jueves, 23 de abril de 2026

« La risa y la navaja », paseo comprometido por Guinea-Bisau, un país que es una síntesis de muchos otros

“Los colonialistas tiene la costumbre de decir que ellos nos han metido en la historia. Nosotros demostraremos hoy que no: ellos nos han hecho salir de la historia, de nuestra propia historia, para forzarnos a seguirles en su tren, en el último asiento, en el tren de su historia” (Amilcar Cabral, político portugués fundador del Partido africano para la liberación de los pueblos de Guinea Bissau y de las islas de Cabo Verde, PAIGC,  asesinado el 20 de enero de 1973 en Conakry, la capital guineana)

 

 


“La risa y la navaja” (“O riso e a faca”),  segundo largometraje  de Pedro Pinho (“La fabrica de Nada”, Premio de la Federación Internacional de la Prensa en la Quincena de Realizadores de Cannes), tuvo su estreno mundial en el Festival de Cannes 2025 dentro de la sección Un Certain Regard, donde la actriz Cleo Diára se alzó con el galardón a la Mejor actriz, y el estreno nacional en la pasada edición de la Seminci de Valladolid, donde consiguió el Premio Punto de Encuentro

En una ficción con acentos documentales, y en una Guinea-Bisau donde siguen manifiestas las relaciones de poder y se mantiene vivo el recuerdo de las luchas coloniales, el realizador portugués Pedro Pinho nos invita, con una obra ambiciosa y radical, a pararnos un momento a reflexionar: “Creo que hemos perdido la costumbre de tomarnos nuestro tiempo, la vida se ha vuelto muy rápida. Pero hay cuestiones, realidades, que necesitan tiempo para ser abordadas ».  

“La risa y la navaja” -película imprescindible para entender las complejas identidades culturales, sexuales y sociales en Guinea-Bisau, un país que nos resulta completamente desconocido y que no consigue desprenderse del todo de un siglo de colonización portuguesa-  está protagonizada por Sergio Cotagem (“Nights Passengers”, “Feu Follet”), Cleo Diára (European Shooting Star Award 2026, premio concedido por la red European Film Promotion a jóvenes promesas cinematográficas), y Jonathan Guilherme (“Arte Journal”).

 

“En Guinea-Bisau todo está en Bisau: para estudiar, te vas a Bisau, para trabajar, te vas a Bisau… La gente no quiere vivir aquí”

 

En “La risa y la navaja” seguimos el recorrido que hace Sergio, un joven ingeniero medioambiental portugués que llega a una metropoli africana lleno de buenos deseos para reemplazar a otro ingeniero italiano que ha desaparecido sin dejar rastro, encargado por una ONG  de evaluar el proyecto de una nueva carretera entre el desierto y el bosque.

 

Una vez sobre el terreno, atraído y desconfiado a la vez, conoce a los miembros de una comunidad queer (1), a los campesinos que perciben la nueva carretera como una oportunidad o una amenaza, a los obreros extranjeros que esperan aburridos el comienzo de las obras, a una burguesía local que no encuentra motivos para el cambio y a distintos voluntarios que, como él, a pesar de toda su buena voluntad no pueden hacer nada contra la historia precedente.

 

Como dice el realizador Pedro Pinho, sus viajes alimentan sus obras con la “obsesión de Europa como ideología que se impone al resto del mundo”. Desde esa perspectiva,   “La risa y la navaja” –película que dura tres horas y media-  es “un film polifónico que explora la frontera neocolonial”.

 

Y cuenta que, hace quince años, estando en Guinea-Bisau para un proyecto de documental, presenció un acontecimiento que le afectó especialmente: la “escena de las letrinas”, en la que los miembros de una ONG entran en una casa de la zona para ver las letrinas que han financiado. Pedro Pinho explica que fue testigo de una situación conocida como “walk of shame (paseo de la vergüenza), consistente en entrar en las casa de la gente y humillarles explicándoles que tienen que cambiar sus costumbres sanitarias”. Un episodio similar es una de las secuencias de la película que aborda temas delicados como “la industria de la cooperación” que es el trabajo de la ONG.

 

« La solidaridad es fácil cuando no hay carencias estructurales »

A través del personaje de Sergio , la película « intenta equilibrar las relaciones entre deseo y poder » : « Es un relato de las contradicciones, pero también de la manera en que los personajes las viven en la intimidad. Hay escenas de amor, de ternura, de momentos en los que parece que es posible una suerte de redención ».

Sergio no es ni un turista ni un aventurero, es empleado de una ONG que acude a Guinea-Bisau para ayudar, para hacer un trabajo concreto, un “trabajo humanitario” que consiste en redactar un informe sobre la viabilidad de una carretera y en explicar a los lugareños que tienen que querer ser autónomos, gestionar sus propias infraestructuras, no seguir dependiendo de la ayuda occidental. La película es una crítica a “lo absurdo de esa responsabilidad impuesta, que disimula mal el distanciamiento estructural de las instituciones occidentales”.
 
“La risa y la navaja” – título inspirado en “una canción que desvela las paradojas del lenguaje y las situaciones de la vida cotidiana”- alterna las secuencias de trabajo de experto de Sergio, las reuniones con los compañeros de la ONG, con los aldeanos, con campesinos que van a resultar perjudicados, la redacción del informe… y las escenas con personajes totalmente ajenos al proyecto, festivas, de descubrimiento, de descanso. Entre todas las personas que conoce se impone la presencia de la joven Diara, a la que conoce en un mercado engañando a los vendedores. Diara es el centro de la comunidad queer: libre,  fascinante, imprevisible, transgresora. Su insolencia seduce a Sergio, sus pelucas de colores son un gesto político de rechazo, una forma de supervivencia .
 

Las mañanas de trabajo, las noches de alcohol y sexo gay, los domingos de comida familiar, son todos momentos en los que Sergio intenta aprender las costumbres del país que está descubriendo. “Pero los intereses ecológicos no siempre están de acuerdo con las necesidades de los habitantes que no consiguen salir de la pobreza endémica que convive con sus prácticas animistas y la devastación que ha dejado el legado colonial.  

La crítica internacional aplaudió en Cannes « La risa y la Navaja » (2) como una obra “necesaria, audaz y lúcida  capaz de afrontar el hecho colonial sin ingenuidad, asumiendo un posicionamiento político y estético que muchos han considerado ejemplar »

 

 

(1) El término « queer » designa una persona cuya identidad de género u orientación sexual no corresponde a las normas heterosexuales y  cisgénero dominantes. personne dont l'identité de genre ou l'orientation sexuelle ne correspond pas aux normes hétérosexuelles et cisgenres dominantes. La palabra, que empezó siendo un insulto inglés que significa « extraño », se la ha apropiado la comunidad LGTBQIA+ incluyéndola en su vocabulario militante, abogando por una identidad  fluida, no binaria y fuera de la norma.  

 

(2) « La risa y la navaja » está en la cartelera madrileña a partir de este viernes 24 de abril de 2026.




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