jueves, 10 de diciembre de 2015

Hospital de MSF en Kunduz


La organización pide a la Casa Blanca una investigación independiente sobre el bombardeo del 3 de noviembre



La organización internacional humanitaria Médicos sin Fronteras (MSF) ha entregado en la Casa Blanca una petición, firmada por más de 547.000 personas, en la que pide al presidente Obama que facilite la realización de una investigación independiente sobre el ataque aéreo de las tropas estadounidenses al hospital de traumatología de MSF en Kunduz, Afganistán.

El ataque aéreo, efectuado el 3 de octubre de 2015, mató a 30 personas, entre ellas 14 miembros del personal de MSF, y destruyó el hospital. El escrito pide a Barack Obama que dé luz verde a una investigación llevada a cabo por la Comisión Internacional Humanitaria de Establecimiento de los Hechos (CIHEF), organismo creado específicamente para investigar eventuales violaciones del derecho internacional humanitario establecido en la Convención de Ginebra.

Solo un registro completo y realizado por un organismo internacional independiente puede restaurar nuestra confianza en el compromiso de Estados Unidos a respetar las leyes de la guerra, que prohíben con gran firmeza este tipo de ataques a hospitales”, ha manifestado Jason Cone, director ejecutivo de MSF USA. “No es suficiente que los únicos que puedan investigar sean los autores de los ataques a estructuras médicas”.

El ataque al hospital ha privado a cientos de miles de personas de la posibilidad de acceder a un tratamiento en el único hospital especializado en traumatología en el noreste de Afganistán. El ejército estadounidense ha reconocido ser el responsable de un ataque aéreo que ha calificado de error. Sin embargo, quedan muchas preguntas sin responder a propósito de cómo y por qué se autorizó el bombardeo.

En menos de dos meses la petición –a la que todavía no ha respondido la Casa Blanca- ha conseguido reunir adhesiones de cientos de miles de personas en todo el mundo.

En una ceremonia de homenaje a las víctimas, en Washington, la doctora Deane Marchbein, Presidente de MSF USA, leyó los nombres de los 14 empleados de la organización muertos en el ataque.

Nuestro compromiso es el de la ética médica, tratar a las personas de acuerdo con sus necesidades, independientemente de que pertenezcan, o no, a una u otra parte del conflicto. Actuando así estamos en condiciones de proporcionar tratamiento médico a las personas que lo necesitan, atrapadas en zonas de guerra o padeciendo las peores consecuencias del conflicto. Y fue actuando así como nuestros compañeros perdieron la vida”.

La petición se puede firmar en:

Un paseo por el bosque


Robert Redford y Nick Nolte, el tiempo no perdona  

Tras pasar dos décadas en Inglaterra, el escritor Byll Brison (*) (Robert Redford), popular entre los lectores anglosajones por sus libros de viajes y divulgación científica, decide iniciar su jubilación con un desafío: recorrer los 3.500 kilómetros del Appalachian Trail, un sendero para excursionistas que une los territorios de Georgia y Maine, y que se conserva en su estado natural (un poco salvaje a veces). Lo que ya de partida es una empresa complicada aumenta sus dificultades cuando el escritor acepta hacer el viaje en compañía de un antiguo amigo, Stephen Katz (Nick Nolte, al que hace muchos años que perdió de vista) quien, ligón inveterado con poca fortuna, pretende escapar así de sus acreedores y vivir una última aventura. El principal problema es que los dos caminantes tienen diferentes puntos de vista sobre lo que puede ser una aventura… y en especial de las aventuras que pueden emprender a su edad.

Esta es, a grandes rasgos, la sinopsis de Un paseo por el bosque (A walk in the Woods), película a caballo entre realidad y ficción, cuento sentimental dirigido por Ken Kwapis (Una aventura extraordinaria , Qué les pasa a los hombres) y completada en el reparto por Emma Thompson, en el papel de la esposa del escritor. Una historia que protagonizan “un par de vejestorios adorables que se tambalean recorriendo un bosque”.

Un paseo por el bosque es un viejo proyecto del propio Redford, que durante diez años acarició la idea de esta película “ecologista” y homenaje a un escritor al que aprecia; la verdad es que tiene momentos en que la pareja de veteranos actores rozan el ridículo, tanto juntos como por separado, y eso pese a que aparentemente es una historia entrañable y no está dicho que la edad tenga que ser necesariamente un impedimento; lo que pasa es que estos dos que se adentran en el bosque están muy cascados.

Precisemos que Redford tiene 79 años y Nolte está a punto de cumplir 75, y que en principio era Paul Newman quien debía interpretar al compañero de viejo, pero su muerte en 2008 obligó a cambiar de planes. Y digamos también que el resultado es, más que cualquier otra cosa, poco convincente y bastante falso; que los actores ponen empeño pero no consiguen hacer brillar a sus personajes de mala comedia de enredo, y que la crítica anglosajona se ha centrado en el patetismo de dos viejas glorias sin capacidad de reacción ante su propia decadencia; más que nada, porque los personajes reales de aquella aventura por los montes Apalaches estaban en torno a los 40 años. “¿Qué hace Nick Nolte en una película apestosa como ésta?”, se pregunta un tal John Patterson en las páginas culturales del diario The Guardian. Está claro que al periodista le importa poco lo que pueda ocurrirle a Redford –quien a pesar de sus inicios y su creación del Festival de Sundance está totalmente identificado con el cine comercial más hollywoodiense, y tiene frases tan poco brillantes como que los libros son “la televisión de las personas inteligentes”·-, pero no se resigna a ver como Nolte, “un actor de la vieja escuela, hace chistes malos de la época de su padre” y enseña un culo blanco. En resumen: un viaje a ninguna parte.


(*) William McGuire “Bill” Bryson, escritor británico nacido en 1951 en Estados Unidos es autor de una decena de divertidos libros sobre viajes (entre los que figura A Walk in the Woods), media docena de volúmenes sobre la lengua inglesa, tres tratados de divulgación científica, un libro de historia, unas memorias y una biografía de Shakespeare.


jueves, 3 de diciembre de 2015

Techo y comida, historia de un desahucio


Instantánea de una realidad tozuda

Pese a haber sido elegida película revelación del Festival de Málaga 2015 -donde obtuvo el Premio a la Mejor Actriz para Natalia de Molina y el Premio del Público a la Mejor Película-, a su triunfo en el reciente Festival de Orense y a las 18 nominaciones a los Premios Goya del próximo año, a Techo y comida, primera película del jerezano Juan Miguel del Castillo, le falta garra. Podría haber sido –y seguramente lo pretendió- el testimonio de la crisis pero se ha quedado en un film decente, muy honesto y realizado con las mejores intenciones, con el que cuesta enganchar.

Techo y comida es la historia de un desahucio: el caso de una madre soltera que “más por ignorancia que otra cosa”, deja que las cosas se vayan pudriendo en la espera de que en algún momento aparezca algo, o alguien, que le saque del pozo en que ha ido hundiéndose poco a poco.

Rocío, joven madre soltera sin más trabajo que el reparto de publicidad callejera –y no todos los días- y sin ninguna ayuda ni subvención, literalmente no tiene para comer; mucho menos para pagar el alquiler. Temiendo que acaben quitándole la tutela de su hijo de 8 años aparenta llevar una vida normal y busca explicaciones convincentes para explicar al niño la situación en que se encuentran. Así van tirando los dos hasta que el dueño de la casa, agobiado también por las deudas, la denuncia. La llegada de la orden de desahucio hará que se tambalee la vida de ambos y que Rocío, totalmente abrumada y sin ninguna salida en el horizonte, acabe abandonando la vivienda, calle arriba, con el niño de la mano y sus pertenencias en una maleta y un fardo.

El director, Juan Miguel del Castillo, ha explicado que la idea de la película nació de su relación con una vecina que a veces le pedía azúcar o aceite alegando que la tienda ya estaba cerrada, y un buen día desapareció. Poco después vio en la televisión que la habían desahuciado: “Fue un proceso duro porque "hacer cine no es fácil", pero tuve la suerte de que una productora catalana acogiera el proyecto .Pero no tenemos ninguna ayuda oficial, ni ninguna subvención. Este tema social y tremendo no interesa a ninguna administración que se vea".

A quienes le acusan de haber sido demasiado “crudo” les responde que ha sido “muy light y no he contado ni la mitad de los dramas que se viven cuando no tienes nada. Cuando empecé a escribir la historia, hace unos tres años, pensé que tal vez cuando se estrenara esto ya habría pasado, pero veo que sigue ocurriendo a diario".

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Hadi Hedari detenido por un dibujo sobre los atentados de París



Hadi Heidari. Foto de su perfil en Facebook 
El 16 de noviembre de 2015 las fuerzas de seguridad iraníes detuvieron al conocido viñetista Hadi Heidari en su despacho del diario Shahrvand, en Teherán, según publica el digital Global Voices a partir de las informaciones recogidas por International Campaign for Human Rights in Iran que, citando a dos colegas del dibujante, explica que “llegó un joven con una orden, se la enseñó a Hadi y después se lo llevó en silencio”.

Los testigos han dicho que no están seguros de qué organismo tiene detenido a Hadi Heidari, añadiendo que probablemente se trate del servicio de Inteligencia de los Guardianes de la Revolución, institución dependiente de las Fuerzas Armadas que tiene la responsabilidad de mantener el sistema islámico fundamentalista en el país.

La última viñeta publicada por Heidari se refería a los atentados de París del 13 de noviembre de 2015, que causaron 130 víctimas.

Hadi Heidari, de 38 años,se licenció en pintura en la Universidad de Arte y Arquitectura de Teherán. En los últimos veinte años ha trabajado en distintos medios de comunicación del país, entre ellos Etemad, Bahar, Pool, Norooz, Neshat, Asr-e Azadegan y Eghbal.

El dibujante fue detenido en 2009, tras las elecciones presidenciales en las que fue reelegido Mahmud Ahmadinejad, con la excusa de “reunión ilegal y conspiración contra la seguridad nacional”. Pasó 17 días en la cárcel. Posteriormente fue detenido de nuevo en diciembre de 2010, esta vez acusado de hacer “propaganda contra el estado”, y puesto en libertad dos meses más tarde previo pago de una multa de cerca de 25.000 euros. En septiembre de 2012, una viñeta de Heidari titulada “El hombre vendado”, generó una enorme indignación tanto entre las autoridades del estado, como entre los eclesiásticos y 150 miembros del Parlamento, hasta el punto de que el 26 de septiembre fue secuestrada la revista Shargh (que la había publicado), Heidari tuvo que acudir a declarar y Mehdi Rahmanian, director y propietario de la revista, ingresó en la tristemente célebre cárcel de Evin.

Las autoridades consideraron que aquella viñeta era un insulto a los veteranos de la guerra Irán-Irak, aunque no fueron pocas las voces que se alzaron asegurando que fue solo una excusa para cerrar el periódico, de tendencia reformista. En diciembre de aquel año fueron absueltos todos los protagonistas y la editora ha seguido adelante con sus publicaciones.

En las últimas semanas, los Guardianes de la Revolución han detenido a varios periodistas, en la última campaña represiva de los integristas. Entre ellos, Ehsan Mazandarani, director del diario Farhikhtegan; Afarin Chitsaz, editorialista en Iran Newspaper; Saman Safarzaei, editor internacional de Andisheh Pouya, e Issa Saharkhiz, periodista y activista.




“Francia llora”, mostraba la emoción tras los atentados de París. Imagen sacada del perfil Instagram de Heidari.

La Religiosa, recuperando a Diderot


La obligación de una novicia forzosa, como la de cualquier preso, es fugarse, escapar (artículo 1º del décalogo del preso modelo).

Diderot –filósofo, escritor, personaje imprescindible de la Ilustración francesa del XVIII- lo tuvo muy presente cuando escribió La Religiosa. Igual que lo ha tenido en presente en todo momento el realizador francés Nicloux al convertir el texto del maestro de las Luces en una película que narra la historia de Suzanne, joven brillante y hermosa que lleva una agradable existencia en el seno de una familia burguesa venida a menos cuyo mundo se desmorona cuando sus padres la envían a un convento, para alejarla mientras buscan como casar a sus hijas mayores, que carecen de dote. Un desmoronamiento que se acentuará definitivamente cuando, en contra de su voluntad, la obligarán a hacer los votos definitivos, lo que le augura permanecer encerrada y en silencio, obedeciendo las órdenes más disparatadas y cumpliendo absurdas y dolorosas penitencias, hasta el último día de su vida.

Planteada como un hecho real, el polémico eco de la novela atravesó los siglos en Francia llegando hasta el XX cuando Jacques Rivette – uno de los realizadores más influyentes de la nouvelle vague- hizo en 1966 una primera adaptación para el cine, prohibida entonces por la censura francesa (*) y que se considera un clásico.

La Religiosa que hoy nos ocupa es una nueva adaptación del texto de Diderot, dirigida por Guillaume Nicloux (Valley of Love, El Elegido, El Secuestro de Michael Houllebecq), y protagonizada por la joven belga Paulinne Etienne (Edén, Dos otoños Tres inviernos) y la veterana Isabelle Huppert (Amour, La pianista, La desaparición de Eleanor Rigby).

Justamente en ese siglo XVIII que hizo evolucionar las ideas y cambió la orientación de la filosofía en media Europa, la joven Suzanne, de 16 años, es obligada por su familia a entrar en un convento, a pesar de que ella asegura que quiere vivir “en el mundo”. Allí tendrá que soportar las repetidas arbitrariedades de la jerarquía eclesiástica en forma de madres superioras, crueles o amantes en exceso, que intentarán por todos los medios impedir que la chica cumpla su deseo de recobrar la libertad. En Francia, país de origen tanto del autor del texto original como de los dos cineastas que se han atrevido a plasmarlo –el primero escandalizando a un país que, pese a declararse constitucionalmente laico, conserva muchos resabios de su larga historia de nación católica- los críticos consideran que ha resultado interesante resucitar la historia, justamente en el momento en que el hecho religioso es objeto de innumerables debates. Serán dos hombres –un obispo y un hombre de leyes- quienes salvarán a Suzanne de un destino rechazado, ayudándola literalmente a escapar del convento por una puerta escondida al final de un pasadizo (cuya llave, curiosamente, estaba en manos del prelado, lo que trae a la memoria tantas historias de nonatos muertos y enterrados en las paredes de los conventos de toda Europa).

Evidente y necesariamente anticlerical (por sus hechos los conoceréis) aunque no sea ése el propósito del realizador, quien en ningún momento cuestiona la fe de ninguno de los personajes, La Religiosa critica no tanto las creencias como el poder; en este caso el poder de los mandos en los conventos, inventores de rígidas reglas de comportamiento imponiendo siempre su voluntad –y sus deseos, incluidos los eróticos- a las novicias que ocupan el último escalafón en la cadena. Y así, aunque siempre hablando de catolicismo, por la pantalla vemos desfilar los fantasmas de los integrismos y fundamentalismos religiosos, las servidumbres sociales y conyugales, los regímenes políticos autoritarios, los fenómenos de las sectas y la aparición de jefecillos opresores cada vez que un grupo de individuos intenta llevar a cabo algún proyecto de vida en común.

El combate de la monja Suzanne, que en nuestros días recobra toda su actualidad, es tan existencial como político: una lucha tenaz y constante por recuperar la libertad y escapar de cualquier forma de tutela, tanto familiar como religiosa.


(*) La película de Jacques Rivette, Suzanne Simonin la religiosa de Diderot, considerada blasfema, estuvo prohibida en el territorio francés entre marzo de 1966 y julio de 1967. La censura provocó muchas protestas, entre ellas una famosa carta que el cineasta Jean-Luc Godard dirigió al entonces Ministro de Cultura, André Malraux: “…Si no fuera prodigiosamente siniestro, resultaría prodigiosamente bello y emocionante ver como un ministro de la UNR (Unión por la Nueva República, gaullista) tiene miedo de una mente enciclopédica de 1789 (…)Nada sorprendente que usted no reconozca mi voz cuando le hablo de asesinato a propósito de la prohibición de Suzanne Simonin, la Religiosa de Diderot. No, nada sorprendente en esa profunda cobardía (…) ¿Cómo podría usted, André Malraux, oírme cuando le telefoneo desde el exterior, desde un país lejano, la Francia libre?”. Un post-scriptum precisa: “Leído y aprobado por François Truffaut, obligado a rodar en Londres, lejos de París, Farenheit 451, la temperatura a la que arden los libros”.