En un futuro cercano que el guión sitúa en el año 2050, y en una sociedad donde “la ley obliga a sus ancianos a vivir en residencias”, Gaëlle, una joven de treinta años, se ocupa -en una isla que parece haber quedado anclada fuera del mundo, una isla convertida en refugio, en burbuja lejos de las normas- de una docena de personas mayores “rebeldes”, disidentes que se niegan a aceptar que otros les digan como tienen que vivir, “una comunidad de cabellos blancos que quiere pasar sus últimos días en una manera de libertad clandestina y de aparente serenidad” (Guillaume Loison, Nouvel Obs). La llegada de un velero trastoca las vidas y la tranquilidad de los ancianos devolviéndoles, en cierto modo, la alegría y las ganas de vivir. Pero Gaëlle duda de las intenciones de los viajeros – una médico y su hermano- cuando tiene que enfrentarse a la realidad de que un retiro dorado se está cambiando en paraíso envenenado, y sus protegidos empiezan a morir, uno tras otro.
La actriz franco-finlandesa
Nadia Tereszkiewicz (“La gran juventud”,
“Dos pianos”, “Les amandiers”, Premio a la Mejor esperanza femenina 2023)
protagoniza “La isl de la Belladona”, tercera película de la realizadora lituano-francesa
Alanté Kavaïté (“Fissures”, “Summer”, premio a la Mejor Dirección en el Festival
de cine independiente de Sundance 2015), un drama de intriga psicológica que examina
las relaciones humanas en contextos extremos y aislados y reflexiona sobre la
soledad, la comunidad y lo desconocido. Completan el reparto Daphné Patakia (“Benedetta”) y Dali Benssalah (“Athena”) junto a unos cuantos actores
veteranos como Miou-Miou (“Les valseuses”), Patrick Chesnais (“La escafandra y la mariposa”), Jean-Claude Drouot (“La felicidad”) y Alexandra Stewart (“El unicornio”).
“La idea de
esta película -comenta la directora
de esta obra inteligente que aprovecha el simbolismo de las situaciones y se
sirve de la ciencia ficción para dar forma a un relato melancólico “tan onírico
como clínico” (Christophe Brangé,
abusdecine.com)- surgió de la gran
sensación de impotencia que experimenté al enfrentarme a amigos mayores y sus
frágiles cuerpos. Me preguntaba cuál debía ser la actitud correcta hacia ellos.
Me inspiró especialmente una amiga médica jubilada que me hizo darme cuenta de
que la estaba tratando de forma equivocada. Tendía a querer protegerla, a
mimarla, cuando lo único que ella quería era beber vino. También leí “La vejez”,
de Simone de Beauvoir, y llegué a la conclusión de que nada ha cambiado desde
1970: seguimos teniendo esta tendencia natural a infantilizar a las personas
mayores, a despojarlas de su condición de adultas”.
El título de este drama hace referencia la
belladona, una planta conocida también como “la cereza del diablo” que se ha
expandido por toda la isla y cuyos frutos –unas bayas de color púrpura muy
oscuro- participan de la metáfora elegida para denunciar una realidad social
incontestable, ya que son a la vez un
poderoso veneno y también un remedio para algunos males muy concretos. El
mensaje de esta fábula sobre el tiempo que pasa, saca al primer plano de actualidad – «de alguna manera entre utopía y distopía y en forma de tragedia, cuyo
crudo realismo se mezcla con un elemento fantástico que se destila a través de
una sensación de inquietante extrañeza” (culturepoing.com)- la cuestión de las
personas mayores, cuyo número aumenta en progresión casi geométrica en todo el
mundo. Un tema que escuece a la vista de las dificultades que aquejan a las
residencias (crisis económica, escasez de personal muy mal remunerado,
escandaloso desfase entre los solicitantes de una plaza y las que están
disponibles…).
“La mejor sopa se cuece en ollas viejas”. A
la vista de la difícil relación que existe entre las sociedades actuales y sus
ancianos, no parece que esta arcaica expresión
francesa tenga aplicación en nuestros días
(1) “La isla de
la Belladona” puede verse en Madrid a partir del viernes 16 de enero e 2025.

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