miércoles, 29 de octubre de 2014

Los Boxtrolls, fábula prenavideña llena de encanto



Los Boxtrolls son unos seres estrafalarios, fantásticos y traviesos que han criado a un niño humano, Eggs, desde que era un bebé, en el asombroso y original mundo subterráneo que han construido bajo las adoquinadas calles de Cheesbridge, una ciudad victoriana en la que sus habitantes viven obsesionados , entre otras cosas, por el queso, los quesos, cuando más fuertes mejor.

Los Boxtrolls es una hermosa fábula convertida en película, adaptación de la novela Las crónicas del puente de las ratas, de Alan Snow, producida y realizada por los autores de Los mundos de Coraline y El alucinante mundo de Norman, y rodada en animación stop-motion y diseño gráfico por ordenador. Cada uno de los personajes es un sofisticado muñeco articulado que interpreta su papel con entrega, imaginación y técnica.

Cine infantil fantástico y de animación en 3D, con una estética seductora aunque no puede decirse lo mismo de los personajes, realmente banales y más que vistos. Aun así, toda la película es como un agradable carnaval multicolor, lleno de ideas divertidas. De todo, lo peor es que humanos y trolls se pasan la hora y media de proyección gritando, hasta convertir el sonido en insoportable.

Los habitantes de Cheesbridge temen a los boxtrolls (trolls con caja) porque, aseguran, roban sus niños y sus quesos. Aunque la realidad es muy distinta: los pequeños monstruos son en realidad inocentes criaturas adorables, ecologistas que cubren sus cuerpos con cajas de cartón, en las que se esconden a la menor alarma, como las tortugas se cubren con el caparazón, y recogen detritus de objetos metálicos que encuentran por la noche, en las calles y las basuras. El verdadero monstruo es, en cambio, Archibald, especie de travestí circense, personaje histriónico y patético conocido también como Madam Fru-Fru, que quiere exterminar a todos los habitantes y hacerse con el poder en la ciudad…Hasta que los boxtrolls deciden rebelarse y hacerse los dueños de su destino.

También los adultos necesitamos encontrarnos de vez en cuando con películas como Los Boxtrolls, que nos devuelven a un tiempo y unos lugares arrinconados en el baúl de los recuerdos.


martes, 28 de octubre de 2014

México: Aquí te matan por un tweet




El 15 de octubre de 2014 asesinaron en Reynosa, cabeza de partido de Tamaulipas, estado fronterizo con Texas, a la médico mexicana María del Rosario Fuentes Rubio, quien había denunciado en Twitter a los narcotraficantes de la zona.

María del Rosario escribía regularmente en la página “Valor por Tamaulipas», que en Facebook tiene más del millón de seguidores, y administraba la red independiente de periodismo participativo “Responsabilidad por Tamaulipas”, creada hace dos años por un grupo de periodistas y ciudadanos para informar acerca de las actividades de los narcos en la región. En Twitter era @Miut3 y como “Felina” firmaba los textos de denuncia de los grupos criminales.

En un artículo escrito para el diario italiano La Repubblica, y traducido al francés por el semanario Courrier International, Roberto Saviano -autor de Gomorra, periodista y escritor amenazado de muerte por la camorra napolitana, que lleva varios años viviendo con vigilancia permanente y en 2014 ha publicado una investigación sobre el narcotráfico mexicano; en Italia el libro se titula Zero zero zero, y en otros países lleva el título Extra Pura- cuenta la historia de María Rosario y explica como los ciberactivistas mexicanos se juegan la vida en su lucha digital contra las mafias, poderosas y muy violentas. Aunque, según Saviano, también los narcos temen las informaciones que circulan en Internet sobre ellos.

María Rosario acudía a su trabajo, a primeras horas de la tarde del 15 de octubre, cuando fue secuestrada por unos hombres armados, que la subieron a una camioneta y se dieron a la fuga. Al día siguiente, en su cuenta de Twitter aparecieron dos fotografías: en una miraba fijamente al objetivo, en la otra estaba tendida en el suelo con el rostro ensangrentado. “Sus agresores –ha escrito Saviano- consiguieron (quizá torturándola para conseguir que les diera la contraseña) piratear su perfil y colgar un mensaje acompañando a las fotos: A mis amigos y a mi familia: mi verdadero nombre es María del Rosario Fuentes Rubio. Soy médico. Hoy termina mi vida. Solo me queda decir una cosa: no cometáis el mismo error que yo. No se gana nada con ello. Al contrario, ahora me doy cuenta de que voy a morir por nada. Están más cerca de nosotros de lo que podáis pensar. Cerrad vuestras cuentas (de Internet), no pongáis en peligro a vuestros allegados como he hecho yo. Les pido perdón”. Los narcotraficantes, dice Saviano, eligieron cuidadosamente las palabras, para desanimar a periodistas y familiares y hacer que se extienda la desconfianza por toda la población, que nadie se fíe de nadie.

María Rosario no es la primera víctima de los narcos en su guerra contra quienes les denuncian en la red. En septiembre de 2011, un hombre de 25 años y una mujer de 28 aparecieron ahorcados, colgando de un puente en la ciudad fronteriza de Nuevo Laredo. Pocos días después, en Tamaulipas y a los pies de una estatua de Cristobal Colón aparecieron, separados, el cuerpo y la cabeza de la Nena de Laredo, Marisol Macías Castañeda, quien utilizaba diversos pseudónimos, tanto en el periódico local Primera Hora, donde trabajaba, como en las redes sociales, para denunciar a los cárteles”. Junto a los restos había unos cascos, un CD y un teclado de ordenador.

«Ejecutando a María Rosario –finaliza Saviano- los narcos consagran sin equívocos un nuevo método de intimidación: quien les toque morirá. Incluso aunque sea en las redes sociales (…) Las manifestaciones en México (por los estudiantes desaparecidos) demuestran claramente que la sociedad civil está harta. Harta de vivir en estado de sitio. Harta de esta guerra que nunca aparece en la primera página de los periódicos, pero asedia –y militariza- su existencia. Harta de no poder confiar en nadie, ni siquiera en las fuerzas del orden, ni en las autoridades, ni en los internautas que navegan por Twitter o Facebook. Cualquier puede ser un narcotraficante. Cualquiera puede acabar en manos de los cárteles. Nadie está seguro en este México donde se han esfumado 43 estudiantes. Donde se mata por un tweet”.

Loreak, decir amor y muerte y decirlo con flores



Loreak (Flores) es la primera película rodada íntegramente en euskera que ha participado en la sección oficial del Festival de San Sebastián, así como en los festivales de Toronto y BFI London Film Festival.

Drama escrito por Jose Mari Goenega, Jon Garaño y Aitor Arregi y dirigido por los dos primeros (es su segundo largometraje, el anterior, 80 egunean (80 días) cosechó más de treinta premios en distintos festivales, cuenta con un reparto encabezado por las actrices Nagore Aranburu, Itziar Ituño e Itziar Aizpuru, junto con Ane Gabarain y Josean Bengoetxea.

Haciendo honor al título, las flores (loreak), un ramo, muchos ramos de flores, son los auténticas protagonistas de una historia que enlaza la vida de tres mujeres muy distintas y habla de dos momentos fundamentales en la vida de cualquiera, el amor y la muerte, y también del sentimiento de pérdida, la soledad, la memoria y el olvido.

La vida de Ane da un giro cuando, semana tras semana, comienza a recibir un ramo de flores en su casa, siempre el mismo día y siempre sin remitente ni mensaje. La vida de Lourdes y Tere también se ve afectada por las misteriosas flores que alguien desconocido deposita semanalmente en un punto de la carretera, en memoria de alguien que fue importante en sus vidas. Tres vidas alteradas por la presencia de unos ramos de flores que harán brotar sentimientos desconocidos u olvidados… Pero al fin y al cabo, como dice uno de los personajes, “solo son flores”.

Con el fondo del paisaje húmedo y gris habitual del País Vasco, Loreak es una película muy bien contada, muy inteligente, que mantiene la tensión narrativa y la atención del espectador en la algo más de hora y media que dura, sensible y también muy vasca, en su contexto y en sus expresiones: apostaría que no hay una sola frase del guión que contenga más de veinte palabras, pero que son las palabras justas y necesarias para explicar lo que se quiere decir.