martes, 28 de abril de 2015

Tiempo sin aire, para una castración se necesita algo más que una enfermera



Protagonizada por Juana Acosta (Libertador, Una hora más en Canarias), Carmelo Gómez (La playa de los ahogados, Días Contados), Adriana Ugarte (Gente en sitios) y Félix Gómez (Insensible), este thriller ambientado en Canarias y Colombia cuenta la historia de una venganza: una mujer cuya hija es violada y asesinada por tres paramilitares en Colombia, se traslada a España con su hijo pequeño para encontrar a uno de los tipos que cometieron el doble crimen, un mercenario canario que durante los hechos perdió su cartera, con una foto que llevaba escrito en el reverso el nombre de Iván. Mientras lleva a cabo su incesante y bastante inverosímil búsqueda, establece una relación amorosa con el psicólogo escolar que intenta ayudar al niño –testigo de lo ocurrido a su hermana- a integrarse en la escuela.

Tiempo sin aire, dirigida por el dúo formado por Samuel Martín Mateos y Andrés Luque, trabajadores de televisión y debutantes hace seis años con el largometraje “Agallas”, es un relato con cierto suspense, pese a que el espectador conoce desde el principio la identidad del mercenario que tomó parte en el doble crimen, con una primera parte ambientada en el conflicto colombiano (aunque rodada en Tenerife) de hace una década –una guerra a tres partes, ejercito, guerrilla de las FARC y paramilitares, ahora oficialmente desmovilizados aunque la realidad es que no todos han entregado las armas y siguen actuando por cuenta propia, y también ajena cuando se venden al mejor postor y constituyen la escolta personal de narcotraficantes y otras joyas sociales-, con sus distintos uniformes, sus bombas y sus desalmados y corruptos atropellando a las poblaciones; y una segunda parte, relativamente tranquila en Canarias, donde la mujer colombiana, enfermera de profesión, encuentra trabajos esporádicos mientras persigue al objeto de su venganza.

Toda la película, bastante flojita, descansa en el personaje que interpreta Juana Acosta, una mujer muy herida en sus sentimientos y hermética, que ha planeado una venganza y no repara en obstáculos hasta conseguirla. La castración del violador –recién casado, que intenta tener un hijo y vive con su pareja en el piso comprado con su sueldo de mercenario- es el desenlace de todas las tensiones y para la mujer el final del trayecto: después regresa a Colombia intentando retomar su vida donde la dejó, y hasta allí la sigue el psicólogo (un personaje sin personalidad el de Carmelo Gómez).


domingo, 26 de abril de 2015

Sexo fácil, películas tristes, demasiada teoría



Comedia romántica de lo más convencional, coproducción hispano-argentina que tiene bastante más de aquí que de allá, plagada de tópicos y lugares madrileños para turistas (con excepción del homenaje a los cines y la librería de la calle Martín de los Heros).

Especie de tarjeta postal en cuyo reverso se ha escrito la historia –muy rosa- de Marina (Marta Etura, Mientras duermes, Azul oscuro casi negro) y Víctor (Quim Gutiérrez, Tres bodas de más, Primos) que “lo tienen todo para vivir una hermosa historia de amor: son jóvenes, solteros, guapos y se atraen profundamente. No tardarán en darse cuenta de que están hechos el uno para el otro. Sólo existe un pequeño problema: Víctor y Marina son, en realidad, personajes de ficción creados por Pablo (Ernesto Alterio. Infancia clandestina, Los dos lados de la cama), un guionista en plena crisis sentimental al que han encargado escribir una comedia romántica. La cuestión es: ¿Podrá escribir una historia de amor cuando su amor ya es historia?”.

Estas, a juzgar por la literatura que acompaña a la promoción de la película, son las intenciones del guionista y realizador de origen argentino Alejo Flah, quien con esta película debuta en el largometraje y ha hecho su anterior trayectoria profesional en España participando como guionista en cortos, miniseries para la televisión y un par de largos.

Estas eran las ambiciones, pero el resultado se queda corto. Lo mejor el guión, como no podía ser de otra forma.



jueves, 23 de abril de 2015

Eritrea encabeza la lista de los 10 países que más censuran sus medios de comunicación



Eritrea figura en el primer lugar de la lista de países que tienen la prensa más censurada del mundo, seguido de cerca por Corea del Norte, escribe Pierre Haski, fundador y director del digital francés Rue 89, haciéndose eco de la relación hecha pública el 21 de abril de 2015 por el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, http://cpj.org/) en Nueva York. Los otros ocho países que figuran en el elenco son, por este orden, Arabia Saudí, Etiopía, Azerbaiyán, Vietnam, Irán, China, Birmania y Cuba.

Según el CPJ, en Eritrea «con frecuencia los periodistas tienen que hacer la difícil elección entre el exilio o la cárcel”. Incluso los reporteros de las agencias estatales temen que les detengan, añade el CPJ.

«El informe sobre los diez países donde más se censuran los medios de comunicación es un extracto de la publicación anual del CPJ titulada ‘Ataques contra la prensa’, que se harán pública íntegramente el próximo 27 de abril de 2015”.

Para Joel Simon, director ejecutivo del CPJ, “la tecnología permite ahora difundir información como nunca antes, pero la censura a la antigua sigue bien viva en los países que figuran en esta lista de la vergüenza. Con frecuencia nos centramos en comentar las nuevas formas sutiles de censura y control de la información, pero no olvidamos que se siguen empleando, y son extremadamente eficaces, los métodos brutales de encarcelamiento de disidentes, bloqueo de la información exterior y restricciones de acceso a los corresponsales internacionales”. En este aspecto, tanto en Eritrea como en Corea del Norte son pocos los ciudadanos que tienen acceso a Internet y muy pocos los corresponsales extranjeros residentes habituales en ambos países.

En mayo de 2013, pocos días antes de la celebración del 20 aniversario de la independencia del país, Amnistía Internacional (AI) publicó un abrumador informe, con un lenguaje excepcionalmente duro, sobre el número de presos políticos eritreos calculado a partir de los testimonios de antiguos detenidos: AI facilitaba un mapa de las numerosas cárceles, hechas de contenedores metálicos abarrotados y calabozos subterráneos, donde diez mil presos políticos, detenidos en condiciones “de una crueldad “inimaginable”, ni siquiera sabían en qué lugar se encontraban, ni recibían noticias de su familia.