martes, 4 de noviembre de 2014

Myanmar: quieren saber la verdad sobre la muerte del periodista Ko Aung Kyaw Naing



Muchos activistas están colgando en las redes sociales esta foto de Ko Aung Kyaw Naing @ Ko Par Gyi, pidiendo que se averigüe la verdad de lo ocurrido

Un millar de personas, encabezadas por algunos líderes estudiantiles del movimiento conocido como Generación 88, y militantes de otras 46 organizaciones, según el diario Mizzima-News, se manifestaron el 2 de noviembre de 2014 en la capital, Rangún Hall (Myanmar, antes Birmania), pidiendo la creación de una comisión que investigue la muerte del periodista independiente Ko Aung Kyaw Naing, quien firmaba sus trabajos como Ko Gyi Par, ocurrida según diversas fuentes en una comisaria mientras se encontraba detenido. Para los manifestantes se trata de un asesinato. Según Radio Free Asia, una veintena de manifestantes han sido detenidos, y se les acusa de no respetar el código penal.

Ko Aung Kyaw Naing desapareció el 30 de septiembre en el estado de Mon, mientras cubría un conflicto entre las fuerzas gubernamentales y los rebeldes de la minoría Karen (en conflicto permanente con la Junta Militar birmana desde 1948 hasta los acuerdos de paz de 2013). Un informe del Ministerio de Defensa, con fecha de 23 de octubre, asegura que Ko Aung Kyaw Naing resultó muerto el 4 de ese mes cuando forcejeaba con un soldado para arrebatarle el arma, al intentar escapar de la prisión; en el mismo informe se dice que el periodista era un agente de información del grupo de oposición DKBA – Democratic Karen Benevolent Army, extremo que han desmentido tanto la familia del periodista como los responsables Karen.

Sea como fuere, la policía no comunicó la muerte del periodista hasta pasadas tres semanas, anunciando que había sido enterrado. En una conferencia de prensa celebrada el 21 de octubre en Yangon, Ma Thandar, esposa de Ko Aung Kyaw Naing, manifestó que un cabo de la policía le había dicho que el cuerpo de su marido estaba cubierto de heridas. No cree la versión policial y teme que a su marido le hayan torturado por lo que pide la exhumación del cadáver y que se le practique la autopsia. El Consejo provisional de la prensa de Myanmar publicó el día 26 una declaración pidiendo a las autoridades que faciliten la investigación del caso y tomen medidas contra el personal del ejército en el Estado de Mon, sospechoso de haber asesinado al periodista.

Ko Aung Kyaw Naing , conocido por su alias Ko Par Gyi, había sido anteriormente guardaespaldas de Aung San Suu Kyi, Premio Nobel de la Paz 1991 y Premio Sajarov del Parlamento Europeo, secretaria general de la Liga por la Democracia, partido opuesto a la dictadura de la Junta Militar que ganó las después anuladas elecciones de 1990; estuvo durante 20 en residencia vigilada, sin poder salir de su domicilio.

“La Junta Militar está en el poder desde 1962, a pesar de las reformas democráticas llevadas a cabo en los últimos años. Ahora existe un gobierno civil, pero los militares continúan ejerciendo un poder y una influencia considerables sobre la burocracia”, dice el artículo de Global Voices. Min Ko Naing, uno de los líderes estudiantiles de Génération 88, piensa que al ejército se le ha dado demasiada autoridad sin pedirle nunca que rinda cuenta de sus acciones: "Hay un artículo de la Constitución –dijo durante la manifestación- que establece que cualquiera que pertenezca al ejército, del simple soldado al general, y cometa un delito, de cualquier especie, solo puede ser juzgado en un tribunal militar; lo que es un abuso manifiesto y prueba que tienen demasiado privilegios”.

Thant Sin, autor del artículo en Global Voices, termina: “En los tiempos en que no existía libertad de prensa, los activistas políticos eran los periodistas (1). Incluso la mujer de Ko Par Gyi estuvo condenada a cadena perpetua por escribir artículos políticos. Si ellos no hubieran arriesgado sus vidas, nunca habríamos conocido la verdad… se les debería proteger por habernos transmitido la verdad…Aunque ya no exista el Consejo de la Censura, la muerte de Ko Par Gyi viene a recordarnos tristemente las limitaciones que siguen existiendo en la libertad de los medios de comunicación, y en la democracia”.


(1)Recordemos en este punto la figura de Win Tin, periodista encarcelado durante 19 años, una de las grandes personalidades del movimiento democrático en Birmania, fallecido en Ragún el 21 de abril de 3014. Nacido en 1929, fue corresponsal de la Agencia France Press y fundador, en los años 1980, junto con Aung San Suu Kyi, del gran partido de oposición a la dictadura, la Liga Nacional para la Democracia. Fue encarcelado en 1989 y pasó casi veinte años en la tristemente célebre cárcel de Insein; en los primeros tiempos de detención le interrogaban hasta cinco veces al día, le pegaron, le torturaron, le dejaban sin comer, le tenían durante días con la cabeza tapada. A partir de 1996 estuvo internado en una celda individual, secreta, y solo podía ver a su familia una vez cada quince días, durante un cuarto de hora.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Qué es la fotografía, repaso sistemático a una mentira que se quiere verdad





El día que cumplió 50 años, Victoria pidió a sus amigos que se dejaran de bombones y flores y le regalaran una fotografía. Ahora, en la pared de un rincón de su casa tiene expuesta toda una galería de personas a las que quiere: marcos que encierran retratos de medio cuerpo, cabezas fijas de fotomatón, imágenes de grupo, incluso algún fotomontaje…Su regalo de aniversario se ha convertido en un homenaje al amor, la memoria y el tiempo de acuerdo con la definición sociocultural de la fotografía (“tecnología comunicativa que permite fijar ópticamente un fragmento del universo de un tiempo dado, para perpetuarlo bidimensionalmente a través del tiempo y del espacio y procurar a sus destinatarios una experiencia óptica vicarial relativa a una escena alejada en el tiempo y acaso en el espacio”) que el profesor Francisco Rodríguez Pastoriza(*) incluye en el libro “Qué es la fotografía”, historia breve y muy completa, manual casi enciclopédicoy memoradum de los principales nombres que ha dado el “octavo arte” en el siglo y medio que lleva de andadura.

Yo misma, durante el tiempo que duró mi entusiasmo por una espléndida Polaroid “tamaño casi natural” daba el alto en la puerta a todos los familiares y amigos que acudían a mi domicilio, que no pasaban hasta no haber posado para una instantánea (y nunca el nombre tuvo mejor aplicación); todas ellas, que van perdiendo la gracia y el color con el paso de los años, se encuentran encaramadas y dispersas por las estanterías que también albergan mis libros (especie, igualmente, de fotofijas de otros tiempos y otros espacios; de esas otras vidas que pudimos vivir).

¿Qué pretendemos al hacer (tomar, sacar, guardar…) una fotografía? Un imposible: apresar un instante; una quimera: fijar la realidad. Porque el instante, la realidad, no son estáticos, estaban ahí y han pasado, lo que queda en el cliché ya no existe igual que en la definición de Heráclito se establece la imposibilidad de bañarse dos veces en el mismo río.

El icónico Richard Avedon, para muchos el mejor fotógrafo de moda hasta la fecha, desmitificó definitivamente la fotografía el día que aseguró que “ninguna foto dice la verdad”, exactitud irrefutable aunque contestada en parte por un intelectual de la talla del filósofo y semiólogo Roland Barthes, para quien “aunque la imagen no es real, es el analogon perfecto de la realidad”. Joan Fontcuberta, entre los más celebrados fotógrafos catalanes actuales, considera que la fotografía supone una traición visual para el espectador porque hace pasar por verdadero lo que no es sino fruto de una convención. Así que las fotografías de los amigos no son pedazos de realidad colgados de nuestras paredes sino algo que se asemeja remotamente al recuerdo de una realidad irrepetible. Imposturas, en fin de cuentas.

Pero, en todo caso, todo esto es muy “antiguo” (en el sentido en que mi hijo, cuando todavía era casi un bebé, me decía “cuéntame cosas antiguas de cuando tu eras pequeña”; lo que resultaba ciertamente chocante teniendo en cuenta que apenas nos llevamos dos décadas); la segunda revolución industrial, la de la tecnología, ha hecho viejas, casi obsoletas, las fotos colgadas en paredes, pegadas en álbumes, guardadas celosamente en armarios, escondidas en cajas de zapatos…ahora las fotos están en los ordenadores, en los teléfonos móviles, en las tabletas, en los discos duros y los pen-drive, navegando por Internet o colgadas en la nube. ¿Esto es lo mismo que decir en ninguna parte más que en nuestros recuerdos?

Entre la llegada al mercado de la primera cámara fotográfica al alcance del ciudadano de a pie, la legendaria Kodak (¿queda alguien más que recuerde el “cajón Kodak” como un ansiado regalo de cumpleaños?), en los últimos años del siglo XIX, y los aparatos digitales de hoy –que han banalizado la fotografía poniéndola al alcance de todos, e incluso la han pervertido porque la técnica permite retocar, mejorar e incluso transformar la imagen inicial - hay poco más de un siglo y un larguísimo camino recorrido. También hay que precisar que detrás había varias décadas de trabajos que comenzaron en 1826 cuando Niépce(**) consiguió –con una piedra litografiada, betún y luz solar- lo que se considera las primeras fotografías de la historia.

Imagen fija en el tiempo y el espacio, pese a contar solamente con dos dimensiones, la fotografía es también muchas más cosas si tenemos en cuenta el aspecto sentimental (el más hondo), si valoramos lo que realmente nos impacta cuando nos situamos frente a la representación de algo conocido, vivido o simplemente sabido (aunque esto sería materia de tratado más sociopsicológico y probablemente menos pedagógico que el que nos ocupa).

“Desde la aparición de las Bellas Artes, la fotografía es el primer medio de reproducción de la realidad verdaderamente revolucionario”, asegura el autor de Qué es la fotografía, libro que se ocupa de “lo más relevante ocurrido en el universo fotográfico a lo largo de casi dos siglos: desde los primeros daguerrotipos y los pioneros, hasta los paparazzi o las tendencias actuales, pasando por el fotomontaje, la fotografía de moda, el retrato o la fotografía conceptual”. El tratamiento erudito y pedagógico del volumen incluye textos biográficos y sobre la obra de más de 200 fotógrafos, españoles y extranjeros, junto con explicaciones de los diferentes géneros y estilos; todo lo cual lo convierte en un volumen de consulta, y también un posible  texto para estudiantes, y de contemplación y lectura para aficionados. En este libro está casi todo lo que siempre quisimos saber sobre fotografía y muchas veces no supimos a quién preguntar, ni dónde buscar.

La historia de la fotografía que, si la medimos por su edad apenas acaba de comenzar, tiene ya algunos protagonistas que han venido para quedarse: fotografías que han dado la vuelta al mundo, se han publicado en todos los países, han pasado a integrar el imaginario colectivo y se reproducen sin cesar: estoy hablando de la imagen de Che Guevara con boina, la del pequeño John Kennedy Jr. en el entierro de su padre, Picasso con camiseta rayada en su estudio, la momia de Lenin, el miliciano republicano español inmortalizado por Robert Capa, el beso del marine en Times Square celebrando la victoria sobre Japón, como el de la pareja que pone el broche de oro a la liberación de París, en la misma guerra; el almuerzo de los obreros en la viga que sobrevuela el cielo de Nueva York, el museo de las calaveras del genocidio camboyano, las imágenes del holocausto judío, el abrazo de John Lennon y Yoko Ono que fue portada del semanario Rolling Stone; el testimonio gráfico de la mesa redonda de un programa radiofónico único, en la que participaron los tres grandes de la chanson, George Brassens, Jacques Brel y Léo Ferré; y los innumerables clichés (palabra que está a punto de desaparecer del lenguaje dada su pérdida de vigencia) firmados por artistas pluridisciplinarios como Man Ray, Robert Mapplethorpe o William Klein, y los españoles Martín Santos Yubero, Ramón Masats, Enrique Meneses… No están todos los que son pero son todos los que están: algunas de sus fotografías más emblemáticas aparecen también en el libro.

(*) Fracisco Rodríguez Pastoriza, periodista, compañero en Periodistas en español, más de veinte años haciendo Cultura en TVE y más de diez como adjunto a la Jefatura de esa área; profesor de Fotografía Informativa en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense (también imparte Comunicación e Información Audiovisual e Información Cultural). Es autor de los Libros Periodismo cultural (2006), Cultura y televisión. Una relación de conflicto (2003), La mirada en el cristal (2003) y Perversiones televisivas (1997). Colabora en diversas publicaciones diarias y semanales, tanto en prensa convencional como digital.

(**) Joseph Nicéphore Niépce, terrateniente francés, químico, litógrafo y científico aficionado inventor, junto a su hermano, de un motor para barcos y, con Louis Daguerre, el primer proceso fotográfico exitoso que se conoce.

Qué es la fotografía
Breve historia de los géneros, movimientos y grandes autores del arte fotográfico
Lunwerg Editores, Madris 2014
ISBN 9788416177066
376 páginas, 21,50€