lunes, 10 de junio de 2013

La epopeya de Gilgamesh contada a los niños: un libro sobre la amistad



“Gilgamesh y Enkidu han matado al toro celeste. Los dioses deciden entonces que Enkidu debe morir y en el momento de entregar su alma ve el reino de los muertos. Y descubre el desamparo de los difuntos a quienes no honran los vivos y por eso caen en el olvido...”

Al ver a los muertos, Enkidu comprende que el olvido es otra forma de muerte y que el recuerdo es la última manera que tienen los vivos de impedir que los difuntos desaparezcan para siempre. Entonces reúne las fuerzas que le quedan y le dice a su amigo: “No olvides a Enkidu”…

La Historia de Gilgamesh (La Epopeya de Gilgamesh, probablemente la obra literaria más antigua que se conoce) es un poema épico escrito en lengua acadia, en doce tablillas, alrededor de 1.750 años antes de nuestra Era. Descubierto en el siglo XIX, lo más interesante de esta historia es la amistad de Gilgamesh y Enkidu. “Un verdadero amigo es una compañero del alma”, dijo Gilgamesh en la Mesopotamia que habitó y repite ahora Yiyun Li, escritora estadounidense de origen chino traducida a más de veinte lenguas y ganadora del Guardian First Book Award, que es quien ha escrito la versión de la historia en esta edición de Anagrama, en la colección Scuola Holden-Save the Story (que edita libros, que como éste, “son una especie en vías de extinción”), destinada a los niños y magníficamente ilustrada por el italiano Marco Lorenzetti.

¿Es Gilgamesh un héroe literario o fue un personaje real? Con la pregunta siempre en el aire, el relato del rey de Uruk forma parte de la tradición de las leyendas transmitidas oralmente: no se sabe bien como llegó hasta el trono pero una vez instalado en él es un rey “atroz, tiránico, caprichoso, brutal, envidioso, arrogante, violento, inmoral…es una auténtica plaga para su pueblo aterrorizado”.

Los habitantes de Uruk piden a la diosa Aruru que fabrique un rival para Gigalmesh, alguien tan fuerte que pueda combatirle. Y así nace Enkidu, un gigante peludo como un oso que vive en la selva como un salvaje. Nacido para ser su rival, el destino de Enkidu es llegar a ser el mejor amigo de Gilgamesh. Juntos viajan hasta el bosque de cedros al final de la tierra (Líbano).

A su regreso, y por encargo de la despechada diosa Ishtar, su padre el dios Anu envía a un toro divino con el encargo de matar a Gilgamesh; Enkidu ayuda al rey de Uruk a matar al toro y poco después fallece en brazos de su amigo… Después de lo cual Gilgamesh toma conciencia de su condición humana y su propia mortalidad, y comprende que “la única inmortalidad posible es la de la fama conseguida mediante actuaciones para el bien común que puedan transmitirse a las generaciones siguientes”.

Cuento, leyenda, epopeya, recorrido iniciático, “historia eterna del hombre que busca el sentido de la vida”, la historia de Gilgamesh es un precioso relato que, lo mismo que Las mil y una noches, merece encontrarse debajo de la almohada en las camas de todos los adolescentes.



Traducción Daniel Najmías
ISBN 978-84-339-6124-2
104 páginas, 14.90 €

jueves, 6 de junio de 2013

Una ONG británica víctima de las sanciones económicas de Estados Unidos a Cuba



El Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha embargado los fondos que la organización no gubernamental británica Cuba Solidarity Campaign (CSC) tenía destinados a la compra de cien ejemplares del libro “The Economic War against Cuba. A Historical and Legal Perspective on the U.S. Blockade” -publicado en abril de 2013 por  Monthly Review Press, editorial que tiene su sede en Nueva York, y traducido al francés con el título “Etat de siège. Les sanctions économiques des Etats-Unis contre Cuba” (Editions Estrella, París 2011)- sobre las sanciones económicas a la isla,  del que es autor Salim Lamrani (1), según informa la agencia independiente Pressenza (International News Agency), sintetizando un artículo difundido por la brasileña Opera Mundi (2).

En abril de 2013, la organización Cuba Solidarity Campaign decidió comprar 100 ejemplares del libro para lo cual pidió a un banco inglés, el Co-operative, que pagar la factura mediante una transferencia bancaria a la cuenta que Monthly Review Press tiene en el Chase Bank. Sin embargo, la transferencia no se llevó a cabo. La Office of Foreign Assets Control (OFAC) (3), perteneciente al Departamento del Tesoro de Estados Unidos, decidió bloquear la cantidad destinada ser transferida al tiempo que pedía a la ONG que explicara detalladamente cuales eran sus relaciones con Cuba. Rob Miller, director de CSC, manifestaba públicamente su sorpresa: “Se utiliza una legislación extraterritorial sobre sanciones económicas para impedir en el reino unido la compra de un libro que expone la amplitud del bloqueo contra Cuba (…) Una vez más queda ilustrado con este ejemplo el carácter ridículo del bloqueo estadounidense que ahora intenta impedir que los lectores británicos puedan leer una obra publicada por una editorial norteamericana”.

No es la primera vez, explica el artículo de Pressenza, que Estados Unidos aplica de manera extraterritorial las sanciones contra Cuba. A título de ejemplo, cuando la empresa alemana Mercedes desea exportar sus coches a Estados Unidos tiene que demostrar al departamento del tesoro que no llevan ni un solo gramo de niquel cubano. Igualmente, si un pastelero francés quiere vender sus productos en el mercado estadounidense debe demostrar que no llevan ni un gramo de azúcar cubano. Las sanciones económicas contra Cuba no solo representan el principal freno al desarrollo del país sino que también son un obstáculo para las relaciones comerciales de la isla con el resto del mundo.

Respecto al libro en cuestión - The Economic War against Cuba. A Historical and Legal Perspective on the U.S. Blockade- traza una perspectiva histórica y jurídica de las sanciones económicas que estados Unidos viene aplicando a Cuba desde 1960 y evalúa su impacto en terrenos como el de la salud, que afectan gravemente a las categorías más vulnerables de la población cubana al impedirles acceder a medicamentos fabricados en territorio estadounidense.

La obra subraya el carácter anacrónico, cruel e ineficaz de un estado de sitio que data de la guerra fría y que afecta indiscriminadamente a todos los sectores de la sociedad, empezando por los más frágiles, y que es incapaz de alcanzar su objetivo: a saber, el derrocamiento del régimen cubano.

También recuerda que las sanciones contra Cuba cuentan con el rechazo de la mayoría de la comunidad internacional: por vigésimo primera vez consecutiva, 188 países votaron en 2012 contra el embargo económico, comercial y financiero. Además, según las últimas encuestas el 67% de la opinión pública estadounidense desea la normalización de relaciones con Cuba, entre otras cosas porque no entiende que pueda viajar a Vietnam o Corea del Norte, pero no a la isla caribeña.

Uno de los capítulos trata sobre el carácter extraterritorial de las sanciones económicas, que violan el derecho internacional, porque “una legislación nacional no puede aplicarse en un país tercero”. Por ejemplo, la ley francesa no puede aplicarse en España ni la ley argentina en Brasil. Sin embargo, la ley de sanciones económicas de Estados Unidos se aplica a todos los países del mundo, y de ello se encarga justamente la OFAC, oficina especial del Departamento del Tesoro.

(1) Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos por la Universidad París Sorbonne-Paris IV, profesor en la Universidad de la Reunión y periodista especializado en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.
(3) http://www.treasury.gov/about/organizational-structure/offices/Pages/Office-of-Foreign-Assets-Control.aspx

Convertir la basura en armonías

En Cateura, población de Paraguay, existe un vertedero donde nada es basura. Latas, trozos de cubiertos, botones, tubos, maderas viejas, candados y plásticos se transforman en increíbles instrumentos musicales que ayudan a promover la conciencia ambiental, el arte y la integración social.

Considerado como uno de los “basurales” más grandes del país, desde 2006 funciona allí la Orquesta de Instrumentos Reciclados, una agrupación de jóvenes y niños de escasos recursos que aprenden música y ofrecen conciertos gracias al reciclaje y a la reutilización de materiales de descarte.

Fundada por Favio Chávez, técnico ambiental y músico amateur, la orquesta que ha cambiadoo la vida de muchas familias ha ido creciendo hasta alcanzar notoriedad internacional y recorrer escenarios de distintas partes del mundo. Ahora han realizado un documental, contando la experiencia, titulado Landfill Harmonic, que se estrenará en 2014.

Favio Chávez cuenta que la orquesta no fue una idea de un momento, sino un proceso: “Inicialmente trabajé en el vertedero de Cateura en un proyecto, sobre segregación de residuos sólidos, con los recicladores que trabajan allí. Comencé como técnico ambiental pero como una estrategia de vinculación social con las familias de los trabajadores pensé en enseñar música a los niños. Ellos se reunían con sus padres a mediodía, llevándoles la comida, y después se quedaban a jugar por allí. Cuando empezamos a crear los instrumentos reciclados no teníamos una idea muy clara, ni tampoco pensábamos que se iba a formar una orquesta”.

¿Por qué con materiales reciclados?: “La carencia de recursos y la condición de esos chicos me obligó a pensar en ciertas estrategias para que todos tengan instrumentos o por lo menos que todos puedan lograr algún sonido y que no se vuelvan a las casas sin haber tocado algo. Al no poder acceder a instrumentos convencionales la idea fue hacerlos reciclados; de esta manera fue posible lo imposible, que niños pobres aprendan a tocar música sin preocuparse en un principio por el dinero”.

Los instrumentos los fabrica un adulto, un reciclador muy hábil en carpintería al que se le proporcionó una formación adecuada. La primera creación fue un violín, luego una guitarra, ambos con materiales muy diversos dado que esto lo hacíamos en el centro de acopio de residuos sólidos donde yo trabajaba. Los niños ayudaron a entregar todos los materiales reciclados para procesar, entonces se formó una fuente inagotable de materia prima. Con el tiempo también hemos conseguido algunos instrumentos formales ya sean prestados, arreglados o donados.

Han pasado seis años desde que comenzó el proyecto: “De los que comenzaron en 2006 sólo dos quedan alumnos; eran 20 y 18 quedaron en el camino, pero con el tiempo vinieron otros 18, es algo que se renueva. Cuando empezamos a tener notoriedad se acercaron otros niños. Ahora que estamos completos, ya comprometidos, ensayamos los miércoles por la mañana y damos conciertos en Paraguay. Tocamos cualquier estilo: clásico, contemporáneo, música de los Beatles o de películas. Yo me adapto a la capacidad de mis alumnos y de los instrumentos. Con eso mantenemos un repertorio estable. También hemos salido al extranjero, por ejemplo el año pasado estuvimos en Río de Janeiro en la Cumbre Río+20, fuimos a Panamá y en noviembre a Bogotá.

Llevan al escenario lo que otros tiran: “Una persona que vaya a escuchar un concierto nuestro va a encontrar en el escenario el sonido de la música más culta de una orquesta sinfónica con elementos que ellos mismos han tirado a la basura. Entonces estamos llevando al escenario el foco al problema de los residuos y el problema social que genera, por medio de estos niños que viven de esos materiales. Respecto a la calidad de vida de los niños, en estos seis años he visto muchos cambios. En un principio les costaba ver un horizonte, ahora ya proyectan su vida para mucho más adelante.

El cortometraje documental “Landfill harmonic” (La armonía del vertedero), protagonizado por la orquesta de instrumentos reciclados del vertedero Cateura, lleva ya varios meses inspirando a miles de personas en todo el mundo. En la semana, el video subido a internet, dirigido por la colombiana Juliana Penaranda-Loftus con producción ejecutiva de la paraguaya Alejandra Nash (residentes ambas en Estados Unidos), fue visto más de 400.000 veces. En poco más de una semana, la orquesta Cateura recibió más de 19.000 mensajes electrónico, incluyendo de uno de los músicos de la Orquesta Sinfónica de Londres:“Tenemos invitaciones para viajar, gente que quiere donar instrumentos”.

Ahora todos somos Turquía



La revuelta popular turca ya tiene sus dos primeros mártires tres, según algunas fuentes, que no precisan más acerca del tercero). En las primeras horas de la noche del domingo 2 de junio de 2013l, la Unión de Médicos turcos anunciaba la muerte de un joven en Estambul, arrollado por un coche que se lanzó contra la multitud concentrada. Al día siguiente, Abdullah Comert, de 22 años y miembro del movimiento de la juventud del Partido Republicano del Pueblo (CHP), fallecía en un hospital de la provincia de Hatay, en el sur del país cerca de la frontera siria, tras haber resultado “gravemente herido por los disparos efectuados por una persona no identificada”, según la información facilitada por el canal privado NTV, a partir de un comunicado del gobierno provincial.
También tiene ya su imagen de marca: se trata del vídeo de una joven vestida de rojo, a quien la policía rocía desde muy cerca con gases lacrimógenos. Para protegerse, los manifestantes turcos se colocan en la cara pañuelos impregnados con agua y vinagre.

En la mañana del miércoles 5 de junio, sexto día de las manifestaciones contra el primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan, se mantiene el clima de rebelión y tensión que ha ido creciendo a medida que se han sucedido los acontecimientos y se han ido sumando colectivos a las protestas,  simbolizadas en la concentración permanente en la Plaza Taksim de Estambul aunque en realidad la gente ha salido en masa  a las calles de Estambul y Ankara, donde la policía está utilizando cañones de agua y gases lacrimógenos contra los manifestantes,  y se está  manifestando en contra del gobierno muchas otras ciudades del país.

A lo que empezó siendo una concentración con tintes ecologistas en contra de la tala de 600 árboles centenarios en el parque Gezi de la capital, para dar paso a la construcción de un centro comercial, y se extendió posteriormente a la protesta de una sociedad que se quiere “civil y laica” en contra la recientemente promulgada Ley anti- alcohol, ahora ya es abiertamente una reivindicación “por el laicismo y en contra del autoritarismo” de un gobierno que propugna un modelo social islamo-conservador . A los gritos de “Turquía, rebélate” y “Todos unidos contra el fascismo”, y enarbolando imágenes de Atatürk, el padre de la patria fundador de la República laica, a los manifestantes que llevan seis días ocupando las calles y las plazas, y que se parecen más a los indignados de las primaveras árabes que a los del 15M, se han ido sumando políticos y partidos de la oposición, estudiantes, enseñantes, familias, jubilados y centrales sindicales que han convocado 48 horas de huelga “en solidaridad con los manifestantes” y en “contra del terror del Estado” (KESK, principal confederación sindical del sector público)…

A los muertos hay que sumar los más de 2.000 heridos en las cargas policiales en Estambul y Ankara, los 14 periodistas agredidos, y algunos heridos, hasta el momento y las 25 personas detenidas en Izmir (oeste) por haber enviado por Twitter “información engañosa y difamatoria”, según informa la agencia independiente Anatolia (según los partidos de la oposición lo que habían hecho era un llamamiento por la red social a manifestarse).  El portavoz del gobierno evalúa los heridos en 64 manifestantes y 244 policías.

La página digital Librered, que recoge informaciones aparecidas en distintos medios de comunicación, dice que “para poder analizar con mayor profundidad la reciente revuelta popular en las calles de ciudades como Estambul o Ankara, habría que poner la lupa en las políticas socioeconómicas que el Ejecutivo viene desarrollando durante estos últimos años. El Gobierno de Erdoganperteneciente al Partido Justicia y Desarrollo (AKP), irrumpe en el poder en el año 2002 en un contexto de crisis económica (crisis financiera de 2001) donde acuerda un programa de medidas de claro corte neoliberal con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que pasan por la privatización del sector público, reformas laborales y drásticos recortes sociales. Un año después de llegar al Gobierno, en 2003, se abre el camino a la privatización de la empresa pública de telecomunicaciones Turk Telekom . Al año siguiente se ponen a la venta compañías de licor, fábricas de acero y Aerolíneas Turcas …En 2007 se da luz verde a la privatización de la compañía pública de tabacos de Turquía, Tekel . En 2008 es el turno de la red eléctrica, con la venta de dos compañías de distribución en Ankara y Sakarya-Kocaeli . Ese mismo año se anuncia la venta del banco de propiedad estatal Halkbank y la privatización del 15 por ciento de las acciones de Turk Telekom. En 2009, el Gobierno aprueba una legislación para otorgar el agua de los ríos, los lagos y los estanques a las corporaciones privadas. Esto significa que los recursos hídricos pueden transferirse a corporaciones, que hasta el momento sólo controlaban los servicios de distribución. Debido a esto, la Confederación de los sindicatos campesinos turcos, Çiftçi-Sen, junto con más de 100 otras fuerzas de oposición social que defienden el reconocimiento del derecho al agua, forman una plataforma llamada “No a la comercialización del agua” y se manifiestan masivamente el 15 de marzo de 2009 en Estambul, en el marco del Foro Mundial del Agua . En 2011, el Gobierno de Erdogan inicia las negociaciones para la privatización de 2.000 kilómetros de autopistas y puentes del país. De esta manera el Ejecutivo turco pretende ceder al capital privado hasta nueve carreteras de peaje y dos puentes sobre el Bósforo, vías de comunicación muy importantes en el área de Estambul.

A través de la llamada “Administración de Privatizaciones” (OIB por sus siglas en turco), Erdogan busca tirar adelante un paquete de privatizaciones en el país que incluye el textil, la minería, el petróleo, la alimentación o el transporte marítimo, entre otros. En febrero de ese mismo año, 10.000 personas se manifiestan en el centro de Ankara en rechazo a la reforma laboral del Gobierno, que entre otras medidas, incluye la reducción del salario mínimo para los jóvenes, la posibilidad de traslado de los funcionarios y la contratación de empleados sin seguro social.

Las directrices neoliberales aplicadas durante estos últimos años han generado un aumento de la desigualdad social en el país. Según la revista Forbes, en Estambul, capital financiera de Turquía, había un total de 35 multimillonarios en marzo de 2008 (en comparación con 25 en 2007), situándose en el puesto 4º en el mundo. Un informe para empresarios interesados en invertir en Turquía elaborado por el banco español Banesto asegura que “el país está marcado por la existencia de fuertes desigualdades de rentas”. Muchos empleados en Turquía no cobran más del salario mínimo de unos 570 dólares y el ingreso per cápita es casi la mitad que los ingresos medios europeos” (www.librered.net).

"No creo que estemos asistiendo a una crisis del régimen turco (versión feliz de islam más democracia), ha dicho el analista francés Didier Billion, directoir adjunto del Instituto de relaciones Internacionales y estratégicas (Iris). Lo que vemos estos días no es una contestación del modelo democrático a la turca sino una protesta por las derivas autoritarias y los patinazos liberticidas que se constatan en el país desde hace dos años”. Embriagado por sus éxitos económicos y electorales (Turquía forma parte del G20 y registra un crecimiento envidiable), el muy conservador Erdogan, ex alcalde de Estambul e islamista acreditado, intenta crear un “clima moral en la vida política del país” a base de ir royendo poco a poco “los sacrosantos principios del laicismo instaurados por el fundador de la República turca, Mustafá Kemal Atatürk”. Entre esos nuevos principios que definen a Ertdogan está la muy impopular Ley anti-alcohol, aprobada a finales de 2012 y algunos megaproyectos de construcciones faraónicas, que cuentan con férrea oposición popular, como un tercer puente sobre el Bósforo, dos centrales nucleares y un nuevo aeropuerto en la región de Estambul. Para el director de la agencia Anatolia, Alí Kazancigil, “la sociedad está harta del estilo poder que ejerce Erdogan. El AKP llegó al poder presentándose como un partido liberal y con una agenda de democratización. Pero desde hace un par de años Erdogan decide todo solo, no consulta a nadie, no escucha a nadie… Está borracho de poder…animado porque no existe ninguna oposición creíble frente a él”. Tan borracho de poder que en estos días se ha atrevido a decir a un jefe de filas de la oposición: “Si usted consigue juntar cien mil personas en la Plaza Taskim yo movilizaré a un millón”.

Con el movimiento ciudadano en marcha y los manifestantes aparcados día y noche en la plaza, la mayoría de los analistas internacionales interpretan que estamos asistiendo a una “seria advertencia” de la población turca a su gobierno; una advertencia que de momento el jefe del gobierno no tiene ninguna intención de considerar, ni siquiera cuando los desacuerdos llegan de su propio partido como cuando, el sábado 1 de junio, el Presidente de la república, Abdullah Gül, denunció la desproporción “de la brutalidad policial contra los manifestantes”.

Es difícil adivinar que va a ocurrir en los próximos días en Turquía. Si se siguen sumando colectivos, si al final el ejército (desde hace casi un siglo defensor de la República laica) da un paso adelante y se coloca junto a los manifestantes, lo que no parece muy probable todavía, el movimiento de rebelión iniciado en contra de la tala de árboles en el céntrico parque Gezi podría dar un salto cualitativo y transformarse en revuelta, e incluso en revolución. Pero también puede ocurrir que Erdogan “recupere” la protesta (no sería la primera vez), de marcha atrás en algunas de sus intenciones y Turquía vuelva a ser ese país extraño que quiere, al mismo tiempo, convertirse en occidental (y olvidar que tiene un pie en Asia), incorporarse a Europa y conservar las tradiciones religiosas que solo defiende una parte de sus habitantes.

Reproducimos a continuación los artículos publicados en el digital mexicano Desinformémonos por dos ciudadanos turcos, que están en contra del gobierno y viviendo la rebelión desde dentro.

El inicio del fin de una era en Turquía
A las manifestaciones de Estambul, que iniciaron con el rechazo al derribo de árboles en un parque, se unió una excepcional multitud de ciudadanos. Pero lo más importante está por venir.

Todos somos Turquía
A mis amigos de otros países:
Hemos respirado gas lacrimógeno en Estambul desde el viernes 31 de mayo, ya que la policía roció toneladas de gas y agua y disparó pistolas de gas contra los manifestantes. La gente es golpeada en las piernas, la espalda y la cabeza. El sábado 1 de junio por la tarde, multitudes en Izmir, Ankara y otras ciudades también chocaron con la policía.
Centenares de personas son atendidas en los hospitales, pero la gente de la ciudad abrió sus casas, oficinas y restaurantes para curar a los heridos –aunque la policía también persiguió a quienes protestaban dentro de los edificios para gasearlos y golpearlos.
En Ankara, los tweets y dos muy valientes canales de televisión reportaron el uso de balas de goma por parte de la policía. Se dice que las heridas son graves. Nos mantenemos en comunicación (principalmente a través de las redes sociales) para saber qué está pasando.
En Estambul, las multitudes tomaron la plaza Taksim del sábado por la tarde después de ser gaseadas un día entero. La policía se retiró, pero hubo una tensa calma porque los manifestantes eran atacados en otros barrios por todo Estambul, principalmente en Beşiktas.
El primer ministro declaró que no se echará atrás en sus planes de transformar todo lo que haya bajo el sol en centros comerciales y residencias para las clases altas.
Parece que existe una tensión entre el presidente y el primer ministro, ya que se dice que el primero es muy cercano a la secta Gülen. Liderado por Fethullah Gülen, este grupo religioso con una fachada moderna controla parte de los medios de comunicación y posee escuelas por todo el mundo, incluyendo los Estados Unidos. El presidente Abdullah Gül llamó a la calma y criticó la violencia de la policía, pero da la impresión de que el primer ministro Recep Tayyip Erdoğan convirtió esto en una batalla de voluntades, ya que en una llamativo discurso demagógico que dio el sábado declaró que los manifestantes eran un puñado de “provocadores” que están preparando el terreno para un nuevo golpe de Estado contra su gobierno civil y democrático.
De hecho, el número de banderas turcas en el parque Gezi el sábado fue preocupantemente alto. Es una coalición curiosa. Los fanáticos kemalistas-nacionalistas de ayer hoy ocupan los mismos parques que los kurdos, la izquierda, los anarquistas y los grupos LGBTT (lesbianas, gays, bisexuales, transexuales y transgénero).
También los fans del fútbol fueron fundamentales en la victoria del parque Gezi. Hay tres equipos de fútbol en Estambul, cuyos seguidores combatieron a la policía a lo largo del día. Cuando están en su estadio, actúan como hooligans, pero mucha gente admite que ellos saben cómo pelear y no temen a la policía. Cómo todo esto se combinará en un manifiesto significativo contra el gobierno todavía es incierto.
Así que las cosas están bastantes ambiguas y, en cualquier caso, la batalla no se detuvo más que en Taksim. Esto no es una protesta para salvar árboles. El gobierno ha ido demasiado lejos. El parque Gezi fue la gota que derramó el vaso, pero hemos aguantado muchas otras cosas en los últimos meses: arrestos de kurdos y activistas bajo cargos absurdos; cambios curriculares en las escuelas para imponer cursos de religión a los niños; intentos de prohibir el aborto; el bombardeo a civiles kurdos en el cruce de la frontera turco-iraquí (al confundirlos con la guerrilla); el estira y afloja con Siria; la bomba misteriosa que mató a cincuenta personas en Reyhanlı en la frontera siria; intentos de limitar el consumo de alcohol; proyectos gigantescos para cambiar la cara entera de Estambul; poner al tercer puente de Bosphoros el nombre de un sultán otomano que casi aniquiló a la población aleví (la principal secta musulmana no sunita en Turquía); y por último, el proyecto del parque Gezi.
Mientras tanto, los kurdos reunieron a 500 intelectuales turcos, periodistas y líderes de la sociedad civil en Ankara el fin de semana anterior para delinear un plan alternativo de paz. El cómo la gente comenzó a tomar control de sus vidas, y comenzó a confesar sus crímenes cara a cara y unos a otros (por ejemplo, los kurdos participaron en el genocidio armenio, y los grupos LGBTT son denigrados por la izquierda marxista) fue, de hecho, muy impresionante. Trazaron demandas concretas para imponer su voluntad sobre la visión de paz reduccionista del gobierno.
En resumen: esto puede ser el inicio del fin de una era. Una parte de la población siente la necesidad de derribar a este gobierno, pero lo que vendrá en su lugar es la pregunta más importante hoy.
Zeynep Gambetti

(Zeynep Gambetti es profesora asociada de Teoría Política en la Universidad Bogazici, en Estambul e integrante del Consejo Editorial de Desinformémonos.
3 de junio 20131- http://desinformemonos.org/2013/06/todossomosturquia/)

El derecho de vivir en paz
Sumandef Hakkinda/Bloguero
A mis amigos que viven fuera de Turquía:
Les escribo para que sepan lo que pasa en Estambul los últimos cinco días. Tengo que escribir esto personalmente porque la mayoría de los medios de comunicación están silenciados por el gobierno, el boca a boca y el internet son los únicos modos que nos dejaron para explicarnos a nosotros mismos y para pedir ayuda y apoyo.
Hace cuatro días (escribo esto el 1 de junio) un grupo de personas que no pertenecen a ninguna organización en específico o a una ideología se juntaron en el parque Gezi de Estambul. Entre ellos estuvieron muchos de mis amigos y estudiantes. Su motivación era simple: denunciar y protestar por la próxima demolición del parque para para construir otro centro comercial en pleno centro de la ciudad. Hay muchos centros comerciales en Estambul, ¡por lo menos uno en cada vecindario! Se supone que el derribamiento de los árboles iniciaría el jueves por la mañana. La gente fue al parque con sus cobijas, libros e hijos. Instalaron sus tiendas de campaña y pasaron la noche bajo los árboles. Temprano por la mañana, cuando los bulldozers comenzaron a arrancar a los centenarios árboles, se pararon frente a ellos para frenar la operación.
No hicieron otra cosa más que pararse enfrente de las máquinas.
No hubo periódicos ni canales de televisión para reportear la protesta. Hubo un completo silencio de los medios, pero la policía llegó con tanques para disparar agua y espray pimienta. Expulsaron a la multitud del parque.
Para la tarde, el número de manifestantes se multiplicó. También lo hizo el número de policías alrededor del parque. Mientras tanto, el gobierno local de Estambul cerró los caminos que llevan a la plaza Taksim, donde está el parque Gezi. El metro fue cerrado, los trenes se cancelaron y los caminos fueron bloqueados. Aun así, mucha gente más llegó al centro de la ciudad caminando.
Vinieron de todo Estambul. Vinieron de todos los sustratos, de diferentes ideologías, de diversas religiones. Todos juntos para detener la demolición de algo más grande que el parque:
El derecho a vivir como ciudadanos honorables en este país.
Se juntaron y marcharon. La policía los confrontó con gas pimienta y gases lacrimógenos, y dirigió los tanques contra la gente que, a cambio, les ofrecía comida. Dos jóvenes fueron atropellados por los tanques y murieron. Otra joven, amiga mía, fue golpeada en la cabeza por una lata de gas; la policía los disparó directamente contra la multitud. Después de una cirugía de más de tres horas, ella sigue en terapia intensiva en una condición muy crítica. Mientras escribo esto, todavía no sabemos si se salvará. Este texto está dedicado a ella.
Estas personas son mis amigos. Son mis estudiantes, mis familiares. No tienen una “agenda oculta”, como le gusta decir al Estado. Su agenda está ahí afuera, y es muy clara. El gobierno está vendiendo el país entero a las empresas, para que construyan centros comerciales, condominios de lujo, autopistas y plantas nucleares. El gobierno busca (y crea, si es necesario) cualquier excusa para atacar a Siria contra los deseos de los habitantes.
Y los que es más grave: el control del gobierno sobre las vidas personales de la gente se ha hecho insoportable en los últimos tiempos. El Estado, bajo su agenda conservadora, aprobó muchas leyes y regulaciones acerca del aborto, las cesáreas, la venta y el uso de alcohol y hasta el color del lápiz labial que usan las sobrecargos de aviación.
La gente que marchó hacia el centro de Estambul demanda su derecho a vivir libremente y recibir justicia, protección y respeto del Estado. Exigen estar involucrados en las decisiones que influyen sobre la ciudad en la que viven.
Lo que recibieron en vez de eso fue fuerza desproporcionada y una gran cantidad de gas lacrimógeno disparado directo contra sus rostros. Tres personas perdieron los ojos.
Aun así, siguen marchando. Cientos de miles se les unieron. Miles más atravesaron el puente Bosporus a pie para apoyar a la gente de plaza Taksim.
No hubo periódicos ni canales de televisión para reportear los eventos. Estuvieron ocupados cubriendo las noticias sobre Miss Turquía y “el gato más extraño del mundo”.
La policía siguió cargando contra le gente y rociándolos con gas pimienta, en grado tal que gatos y perros murieron envenenados.
Las escuelas, hospitales y hasta los hoteles cinco estrellas alrededor de la plaza Taksim abrieron sus puertas a los heridos. Los doctores llenaron los salones de clases y los cuartos de hotel para dar primeros auxilios. Algunos policías se negaron a atacar a la gente inocente con el gas lacrimógeno y abandonaron sus puestos. Alrededor de la plaza se colocaron jammers para evitar la conexión a internet, y las redes 3G fueron bloqueadas. Los residentes y dueños de negocios del área proporcionaron internet gratuito a la gente en las calles; los restaurantes ofrecieron comida y agua gratis.
La gente en Ankara e İzmir se reunió en las calles para apoyar la resistencia en Estambul. Los principales medios de comunicación siguieron mostrando a Miss Turquía y al “gato más raro del mundo”.
***
Estoy escribiendo esta carta para que ustedes sepan lo que está sucediendo en Estambul. Los medios de comunicación no les van a contar nada de esto. Al menos, no en mi país. Por favor, publiquen tantos artículos como puedan en internet y difúndanlo por el mundo.
Sumandef Hakkinda
(Bloguero)

Inch’Allah, la mirada de una extranjera sobre una guerra fratricida



Inch’ Allah, película dirigida por la escritora y documentalista canadiense (Quebec) Anaïs Barbeau-Lavalette, llega a las pantallas españolas el 7 de junio de 2013 tras ganar el premio FIPRESCI y la mención especial del Jurado Ecuménico dentro de la Sección Panorama de la Berlinale 2013.

No es un argumento muy original, ya hemos visto otras historias sobre personas que en el conflicto palestino-israelí, y en otras guerras de Oriente Medio (ejemplo: Incendies, también canadiense) tienen un pie en cada lado, y de héroes/heroínas de la pantalla que encuentran grandes dificultades para entender y hacer suya una realidad que no les pertenece; esa guerra personal contra las certezas acumuladas en una vida anterior es siempre muy estimulante para los creadores.

En este caso, hay que reconocer que el tema está tratado con mucha sensibilidad y tiene algunas escenas muy logradas. Pese a ello, muchos de los momentos de la historia me han parecido “artificiales”, debido probablemente a lo extremadamente difícil que resulta “conectar” con el rostro de la protagonista –encarnada por la actriz canadiense Evelyne Brochu (Café de Flore)- casi carente de registros dramáticos. En realidad, los protagonistas son en gran medida los ojos de Chloe, casi permanentemente abiertos en un gesto entre la sorpresa y espanto, que a fuerza de repetirse acaban perdiendo la intensidad deseada. Junto a ella una excelente Sabrina Ouazani (La fuente de las mujeres, De Dioses y Hombres) y Sivan Levy (Joe & Belle, Invisible).

Hay viajes que nos remueven por dentro y nos transforman. Para Chloe, joven tocóloga canadiense que se ocupa de mujeres embarazadas, bajo la supervisión del médico francés Michael, en el ambulatorio improvisado en un campo de refugiados de Cisjordania, el viaje a la zona en conflicto significa un revulsivo para sus sentimientos. Chloe tiene que enfrentarse a diario a los controles y las intromisiones israelíes que afectan a la vida de las personas que ha conocido al otro lado de la frontera: Rand, paciente por la que Chloe siente un profundo afecto; Faysal, hermano mayor de Rand, fervoroso resistente; Safi, hermano pequeño de ambos, un niño destruido por la guerra que sueña con cruzar las fronteras volando, y Ava, joven soldado y vecina de Chloe en su piso de Israel. La mayoría de los israelíes con los que se cruza llevan uniforme militar; la mayoría de los palestinos son “víctimas” que solo disponen de la lucha para hacerse oír. El encuentro con la guerra en los dos lados lleva a Chloe a una intensa aventura profundamente personal, solidaria con ambas partes, que no conseguimos leer del todo en su mirada.

La autora de la película ha puesto un enorme interés en no elegir campo, limitándose a seguir las oscilantes peripecias de la protagonista, cuya mirada perpetuamente fija no consigue transmitir bien los cambios que sin duda se van produciendo en lo más hondo de los sentimientos de la joven, desplazada a una realidad que antes le era ajena.


miércoles, 5 de junio de 2013

De la crisis a la revolución democrática: manual de reflexión sobre un estado de excepción permanente



A contracorriente de lo que a diario reiteran desde el plasma los poderes establecidos y repiten en bucle los “editócratas” voceros del cuarto y el quinto poder, Manolo Monereo (*), mucho más humilde pero no menos ambicioso en sus pretensiones, no pretende estar descubriendo las Américas cuando dice que “estamos en un cambio de época para peor” y que “el pasado no volverá” por más que lo añoremos. Lo afirma en el libro de reciente aparición “De la crisis a la revolución democrática”, edición de El Viejo Topo, prólogo de Julio Anguita y epílogo de Miguel Riera, lo que nos proporciona el placer de leer a tres pensadores que han atravesado ya dos siglos, lo que no implica necesariamente la coincidencia pero tampoco impide el elogio sincero.

Descendiente de Lenin, Marx, Gramsci y Manuel Sacristán, materialista dialéctico y también altermundialista, activista siempre desde sus años de estudiante de derecho y políticas en Andalucía (doctorado con una tesis sobre Che Guevara), Manolo Monereo ha recogido en este libro 13 escritos, publicados entre 2008 y 2013 en la revista El Viejo Topo y el digital Rebelión, centrados todos, de una manera u otra, en la grave crisis sistémica del capitalismo y las políticas aplicadas a modo de cura, que no se creen ni ellos, por los gobiernos neoliberales. Crisis que ya en 2008 Monereo definía como “cambio de época” cuando apuntaba que la globalización “no es otra cosa que una respuesta política y de clase que erosiona el Estado-nación y devalúa la democracia y la soberanía popular, y un proyecto para definir el nuevo capitalismo a nivel internacional”.

Desde que el Muro de Berlín “se cayera para ambos lados” (Anguita, prólogo) hasta este fin de fiesta, “fin del mundo feliz de la globalización” de ahora mismo, las crisis se han ido sucediendo y convergiendo hasta llegar a la actual, “quizás la más grave de las más de cien crisis financieras de los últimos veinte años”, según el recuento que hace Susan George que Monereo recoge y define: “Vivimos una triple crisis, de régimen, de Estado y de la política democrática, en un contexto de crisis orgánica del capitalismo español y ante un sufrimiento humano de enormes dimensiones”, lo que nos ha llevado a “un estado de excepción que se está convirtiendo en permanente… en el que se reduce la autonomía del Estado, las políticas económicas responden abiertamente a los intereses del capital y los derechos sindicales, laborales y sociales de los asalariados son cuestionados por las constricciones sistémicas –paro y precariedad- y por las estrategias de gestión puestas en práctica por el gobierno y la patronal”.

Para llegar hasta aquí, el neoliberalismo ha ido trazando concienzudamente el camino, ganando batallas sin perder de vista el objetivo final de la guerra, entre otras la cultural que ha supuesto “la desaparición de una parte importante del imaginario colectivo de las clases trabajadoras” y populares y la implantación del pensamiento único que poco a poco ha ido sustituyendo el deseo “y la factibilidad de una sociedad alternativa al modo de producir, consumir y vivir del capitalismo”.

Las actuales políticas preconizadas por la troika y puestas en práctica por los gobiernos de la eurozona demuestran que para la crisis no hay salida económica, sino política, partiendo de la evidencia de que no solo se trata de una crisis capitalista sino “de la crisis de una entera civilización… cuyo aspecto más relevante es la inaudita acumulación de ‘crisis en la crisis’, es decir, una crisis económico-financiera que abre una crisis geopolítica y en las relaciones internacionales, que profundiza al límite la crisis ecológico-social del planeta y, sobre todo, una crisis del ‘occidentalismo’ como predominio político cultural de la modernidad capitalista euroamericana”, agravada en nuestro caso por la crisis orgánica del capitalismo español (tan peculiar él, montado sobre un ladrillo y una burbuja) potenciado por un bipartidismo, una alternancia en el poder de dos fuerzas centristas (centro-izquierda socialdemócrata, centro-derecha conservadora y ultraconservadora) que no es más que “diferencias entre partidos dominantes siempre resueltas a favor de los poderes fácticos”.

Por eso, será imposible la regeneración democrática sino se produce antes una ruptura del bipartidismo y se construye “una gran fuerza democrática popular que derrote a la derecha, dispute la hegemonía al PSOE y neutralice a la extrema derecha”. Ardua y difícil tarea si consideramos la extremada polarización de esa izquierda que se quiere transformadora pero se niega a abdicar de lo más mínimo; una esperanza con nombre y apellido si, como Manolo Monereo, consideramos los nuevos movimientos sociales, y en especial el 15M, como “la emergencia de un nuevo ‘espacio público’ sobre el terreno y en la lucha democrática”, que refleja “dinámicas sociales y políticas mucho más profundas de lo que parecen”, y ofrece a la izquierda una gran oportunidad para renovarse social y culturalmente: “este movimiento sigue siendo hoy la posibilidad más clara de encontrar una salida democrático-republicana a la presente crisis”.

El debate hoy está entre “los que aceptan como inevitables ajustes e involuciones sociales y políticas y quienes creen que los derechos sociales y las libertades se definen profundizando la democracia como desarrollo del autogobierno… garantizando la soberanía popular y definiendo nuevas reglas que hagan efectivos los derechos sociales y pongan la economía al servicio de las necesidades básicas de las personas. Lo que eso significa aquí y ahora es proceso constituyente y poder ciudadano” y, haciendo honor al título del libro, “una Revolución democrática para una República plebeya”.



(*) Manolo Monereo (Jaén, 63 años) es politólogo, abogado laboralista, miembro de la coordinadora nacional del Frente Cívico-Somos Mayoría, investigador de la Fundación CEPS (Centro de Estudios Políticos y Sociales) y ex diputado de IU. Licenciado en Derecho por la Universidad de Granada y Doctor en Ciencias Políticas, fue secretario general del Partido Comunista del Pueblo Andaluz y formó parte de la dirección Federal de IU, de la que, actualmente, es secretario de Formación y Extensión Cultural. Miembro del Consejo de Redacción de Crónica Popular, es autor de dos importantes aportaciones al conocimiento del marxismo en América Latina: “Con su propia cabeza. El socialismo en la obra y la vida del Che”, y “Mariátegui”, un estudio sobre el fundador del Partido Comunista del Perú. Y coautor de “Para que el socialismo tenga futuro”, “Propuestas desde la izquierda”, “Los desafíos de la izquierda transformadora para el próximo siglo Foro Social Mundial/ Porto Alegre 2002”, “Hacia el partido de oposición. Ideas para otro desarrollo”, “Alternativas de izquierda al neoliberalismo”, “Diversidad y desigualdad: Las razones del socialismo”, y “Cuba. Construyendo futuro. Perspectivas del Socialismo hoy”.

De la crisis a la revolución democrática (prólogo de Julio Anguita)
El Viejo Topo
ISBN: 978-84-15216-69-8
180 páginas, 15€

Turistas, humor y horror del mejor cine británico



Turistas (Sigthseers) dirigida por Ben Wheatley ( aplaudido autor de Kill List), y escrita en colaboración con su mujer, que llega a los cines españoles el 7 de Junio 2013 después de haber ganado en el último Festival de Sitges los premios a la Mejor actriz y Mejor guión (ya un año antes se habían fijado en ella los asistentes a la Quincena de los realizadores de Cannes) , es una divertida, incluso hilarante, y cruel comedia negra británica, con un guión muy brillante y excelente realización que reúne todos los ingredientes para acabar convertida en película de culto.

Todo comienza con una insoportable madre británica que no cesa de agobiar a su hija Tina (Alice Lowe), madura, introvertida y solitaria hasta que conoce a Chris (Steve Oram), también cuarentón, y no solo deciden unir sus complejos y frustraciones en un amor totalmente irracional, sino también emprender una fuga por las islas en la caravana que es el orgullo de Chris. Ya en la primera vista al museo del tranvía descubrimos que las cosas no son como parecían, y que las idílicas vacaciones van a convertirse en una serie de incidentes, algunos con resultado de muerte, en los que ambos se van transformando poco a poco en airados y vitriólicos vengadores, y el programado viaje de novios en una amoral comedia que se debate “entre el horror y el humor” negro contemporáneo, so british.

En su muy particular road movie, la patética pareja de antihéroes, impulsada por motivos realmente inexistentes que utiliza como justificación y que van desde la envidia hasta el desaire, se convierte en un par de frenéticos asesinos que va sembrando de cadáveres la húmeda campiña del norte de Inglaterra en lo que al espectador llega a parecerle “la representación simbólica de una guerra de todos contra todos que engendraría la desintegración económica y social de las sociedades occidentales postindustriales” (Jérémie Couston, Télérama).

Turistas no es solo una parodia de las historias de asesinos en serie (de asesinos natos), es también un angustioso retrato de una parte de esta sociedad, occidental, consumista y ahogada en sus sueños incumplidos y sus frustraciones, que encarnan magníficamente esos dos turistas con aspecto de domingueros, embutidos en sus chandals, calzados con zapatos de excursionista y todo el aspecto de no haber matado una mosca en su vida.