántica, irnos mostrando diferentes aspectos de la opresión patriarcal de la época: el matrimonio forzado, un aborto clandestino, los deberes y  las obligaciones de la clase y el género.

Ignoro si era la intención de la realizadora pero, en mi opinión, hay un exceso de simbolismo en una película de extremos: lo mismo puede gustar mucho (https://periodistas-es.com/estreno-en-francia-retrato-de-una-mujer-en-llamas-de-celine-sciamma-134638), que resultar interesante como un hermoso cuadro, aunque fría y ajena como es mi caso.



 




viernes, 18 de octubre de 2019

“La Moneda, 11 de septiembre”, crónica novelada de la pasión y muerte de Salvador Allende


El interminable barullo catalán de este año nos hizo pasar por alto que lo más trascendental ocurrido un 11 de septiembre relativamente cercano no ha sido la consabida Diada y sus reiteradas  proclamas independentistas, sino el golpe de estado que acabó con el Chile socialista de Salvador Allende, aquel 11 de septiembre de 1973.

A recordárnoslo, y a a reavivar los rescoldos de la nostalgia  de aquellos días en que una gran parte de la izquierda española- resistiendo contra los últimos bostezos de la dictadura franquista- vivió como propia la destrucción de una hermosa esperanza al otro lado del charco, ha venido el libro “La Moneda, 11 de septiembre”.

Su autor, el chileno Francisco Aguilera , que ni siquiera había nacido cuando el Presidente Allende se quitó la vida y que creció en la dictadura del tirano Pinochet, ha escrito una historia a caballo entre el ensayo, la ficción y la crónica, en la que cuatro personajes –uno se encontraba en el interior del Palacio de La Moneda y los demás en las inmediaciones- van escribiendo al alimón el relato de lo que vieron y vivieron  aquella mañana, cuando el invierno austral estaba a punto de dar paso a una primavera teñida  de sangre que se prolongó durante casi dieciséis interminables años de cruel dictadura.

Para el autor, Salvador Allende- médico, intelectual, fundador del Partido Socialista Chileno y masón, cuatro veces candidato a la presidencia del país- resistió hasta el final porque esperaba ganar. Difícil tarea cuando las distintas agencias de inteligencia estadounidenses habían incluido a Chile entre los objetivos de l ue luego sería la Operación, o el Plan Cóndor de eliminación de la “amenaza comunista” en todo el Cono Sur, para lo que entrenaron a 125.000 militares de América Latina y el Caribe.

No es un libro de historia aunque lo que cuenta son fragmentos de la historia, tampoco analiza las consecuencias del golpe ni menciona a más víctimas, se limita a los testimonios –de un soldado, un bombero, un policía y un camarero-, en  aquella mañana y aquel lugar preciso, lo que hace que sea un libro curioso e interesante.

 (Cuando acabo la lectura, como un reflejo  pienso en Víctor Jara y los demás presos del Estadio nacional, en los más de tres mil asesinados y desaparecidos, en los torturados de la DINA en las escuelas militares, y vuelvo al recuerdo doloroso de  lo que significó Salvador Allende, tal y como me lo contó hace ya muchos años Joan Garcés, ilustre valenciano doctor en Ciencias Políticas por la Sorbona y Premio Nobel Alternativo, asesor personal del presidente chileno y único superviviente de quienes vivieron junto a él aquel 11 de septiembre).

“La Moneda, 11 de septiembre”
Editorial Drácena
ISBN: 9788494906749
164 páginas, 14,20€

miércoles, 16 de octubre de 2019

«Comportarse como adultos» de Costa-Gavras, la verdad y toda la verdad del Grexit


La adaptación de las memorias de Yanis Varoufakis por Costa-Gavras crea un drama muy humano de un doloroso episodio de la historia europea reciente. Hay incluso un momento para la danza”.  (Tom Bond)

“Comportarse como adultos” (Adults in the room), largometraje que hace el número diecinueve de los realizados por el cineasta griego Costa Gavras –quien a los 86 años ha recibido en 2019 el   trofeo Jaeger-LeCoultre “Glory to the Filmmaker” en la Mostra de Venecia y  el Premio Donostia del Festival Internacional de Cine de San Sebastían, Zinemaldia, por toda su carrera- es una excelente representación de la tragedia griega de los tiempos modernos y una renovación del compromiso político y social que ha acompañado toda la carrera de su autor (“Zeta”, “Estado de Sitio”, “Missing”…). Una formidable requisitoria contra una Europa entregada a las lógicas financieras y mercantiles en la que no había lugar para la solidaridad y la compasión. 

Tras siete años de crisis, Grecia se encontraba al borde de la quiebra. Se celebraron elecciones en 2015 y casi como un milagro aparecieron dos hombres dispuestos a encarnar la esperanza de salvar al país. En su calidad de  Ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, elegido diputrado por la Coalición de la Izquierda  Radical Syriza liderada por Alexis Tsipras, llevó a cabo una guerra sin cuartel en reuniones públicas y secretas  con los representantes tradicionales del poder en la Unión Europea, la temible Troika, empeñados an aplicar un rescate a base de medidas de una brutal austeridad, en el momento en que todo un pueblo se estaba jugando su destino. Y, no menos importante, en ejercer todo tipo de presiones para separar al tadem Tsipras-Varoufakis, en el convencimiento de su divorcio dejaría al país a su merced.  Yanis Varoufakis ganó varias batallas, pero perdió la guerra. Alexis Tsipras siguió al frente de un país que todavía no ha conseguido recuperarse del todo.
 Para la película, Costa-Gavras se ha inspirado  en el libro homónimo de Yanis Varoufakis  (”Comportarse como adultos: mi batalla contra el establishment europeo”, Deusto Ediciones, 21.80 €), en el que refleja su lucha durante las negociaciones del rescate a Grecia en plena crisis del Euro. Un duro enfrentamiento que tuvo en ascuas a medio mundo, en el que Varoufakis representó las esperanzas de muchos ciudadanos europeos al infundir un cambio en el régimen político, financiero y económico europeo; sin duda el mayor desafío al que se ha enfrentado la Troika.

“Comportarse como adultos”, título sacado de una frase pronunciada por Christine Lagarde en una reunión, entonces directora general del Fondo Monetario Internacional, FMI, es el relato, sin maniqueísmo ni caricatura, de la dimensión trágica de aquellas renegociaciones de la deuda griega y las ayudas europeas –en las que los mandatarios de la UE se encontraron frente a un personaje una generación más joven e infinitamente más inteligente que todos ellos juntos- y de la relación entre los dos “salvadores”,  Varoufakis y Tsipras.
Entre los aciertos de este apasionante drama político europeo  hay que destacar el hecho de que todos los roles  están interpretados por actores de la misma nacionalidad que los personajes que protagonizaron aquel pulso entre el gigante, la Troika, de la Unión Europea y el enano que era una Grecia a la qu8e la corrupción de sus políticos había llevado al borde de la quiebra como estado. Christos Loulis, excelente en el Varoufakis del celuloide que se entrevista con ministros, jefes de gobierno, banqueros, presidentes de organismos internacionales, etc., es un héroe positivo, capaz de explicar  mejor que cualquier soflama política en qué consiste realmente esa Europa que tiene tanto poder sobre todos nosotros.

Los adultos de la sala a que hace referencia el título original – que tienen la misión de explicar que su intención era hacer lo mejor para Grecia y los griegos- son los personajes de un folletín palpitante, burócratas arrogantes, cabezotas y carentes de empatía, que nadaban con enorme habilidad en las procelosas aguas políticas y que encontraron en Varoufakis un inteligente y preparado contrincante que  hablaba de crisis humanitaria y se negaba a transigir.

En una última secuencia llena de genialidad y simbolismo, el realizador hace  que Tsipras – ya sin la muleta de  Varoufakis, perdedor frente a la Troika y obligado a firmar el memorándum del No-  se encuentre atrapado en la danza de esos adultos siempre tan protocolarios que  han ganado la partida y, perdida la formalidad habitual, se marcan una coreografía ritmada por lo conceptos nefastos de austeridad, crisis, deuda, rescate…Magistral como siempre Costa-Gavras.





lunes, 14 de octubre de 2019

“El asesino de los caprichos” de Gerardo Herrero, un thriller poco novedoso


Protagonizada por Maribel Verdú (“Ola de Crímenes”, El doble más 15) y Aura Garrido (“El Aviso”, “El silencio de la ciudad blanca”), junto a  Daniel Grao (“ Animales sin collar”), Roberto Álamo(“La gran familia española”), Ginés García Millán(“Matadero”), Antonio Velázquez (“Perdiendo el Norte”) y Ruth Gabriel (“Perdóname Señor”), “El asesino de los caprichos” es, en palabras de su director,  Gerardo Herrero (“La playa de los ahogados”, “Silencio en la nieve”),  una historia que mezcla el suspense con el mundo del arte, ya que se ven involucrados los dueños de los grabados del pintor Francisco de Goya con los asesinatos que se producen en el círculo de la alta burguesía, teniendo como telón de fondo los cuadros de “Los caprichos” de Goya”. Un thriller policiaco con guión de Ángela Armero, rodado en  Madrid, Pamplona y Bruselas.

Varios crímenes en un barrio de clase alta tienen algo en común: sus víctimas coleccionan grabados de Goya. Las inspectoras Carmen Cobos y Eva González iniciarán la investigación en un entorno elitista en el que el tráfico de obras de arte es habitual. Tendrán que descubrir a un asesino que reproduce con sus víctimas las escenas de los Caprichos de Goya.

Una vuelta de tuerca más al asunto del asesino en serie que busca una motivación para planear sus crímenes, en este caso de tipo artístico, y también una vez más esa clase de inspectora de policía desagradable, que está enfadada con el mundo y nos lo tiene que demostrar en cada plano.

Maribel Verdú borda el encargo sobreactuando desde el minuto uno de la película: es fumadora, o sea que encenderá un cigarrillo cada vez que asome por la pantalla; es un tanto alcohólica, así que llevará escondida en la ropa y el coche una petaca de la que beberá a morro continuamente; es borde, y lo demostrará en sus relaciones sexuales con compañeros y otros, y no digamos en el trato a sus subordinados. Es realmente insoportable.

Infinitamente mejor Aura Garrido, secundaria que merecía el papel estelar de este dejà vu.