“Los colonialistas tiene la costumbre de decir que ellos nos han metido en la historia. Nosotros demostraremos hoy que no: ellos nos han hecho salir de la historia, de nuestra propia historia, para forzarnos a seguirles en su tren, en el último asiento, en el tren de su historia” (Amilcar Cabral, político portugués fundador del Partido africano para la liberación de los pueblos de Guinea Bissau y de las islas de Cabo Verde, PAIGC, asesinado el 20 de enero de 1973 en Conakry, la capital guineana)
“La risa y la navaja” (“O riso e a faca”), segundo largometraje de Pedro Pinho (“La fabrica de Nada”, Premio de la Federación Internacional de la Prensa en la Quincena de Realizadores de Cannes), tuvo su estreno mundial en el Festival de Cannes 2025 dentro de la sección Un Certain Regard, donde la actriz Cleo Diára se alzó con el galardón a la Mejor actriz, y el estreno nacional en la pasada edición de la Seminci de Valladolid, donde consiguió el Premio Punto de Encuentro.
En una ficción
con acentos documentales, y en una Guinea-Bisau donde siguen manifiestas las
relaciones de poder y se mantiene vivo el recuerdo de las luchas coloniales, el
realizador portugués Pedro Pinho nos invita, con una obra ambiciosa y radical,
a pararnos un momento a reflexionar: “Creo que hemos perdido la costumbre de
tomarnos nuestro tiempo, la vida se ha vuelto muy rápida. Pero hay cuestiones,
realidades, que necesitan tiempo para ser abordadas ».
“La risa y la navaja” -película imprescindible
para entender las complejas identidades culturales, sexuales y sociales en Guinea-Bisau,
un país que nos resulta completamente desconocido y que no consigue desprenderse
del todo de un siglo de colonización portuguesa- está protagonizada por Sergio Cotagem (“Nights
Passengers”, “Feu Follet”), Cleo Diára (European Shooting Star Award 2026,
premio concedido por la red European Film Promotion a jóvenes promesas
cinematográficas), y Jonathan Guilherme (“Arte Journal”).
“En Guinea-Bisau todo está en
Bisau: para estudiar, te vas a Bisau, para trabajar, te vas a Bisau… La gente
no quiere vivir aquí”
En “La risa y la navaja” seguimos el
recorrido que hace Sergio, un joven ingeniero medioambiental portugués que
llega a una metropoli africana lleno de buenos deseos para reemplazar a otro
ingeniero italiano que ha desaparecido sin dejar rastro, encargado por una
ONG de evaluar el proyecto de una nueva
carretera entre el desierto y el bosque.
Una vez sobre el terreno, atraído
y desconfiado a la vez, conoce a los miembros de una comunidad queer (1), a los campesinos que perciben
la nueva carretera como una oportunidad o una amenaza, a los obreros
extranjeros que esperan aburridos el comienzo de las obras, a una burguesía
local que no encuentra motivos para el cambio y a distintos voluntarios que,
como él, a pesar de toda su buena voluntad no pueden hacer nada contra la
historia precedente.
Como dice el realizador Pedro
Pinho, sus viajes alimentan sus obras con la “obsesión de Europa como ideología
que se impone al resto del mundo”. Desde esa perspectiva, “La
risa y la navaja” –película que dura tres horas y media- es “un film polifónico que explora la frontera
neocolonial”.
Y cuenta que, hace quince años,
estando en Guinea-Bisau para un proyecto de documental, presenció un
acontecimiento que le afectó especialmente: la “escena de las letrinas”, en la
que los miembros de una ONG entran en una casa de la zona para ver las letrinas
que han financiado. Pedro Pinho explica que fue testigo de una situación
conocida como “walk of shame (paseo de la vergüenza), consistente en entrar en
las casa de la gente y humillarles explicándoles que tienen que cambiar sus
costumbres sanitarias”. Un episodio similar es una de las secuencias de la
película que aborda temas delicados como “la industria de la cooperación” que es
el trabajo de la ONG.
« La
solidaridad es fácil cuando no hay carencias estructurales »
A través del personaje de
Sergio , la película « intenta equilibrar las relaciones entre deseo y
poder » : « Es un relato de las contradicciones, pero también de
la manera en que los personajes las viven en la intimidad. Hay escenas de amor,
de ternura, de momentos en los que
parece que es posible una suerte de redención ».
Sergio no es ni un turista ni un aventurero, es empleado de una ONG que acude a Guinea-Bisau para ayudar, para hacer un trabajo concreto, un “trabajo humanitario” que consiste en redactar un informe sobre la viabilidad de una carretera y en explicar a los lugareños que tienen que querer ser autónomos, gestionar sus propias infraestructuras, no seguir dependiendo de la ayuda occidental. La película es una crítica a “lo absurdo de esa responsabilidad impuesta, que disimula mal el distanciamiento estructural de las instituciones occidentales”.
“La risa y la navaja” – título inspirado en “una canción que desvela las paradojas del lenguaje y las situaciones de la vida cotidiana”- alterna las secuencias de trabajo de experto de Sergio, las reuniones con los compañeros de la ONG, con los aldeanos, con campesinos que van a resultar perjudicados, la redacción del informe… y las escenas con personajes totalmente ajenos al proyecto, festivas, de descubrimiento, de descanso. Entre todas las personas que conoce se impone la presencia de la joven Diara, a la que conoce en un mercado engañando a los vendedores. Diara es el centro de la comunidad queer: libre, fascinante, imprevisible, transgresora. Su insolencia seduce a Sergio, sus pelucas de colores son un gesto político de rechazo, una forma de supervivencia .
Las mañanas de
trabajo, las noches de alcohol y sexo gay, los domingos de comida familiar, son
todos momentos en los que Sergio intenta aprender las costumbres del país que
está descubriendo. “Pero los intereses ecológicos no siempre están de acuerdo
con las necesidades de los habitantes que no consiguen salir de la pobreza
endémica que convive con sus prácticas animistas y la devastación que ha dejado
el legado colonial.
La crítica
internacional aplaudió en Cannes « La risa y la Navaja » (2) como una
obra “necesaria, audaz y lúcida capaz de afrontar el hecho colonial sin
ingenuidad, asumiendo un posicionamiento político y estético que muchos han
considerado ejemplar »
(1) El término « queer » designa una
persona cuya
identidad de género u orientación sexual no corresponde a las normas
heterosexuales y cisgénero dominantes. personne
dont l'identité de genre ou l'orientation sexuelle ne
correspond pas aux normes hétérosexuelles et cisgenres dominantes. La palabra, que empezó siendo un insulto inglés
que significa « extraño », se la ha apropiado la comunidad LGTBQIA+
incluyéndola en su vocabulario militante, abogando por una identidad fluida, no binaria y fuera de la norma.
(2)
« La risa y la navaja » está en la cartelera madrileña a partir de
este viernes 24 de abril de 2026.

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