domingo, 10 de junio de 2018

Ray Charles, el “genio”


Para recordar y rendir homenaje a un gran músico, 14 años puede ser un aniversario como cualquier otro. Mi amigo Xulio, dibujante de excepción pero antes cantautor,  quería una oportunidad- acariciada largo tiempo- para dibujar a Ray Charles. Y a mí, es fácil convencerme: si todos los días son el día de la mujer trabajadora o de la defensa del medio ambiente, todos los 10 de junio pueden perfectamente ser el aniversario del genio del Rhytm’n blues.

Ray Charles, pianista, organista, compositor y director de orquesta y, sobre todo, figura legendaria con lugar propio en el mundo de la música, murió el 10 de junio de 2004 después de cinco décadas de éxitos incontestables, dejando para la historia una carrera musical fecunda y diversa, en la destacan decenas de « clásicos” que han dado la vuelta al mundo y han servido de inspiración a varias generaciones de artistas. Como sucede a menudo, detrás de su imagen legendaria está la trayectoria vital de un hombre que tuvo que sobreponerse a sus carencias y a algunos dramas personales. 

Ray Charles (nacido como Ray Charles Robinson), apodado “el genio” por Frank Sinatra, es una de las grandes figuras del Rythm’n blues, uno de los fundadores de la música “soul”, que es lo mismo que decir música con alma y, en la época de la segregación racial en Estados Unidos, el cantante preferido de un público que no distinguía de colores y se emocionaba con sus canciones de inspiración jazz, country y blues.

 A los cinco años Ray Charles presenció la muerte de su hermano menor, George, ahogado accidentalmente en una lavadora manual. Un año después, a Ray le diagnosticaron un glaucoma que, en pocos meses, le dejó completamente ciego. Estudió en la Institución San Agustín, para sordos y ciegos, de Florida, donde aprendió orquestación así como a tocar varios instrumentos: piano, órgano, trompeta, clarinete y saxofón. No solo es multi-instrumentista, es también practicante de distintos géneros musicales, aunque muy pronto se  decanta por Chopin, en música clásica, y Art Tatum en jazz. A partir de 1945 crea su propio trío en Jacksonville (Florida, todavía cerca de la familia) y frecuenta los clubs de la región, donde ofrece conciertos en los que mezcla góspel, blues, jazz y country.
Con solo 17 años decide emanciparse, se instala en Seattle, y debuta en los grandes clubs de la zona como cantante acompañado de su propia orquesta. En 1949 graba el primer disco que lleva su nombre – Ray Robinson- en la carátula. Son años prometedores: conoce a Quincy Jones, firma un contrato con la compañía Swing Time Records y en 1951 produce “Baby, Let Me Hold Your Hand”, un 45 r.p.m. que asciende rápidamente en las listas del R&B. Desde su debut hasta 1963 produce 15 álbumes y compone gran cantidad de canciones. De la fusión de jazz, country, R&B e incluso góspel, nace el “Soul”, que coloca a Ray “Robinson” Charles, la leyenda con gafas negras, entre los grandes intérpretes de la década de 1950: la mezcla de “deseo sexual y liturgia” que imprime a sus interpretaciones, gracias también al poyo de sus coristas negras, The Raelettes, le convierte en una estrella del panorama musical, primero en Estados Unidos e inmediatamente después en Europa. En el mundo triunfa el swing, luego llegan el rock and roll  y la música pop angloamericana. “Ray Charles deja pasar las corrientes, las absorbe, las fusiona e inspira a tres generaciones de músicos (…) Cuarenta años más tarde, 12 Grammys y cientos de millones de discos vendidos » (L’Express, 1999). 
Es entonces, y para evitar confusiones con un famoso boxeado de la época llamado también Ray Robinson, cuando cambia definitivamente su nombre por el de Ray Charles. Y es entonces también cuando empiezan a llegar los grandes éxitos internacionales: “I Got A Woman”, “The Right Time, “What I Say”, “Georgia on My Mind”, “Unchain my Heart…el álbum “The Genius of Ray Charles” (1959) y la creación de su propia productora “Ray Charles Enterprises” (1963). Cuando se niega a actuar en una sala de Georgia,  causa de la ley de segregación, le prohíben actuar en todo el estado. Llegado más tarde el fin de la segregación, el gobierno de Georgia le presentó sus excusas en público y eligió su versión de la celebérrima canción “Georgia on My Mind” (escrita en 1930 por Hagy Carmichael y Stuart Gorrell) como himno oficial.
« Melodies bring memories ». O algo así como que la música suele estar asociada a los recuerdos, que tiene el sorprendente  poder de reenviarnos a otros espacios, con frecuencia lejanos, y a otros tiempos. La canción « Georgia » es sobre todo « una forma acústica que une pasado y presente, una forma precisa que cumple una función de referencia, y que incluye todo un contexto visual (pétalos, pinos, claro de luna… » (Georgia On My Mind de Ray Charles
Bernard Lortat- Ed. Jacob 2006)

A pesar de que la crítica y el público le miman, o quizá por ello, Ray Charles cae en la dependencia de la heroína, y tras graves y sucesivas enfermedades es forzado por sus allegados a hacer una cura de desintoxicación. Desde entonces, y hasta el final de sus días,  arrastró una grave enfermedad hepática.
Regresa en 1966, pero en las dos décadas siguientes solo consigue pequeños éxitos puntuales. Aprovecha esa pausa para publicar su autobiografía: “Brother Ray” (1978). La entrada, en 1986, en el Rock’n’Roll Hall of Fame, y las apariciones en televisión durante los años 1990 y 2000 le devuelven el interés de un público que le había abandonado, y desde entonces y hasta su muerte en 2004, a los 73 años, continuó haciendo giras de conciertos por todo el mundo. “De él se decía que podía cantar la guía telefónica. En efecto, transformó el gospel en canción de amor, el country en gospel, el gospel en blues (…)Ray Charles era ese extraño cocinero que, a partir de producciones mediocres de las variedades estadounidenses, e internacionales, podía servir obras maestras. Un alquimista que transformaba lo común en bello…”.

La última vez que apareció en un escenario fue el 30 de abril de 2004, en el Teatro Griego de Los Angeles, festejando su concierto número 10.000, junto a Clint Eastwood. Acababa de grabar un álbum de dúos –titulado “Genius Loves Compagny”- junto a Norah Jones, B.B. King, Steve Gander, Van Morrison y Willie Nelson, entre otros. En febrero de 2005, ese disco recibió ocho premios Grammy, entre ellos el de la mejor grabación del año. El mismo año se estrenó el largometraje sobre su vida, “Ray”, dirigido por Taylor Hackford e interpretado por Jamie Fox, que ganó el Oscar al Mejor Actor. 



sábado, 9 de junio de 2018

“En tiempos de luz menguante”, el otoño del camarada


“Si falta el pan podremos comer patatas. Si se acaban las ideas, ¿qué hacemos?”

Dirigida por el novel Matti Geschnnoeck y protagonizada por el suizo Bruno Ganz (“El escritor”, “Lutero”, “Pan y tulipanes”),  “En tiempos de luz menguante” está basada en la espléndida novela homónima de Eugen Ruge (publicada en España por Anagrama).
Como una ampliación de aquella fiesta de cumpleaños que organizaban sus hijos a una madre del este alemán que no podía saber que el muro había caído (“Goodbye Lenin”), esta película -en el otoño deBerlín 1989-  se detiene en el cumpleaños del nonagenario Wilhelm, un alto cuadro del Partido Comunista de la República Democrática Alemana (RDA), que lo celebra rodeado de la familia, los vecinos y algunos dirigentes del partido. Todo el mundo le lleva flores, un camarada le entrega su enésima condecoración –que, junto con la habitual reseña en el periódico, irá a parar a una caja de latón, baúl de los recuerdos donde este patriarca, que “ha luchado 70 años junto a la clase obrera”, guarda sus “chapas”-  una anciana rusa, expatriada, le regala un frasco de pepinillos, y su biznieto un dibujo. También, como en aquel otro aniversario de la madre que solo veía un trocito de muro desde su cama de enferma, un coro de las “juventudes del partido” le homenajea con una canción que habla de gestas y héroes.

Wilhelm es un estalinista incorregible, con evidentes señales de senilidad. Su hijo Kurt, que vivió el gulag de los desterrados en plena adolescencia en que falleció su hermano, sigue aferrado a los ideales comunista pese a todo. Su nieto Sacha, el más esperado, el preferido del anciano, esta vez no llegará. Fuera, al otro lado de las fronteras de la RDA, en Rusia ha comenzado la perestroika, y Polonia, Checoeslovaquia, Rumania y Bulgaria ya han llevado a cabo sus  pequeñas revoluciones “de terciopelo”.

Mientras Wilhelm hace alarde de una amarga ironía con todos y cada uno de los presentes, en la fiesta con buffet frío en una mesa que se desmorona empieza a circular el secreto del nieto “que se ha pasado a Occidente” (que es lo mismo que decir América según uno de los invitados), y empieza a hacerse patente el clima de represión y silencio, de resentimientos y venganzas aplazadas, cuando la utopía comunista ya se estaba cayendo a pedazos y el Muro de la vergüenza espera el último empujón.

Está muriendo un régimen, agoniza un matrimonio y esa familia está a punto de estallar en pedazos. Las hojas amarillentas de los árboles de Unter den Linden presagian lo que ya está llegando. Más que un relato de la agonía de la RDA « En tiempos de luz menguante » en un retrato de familia, con claroscuros y un humor desesperado. Una fotofija de tres generaciones de alemanes. Bruno Ganz inmenso, como en tantas otras interpretaciones.




viernes, 8 de junio de 2018

El Eliseo quiere pagar su renovación vendiendo souvenirs


« Eliseo-Presidencia de la República » (ÉLysée-Presidence de la Republique) es la marca registrada por el equipo de comunicación de Emmanuel Macrón con el objetivo de recaudar los 100 millones de euros que se han estimado para los trabajos de  renovación programados en el  palacio presidencial, residencia oficial del Presidente e la República.

El pasado 31 de mayo de 2018 fue Patrick Strzoda, director del gabinete del Eliseo, quien protagonizó el acto de depositar el nombre en el registro oficial de patentes y marcas.

Con esa marca, y mediante la ayuda recibida por unos colaboradores especialistas en marketing, van a salir  a la venta tazas, corbatas, lápices, tarjetas postales, bolígrafos y gorras que, antes del comienzo del nuevo curso,  se podrán  encontrar en tiendas de recuerdos y en los puntos de venta efímeros que se instalan habitualmente con motivo de acontecimientos especiales. Y, como no podría ser de otra manera, en una tienda online.  

domingo, 3 de junio de 2018

Unesco: los países piden la devolución de los bienes culturales robados durante la época colonial

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Patrimonio cultural de Benin en Francia
n la Conferencia Internacional sobre el Patrimonio, recientemente celebrada en París bajo los auspicios de la Unesco (agencia de Naciones Unidas para la cultura) varios países africanos pidieron, el 1 de junio de 2018, que les restituyan “los bienes culturales robados”.

“Estos bienes tienen un alma » dijo en la tribuna el presidente de Benín, Patrice Talon. Desde hace 40 años, Unesco viene apoyando el combate de los países, africanos y de otras latitudes, que piden la restitución de sus bienes culturales desaparecidos durante la época colonial, y aboga por “abrir nuevos espacios de diálogo”, entre los países de donde proceden y los que “los conservan” (eufemismo con el que se pretende explicar qué hacen tantas estatuas griegas y egipcias en los museos británicos, por citar solo un ejemplo).

A la Conferencia han asistido ministros procedentes de Senegal, Benín, Gabón , Perú, Líbano, Jordania, Alemania y Francia, así como directores de museos y expertos, que han participado en los debates  sobre un tema “que despierta grandes pasiones y arrastra cuestiones de identidad, memoria o soberanía”, en palabras de la directora general de la Unesco, Audrey Azoulay, exministra francesa de Cultura.

El tema de los objetos culturales “robados” afecta a muchos países de todos los continentes, pero África es el que más: según los expertos, más del 90% de las grandes obras maestras del África Subsahariana se encuentran fuera del continente.

Benín, que es uno de los países más afectados, denuncia los tesoros -tronos reales, puertas sagradas…- acaparados en las batallas coloniales de 1892 y 1894, pero también por los misioneros y las “misiones culturales”: “Más allá de las cuestiones políticas, históricas, sociológicas y filosóficas, la restitución de los bienes culturales serían ahora para el país una forma de luchar contra la pobreza y de crear empleos, una herramienta de desarrollo socio-económico”, según el presidente Talon que sueña con hacer del turismo un pilar de la economía de Benin.




Google no seguirá colaborando con el Pentágono, presionada por sus trabajadores


Ante las protestas de parte de sus trabajadores, Google ha dado marcha atrás y h anunciado, el 1 de junio de 2018, que no va a renovar el contrato secreto que tiene con el pentágono, informa la página Gizmodo. Según el diario  L’Echo, más de 4.000 trabajadores, de los 80.000 de la sociedad Mountain View, han firmado una petición en la que piden a la empresa el cese del programa militar Maven. Incluso, una docena de ellos han dimitido para hacer patente su desacuerdo.
El proyecto gubernamental Maven pretende utilizar programas de inteligencia artificial para mejorar el análisis de las imágenes de vídeo captadas por los drones del ejército estadounidense, en el que oficialmente Google va a seguir colaborando solo hasta finales de marzo de 2019.
Durante mucho tiempo, Google se negó a que su tecnología se aplicara con fines militares. Ahora, respondiendo a las quejas de sus trabajadores, ha minimizado la implicación de la firma, asegurando que se trata de un programa « no ofensivo » : « la tecnología se aplica para señalar imágenes con el objetivo de salvar vidas y aliviar a algunos empleados de un trabajo muy fatigante”, aunque según Gizmodo (un weblog de tecnología) el contrato, inicialmente de 9 millones de dólares, aunque parece ser que de momento ya se han cobrado más de 15 millones, podría considerarse como una puerta de entrada a otros contratos, con el ejército o con las agencias de  Inteligencia”.
Según la revista electrónica  The Intercept , Amazon, el gigante mundial de la venta en línea,  también querría hacerse con el contrato, y está negociando  con el ministerio de Defensa estadounidense .


Muerte y resurrección del periodista ruso Arkadi Babtchenko: “Lo que se ha asesinado es la confianza”

Aekay Babtchenko

Seguro que serán muchos los lectores y telespectadores que se habrán hecho un montón de preguntas ante la noticia, primero de la muerte del periodista ruso Arkadi Babtchenko y después su aparición en una rueda de prensa junto a las autoridades, todo ello en Ucrania, en Kiev donde reside,  diciendo que todo fue un montaje ante el temor de ser realmente asesinado. Si los lectores se han sentido chocados,  lo que resulta  evidente es que a los periodistas nos ha planteado varios interrogantes acerca de la deontología profesional y de si, una vez más, el fin justifica los medios y al final todo vale, aunque seamos precisamente nosotros, los periodistas,  los creadores de esas mentiras informativas (fake news) que reprochamos, y con razón, a nuestros políticos: todo lo malo se pega, decían nuestras abuelas.

Solo por citar un ejemplo reciente, la desfachatez con que, en estos días de vértigo pasados, hemos oído a los conservadores locales, y sus plumillas secuaces, contar mentiras, reescribir la historia más reciente –materia en la que están diplomados cum laude- sin que se les moviera una pestaña ni les sudaran las axilas.

Pero volvamos a la mentira y el montaje del asesinato  y posterior resurrección del ruso Babtchenko que habrá combatido en muchas guerras, habrá sido un avezado y valiente reportero, habrá criticado los mangoneos del Kremlin y puede que incluso haya lamentado en voz alta los asesinatos reales de colegas suyos, como Ana Politkovskaya, reportera de Novaia Gazeta, asesinada de un disparo el 7 de octubre de 2006 en la entrada de su casa; o el gran periodistas bielorruso Pavel Cherenet, exiliado en Ucrania y asesinado en Kiev con una bomba colocada en los bajos de su automóvil, el 20 de julio de 2016; o el asesinato de Natalia Estemirova, otra de los seis periodistas de Novaia Gazeta liquidados entre 2000 y 2009, que había sustituido a Politkovskaya, el 15 de julio Gozny; o también los asesinatos de la Anastasia Babourova y su acompañante, el abogado Stanislas Markelov, el 9 de enero de 2009, cuando salían de una rueda de prensa en Moscú. Y uno más, que marca un hito porque es el primer periodista extranjero asesinado en Rusia: Paul Klebnikov, americano de origen ruso, asesinado de cuatro disparos el 9 de julio de 2004 cuando salía de su despacho en Moscú. La lista es mucho más larga desde la llegada de Putin por primera vez a las esferas del poder.

Ante la incógnita de cómo alguien que lleva años viendo “caer” a sus compañeros, en Moscú y en otras ciudades -incluso en otros países porque la sombra del Kremlin es alargada como demuestran periódicamente las “liquidaciones” de su ex agentes en Londres- puede organizar la farsa de su propia muerte y convertirla en noticia de primera, por mucho que “las autoridades” le hayan aconsejado hacerlo para dejar con el culo al aire a quienes, al parecer, realmente planeaban su asesinato, no hemos sido capaces de encontrar ninguna respuesta. Ni siquiera el hecho de que el montaje haya permitido una detención (que vaya usted a saber, tratándose del país de que hablamos) justifica la actuación de Babtchenko. Y con esto no estoy diciendo que debió resignarse y dejarse matar, pero seguro que había otras opciones.

La mejor respuesta, hasta el momento, a las consecuencias de este lamentable episodio la he encontrado en un artículo de Pierre Haski en el digital L’Obs. Pierre Haski, flamante presidente de Reporters sans Frontières (FSR), es un maestro al que hace mucho tiempo respeto, desde sus largos años de corresponsal de Libèration en China y la posterior fundación del digital Rue 89, una referencia ineludible, absorbido ahora por el grupo Le Monde (supongo que por motivos económicos) y reducido a ser una especie de esquina indignada en L’Obs.

Haski ha escrito con rotundidad: “Lo que se ha asesinado es la confianza”. La confianza en el periodista ruso, la confianza en los periodistas todos, la confianza en la prensa, un tanto deteriorada ya, y en cambio ha devuelto la confianza perdida a Rusia: “Ucrania ha dado la victoria a Rusia en un terreno que nadie esperaba, la confianza”, mermada por el reciente asesinato del último de sus espías en Salisbury lo que, como en ocasiones anteriores, Moscú califica de “provocación”. En el caso de Babtchenko, el desmentido de la implicación de Moscú era exacto.

En su artículo, Haski  menciona la reacción de un periodista independiente ruso, Andrei Soldatov, autor del libro “The Red Web” sobre el control de Internet por el Kremlin, quien después de rendir homenaje a su colega “asesinado”, en la subsiguiente conferencia de prensa dejó hablar a su rabia: “Desolado chicos, pero en mi opinión se ha franqueado una línea roja. Babtchenko es un periodista, no un policía, y una buena parte de nuestro trabajo reposa en la confianza, digan lo que digan Trump y Putin sobre las “fake news”. Me alegra que esté vivo pero ha arruinado un poco más la credibilidad de los periodistas y los medios de comunicación”.

“Más allá del asunto Babtchenko- continúa Haski- hay que entender el reto de la confianza de que habla Soldatov. Desde hace varios años, los poderes autoritarios, los movimientos populistas y los que se dedican a eso que llaman la ‘reinformación’, llevan a cabo una auténtica labor de zapa, un intento de redefinir la agenda frente a los medios dominantes, destacando el descrédito que padecen, por buenas y malas razones, los periodistas en todo el mundo. Lo que ha facilitado la emergencia de conceptos como “posverdad” o, más audaz todavía, “hechos alternativos” (¿por qué pienso en Rajoy, Cospedal, Hernando…?), fórmula utilizada por la portavoz de la Casa Blanca tras la elección de Donald Trump, para hablar de la absurda polémica desatada  en torno al número de asistentes al juramento de su cargo”.

Conceptos que, como muy bien señala Haski, solo pueden prosperar sobre la base de un descrédito de los medios y la oferta a los ciudadanos desencantados de un universo paralelo: “Su éxito reposa en la polarización, no en el pluralismo de una sana democracia”. Y aquí es cuando viene eso de que, con el montaje del caso Babtchenko,  Ucrania ha ofrecido a Rusia su mejor e inesperada victoria en el terreno de la confianza Los medios no tenían ninguna razón para desconfiar de una información procedente de fuentes oficiales y publicaron sin dudar la noticia. Esos mismos  medios tradicionales que, afectados severamente por la irrupción de Internet y debilitados por la pérdida de lectores y de la confianza de los que quedan, “intentan una difícil reconquista que, entre otras cosas, pasa por el ‘fact-cheking’ o verificación de los hechos”, algo que nunca debió perderse.

Está claro que solo podemos alegrarnos ante la evidencia de que Babtchenko siga con vida, pero “él es el primero en verse afectado por esta pérdida de credibilidad”. Lo que deja paso a la pregunta del millón: ¿Qué ocurrirá la próxima vez que un periodista sea realmente asesinado?


viernes, 1 de junio de 2018

“Algo celosa”, mujer en pleno ataque de nervios


“Algo celosa” (Jalouse),  comedia caricatural de los hermanos David y Stéphane Foenkinos (“La delicadeza”). Protagonizada por Karin Viard (“Cena de amigos”, “La Familia Belier”), ofrece una visión sarcástica sobre los efectos de los celos, y a la vez un   retrato femenino poco habitual, la verdad.
    
Nathalie, profesoa de literatura divorciad, pasa de un día para otro de madre atenta a celosa enfermiza. Las primeras manifestaciones de sus celos aparecen en relación con su hja Mathilde, de 18 años y bailarina clásica, pero enseguida se amplían a vecinos, amigos y colegas… nadie queda fuera del radio de acción de los celos de esta mujer en torno a los cincuenta años  que se niega a reconocer que tiene un problema.

« Comedia a la italiana », la han definido algunos críticos franceses, que además aseguran que la intérprete, Karin Viard, muy reconocida en su país, es capaz de hacer reír sobre un asunto nada divertido, como es el que nos ocupa. Los guionistas de las películas, efectivamente, pueden decidir que tenemos que reírnos de cualquier cosa; mi opinión es que, en este caso, de lo que hablamos es de una mujer que está atravesando una crisis, que requeriría atención psicológica. También en mi opinión, la ya no jovencísima Anaïs Desmoutier es mucho más creíble es su papel de nueva colega recién llegada al instituto, que inmediatamente es objeto de los celos del personaje.

Si el enfoque argumental  puede parecer equivocado, o al menos un poco dudoso, la escenografía tampoco ayuda, con escasa originalidad, diálogos sin brillantez y  situaciones que maldita la gracia que tienen.

En todo caso, sí es una película de mujeres y los realizadores tratan con mimo a esos personajes femeninos que, a lo largo de la proyección, oscilan entre la comedia y el drama.