lunes, 14 de septiembre de 2015

Francisco. El padre Jorge




Biopic sobre la trayectoria del jesuita argentino que ocupa la silla de Roma


Partiendo de un recorrido turístico, en autobús y con guía, por “el Buenos Aires de Bergoglio” -Francisco para todos desde el día de su investidura como jefe de la iglesia católica, anteriormente “el padre Jorge” para feligreses y amigos- el realizador español Beda Docampo Feijoo  ha dirigido un biopic basado en el libro "Francisco: La vida y la revolución" de Elizabetta Pique, una periodista destacada en el Vaticano, y asegura que la suya es “una película laica sobre el Papa”. A mi me ha parecido, además, ñoña.

Coproducción hispano-argentina en la que el actor argentino Dario Grandinetti (Hable con ella) encarna el personaje de Francisco durante los años de arzobispo de Buenos Aires que culminaron con la fumata blanca de su elección, secundado por los españoles Silvia Abascal (La dama boba), Carlos Hipólito, Emilio Gutiérrez Caba y Marta Belaustegui entre otros. El actor argentino Rodrigo de la Serna –premiado, junto a Gael García Bernal por su papel en la película  Diarios de motocicleta, dirigida por Walter Salles en 2004, sobre un año de la juventud de Che Guevara- encarna a Francisco joven, “el período menos conocido de su vida”.  

Abascal interpreta a una periodista española, madre soltera, que está escribiendo un reportaje sobre Francisco y, al mismo tiempo, establece una por lo menos anómala relación con el prelado, ya que viaja hasta la capital argentina para que sea él quien bautice a su hija. A partir del trabajo de la periodista, que se entrevista en distintas ocasiones, en su país y en Roma con Bergoglio,  vamos enterándonos de la vida del hasta entonces “padre Jorge”: su dedicación a luchar contra la pobreza de los suburbios, la prostitución, la explotación de los trabajadores, la droga y la corrupción, siempre con un considerable sentido del humor que cultiva desde sus años de adolescente estudiante.  Muestra también algunos momentos decisivos de su vida, como el día en que su abuela le regaló un libro sobre la vida del santo italiano Francisco de Asís, de quien después decidiría adoptar el nombre para la función papal. 

Francisco, de 78 años, procedente de una familia obrera de la inmigración, iba a estudiar medicina y tonteaba con una chica cuando de pronto decidió dar un giro total a su futuro ingresando en el seminario, con gran disgusto de la madre que soñaba con tener un hijo universitario.  

En la película  -que narra 50 años de historia argentina- también conocemos otros detalles íntimos del Papa, como que es hincha del Club de fútbol San Lorenzo, con el que en 2014 celebró que consiguiera la Copa Libertadores. “No es ni un dios ni un demonio, simplemente un papa que habla”, dice el actor Grandinetti, quien le considera un innovador “más allá de consideraciones religiosas”.



domingo, 13 de septiembre de 2015

Heimat, la otra tierra






Retrato colosal de un pueblo y de un país

Heimat (Die andere Heimat), es una película alemana de 2013,  prólogo (precuela)  de la monumental trilogía del mismo nombre (1) que el realizador Edgar Reitz dirigió en 1984, 1993 y 2004 (en total más de 55 horas), multipremiada y considerada como una de las mejores obras de su cinematografía, dedicaba a la historia alemana del siglo XX. 

La que ahora llega a la gran pantalla, dando un salto atrás en el tiempo y centrada en los acontecimientos de un siglo antes,  se presenta en dos partes – Crónica de un sueño y El éxodo- que constituyen una auténtica sinfonía de  cuatro horas de proyección, con  un descanso de cinco minutos, filmadas en cinemascope y blanco y negro (o sea todos los matices del gris) con excepción de unos cuantos elementos que aparecen en color: un friso mural, flores, un ágata gigante, una moneda de oro…, imágenes grandiosas y paisajes de leyenda (por decir algo, comparables a los de los inmensos westerns de John Ford) para una obra colosal, una saga fuera de lo común. 

La acción transcurre en el pueblo ficticio de Schabbach, en una Prusia renana todavía feudal, la actual Alemania, a mediados del siglo XVIII cuando el sueño de los campesinos pobres de Renania era emigrar al continente sudamericano, fundamentalmente a “Eldorado”  del Brasil,  donde la política colonial del emperador Dom Pedro ofrecía casa y tierra a los agricultores llegados del viejo continente. Un episodio histórico real, poco conocido incluso por muchos alemanes para quienes la “emigración alemana” se limita a la huida de los perseguidos por el III Reich. 

La acción comienza en 1842 y se prolonga hasta 1844. El herrero Johann y su mujer Margret tienen tres hijos: Lena, la mayor, que ha abandonado el hogar familiar para vivir con el padre de su futuro hijo, Gustav y Jakob. La situación económica es catastrófica y son muchos los compatriotas que ya han emprendido el camino del exilio, se han ido a “la otra tierra”. Jakob, el menor, hace planes para seguirles en cuanto le sea posible. “Cuando se marchan –dice Jakob- los otros se llevan todo, hasta los orinales… Yo me iré sin nada. Tan solo unos cuantos libros y una bolsa con pan negro”.  Libros que le va prestando su tío, el tejedor, quien los conserva escondidos entre la maquinaria del telar.  Pero el regreso del hermano mayor, Gustav,  del servicio militar, y la obligación de casarse con la chica a la que ha dejado embarazada durante una fiesta, le obligan a resignarse y quedarse a cuidar a los padres mientras vivan.  Será Gustav quien emigre a Brasil con su flamante familia; en tanto, Jakob seguirá estudiando las lenguas de los indios de la selva amazónica. 

Lar razones de esa emigración no son solo económicas, existe también una suerte de curiosidad antropológica, de fantasías y fantasmas estimulados por el romanticismo de la época, los primeros relatos de los escritores-viajeros europeos y, especialmente en Alemania, el interés por el estudio de lenguas y otras formas de mirar el mundo. A través del personaje de Jakob, Edgar Reitz ha mostrado hasta que punto esas fantasías estaban incorporadas al imaginario popular, incluso en los pueblos más remotos y míseros. 

Interpretado por Jan Dieter Schneider, Jakob es un auténtico héroe romántico. Hijo de campesinos, forma parte de la primera generación alfabetizada tras la anexión de la zona por Prusia. “Los ‘mer’ y ‘au revoir’ salpican  el habla de los campesinos, el anciano tío entona cantos republicanos. Antes de los prusianos, la región conquistada por Napoleón formaba parte del departamento francés de Moselle (…) En Jakob se da una comunión entre naturaleza, escritura, ansia de libertad, un amor traicionado y el gusto por los descubrimientos científicos” (Frédérique Franchette).

El relato sigue a esta familia durante dos años, les vemos trabajando, atravesando inviernos glaciales, víctimas de la enfermedad, del  luto colectivo (el crudo invierno ha matado a siete niños, a los que entierran juntos), soportando los abusos de la aristocracia local, descubriendo el amor, fundamentalmente sobreviviendo. Pese a los inevitables conflictos entre generaciones, e incluso entre los dos hermanos (Gustav ha seducido a la novia de Jakob), la familia permanece unida, solidaria. Pese a que el padre no soporta su amor por los libros y la lectura, Jakob es la esperanza del clan. Cuando sus planes se tuercen y, resignado, no solo se queda en el pueblo sino que incluso se casa con la chica que estaba destinada a su hermano, se convierte en una especie de “santo laico, sacrificado por el destino” (Jacques Morice). 

Pese a la magnitud de la epopeya que Reitz ha escrito y dirigido justo es reconocer que la lentitud narrativa, y el aspecto artificial de algunas situaciones, pueden hacer difíciles para el espectador las cuatro horas que dura la película (Más difíciles, sin duda en la primera parte, donde el relato pretende ser más naturalista; la segunda, melancólica y al mismo tiempo más activa, despierta mayor empatía. En este punto conviene subrayar que, pese a que la segunda parte es continuación de la primera, ambas son totalmente autónomas y podrían verse como dos películas distintas).

(1)- Heimat, financiada por la WDR (la televisión de Colonia), y concebida inicialmente como una única película, necesitó de cinco años y cuatro de trabajo.  Situado por su creador « en la mitad exacta de la línea Paris-Berlín, eje fundamental de la creación de Europa », el pueblo de es la síntesis de los cinco pueblos donde Edgar Reitz y su equipo rodaron, movilizando a los habitantes (Mathias, el padre herrero, interpreta su propio papel) la película recibió el Premio Fipresci de la crítica internacional en Mostra di Venezia y se estrenó en salas comerciales en el otoño de  en 1984. “Para mi gran sorpresa –manifestaba Reitz a Télé 7 Jours en enero de 1987- las 15h40 de proyección no han sido realmente un obstáculo. Por 40 marcos el público tenía derecho a la entrada y las comidas. La sesión comenzaba el sábado a las 14h y terminaba el domingo con un desayuno ». 

(*)Desde los últimos días de agosto de 2015, durante 7 semanas y a razón de una entrega semanal, el canal franco-alemán ARTE esta emitiendo Heimat 1, los jueves a las 22h55. 






martes, 8 de septiembre de 2015

ma ma, de Julio Medem



Manual para coger la enfermedad y fabricarse con ella una vida nueva

“ma ma”, la última película de Julio Medem dedicada “A ellas”, protagonizada por Penélope Cruz (también productora), Luis Tosar y Asier Etxeandia es, para su guionista y realizador, “un canto a la vida. Un drama que tiene mucha luz y amor”.

Confieso haber salido de la proyección con sentimientos encontrados. Por una parte, qué duda cabe que solo puede suscitar solidaridad y empatía el drama de tantísimas mujeres que sufren un cáncer de mama; el hecho de que a medida que la ciencia se perfecciona sean cada vez más las que se curan completamente de una enfermedad que hace apenas unos años era mortal –conozco a varias-  no le resta ni sufrimiento ni dramatismo a la situación por la que pasan esas mujeres durante meses, y muchas veces años, teniendo que aprender a convivir con un cuerpo mutilado y sin defensas, más los efectos colaterales de las sesiones de quimio y radio.

Y que solo se puede reconocer y admirar el valor del equipo de cineastas que han sacado adelante este proyecto de los últimos meses de una “superviviente” en todos los sentidos: sin trabajo a cuenta de la crisis, abandonada por un marido profesor que se ha largado con la estudiante de turno, se descubre un bulto en el pecho y el ginecólogo le confirma un primer cáncer. Meses más tarde, cuando ha encontrado un nuevo amor (Luis Tosar), el pelo empieza a crecer e incluso se ha quedado embarazada, aparece la metástasis invasora…

Otro sentimiento positivo en “ma ma” ha sido el descubrimiento de una Penélope Cruz  madura y actriz de verdad, que se ha volcado para darlo todo y configurar una heroína de las que –ocurra lo que ocurra- nunca se rinden (actitud vital que, confieso, siempre me parece casi imposible; lo habitual es que, por fuerte que una sea, hay un momento en que tira la toalla porque esa vitalidad a toda costa deja de compensar).

Entre los sentimientos negativos está precisamente ese vitalismo arrollador a  ultranza y sobre todo la figura incomprensible de un ginecólogo (Asier Etxeandia, una buena voz, qué duda cabe) que se entrega en cuerpo y alma a la paciente, acude a visitarla incluso cuando está de vacaciones en la playa y –lo más increíble- le dedica canciones en todas partes: en el quirófano antes de la masectomía, en el chiringuito por la noche… siempre canciones de vida y superación. Ya sé que el cine, como la literatura, posee la facultad de poder acomodar la realidad a los deseos, pero no he conseguido creérmelo. Ni mucho menos el final cuando, en torno a la pequeña nacida del último amor de la difunta, el ginecólogo, el padre de la niña y el adolescente nacido del matrimonio con el profesor infiel, entonan a coro esa misma canción que habla de sufrimiento y vida. Era innecesario.


Un multimillonario egipcio quiere comprar una isla para los refugiados


Foto Twitter

Naguib Sawiris, influyente y multimillonario propietario egipcio de Orascom Telecom, Naguib Sawiris, se ha ofrecido para comprar una isla a Italia o Grecia y ponerla a disposición de los refugiados que arriesgan su vida en el Mediterráneo para llegar a Europa, con el fin de que puedan vivir en ella hasta que cambie la situación política en  sus países de origen, y puedan regresar a ellos, informa el canal internacional France 24 en su edición del 4 de septiembre de 2015.

 “Grecia o Italia, vendedme una isla. Yo la declararé independiente, acogeré en ella a los migrantes y les proporcionaré empleo en la construcción de su nuevo país”, ha escrito Sawiris en su cuenta de Twitter. 
 
En estos días que están surgiendo muchas y diferentes iniciativas ciudadanas para ayudar a los refugiados que huyen de países en guerra y regímenes dictatoriales, la de Naguib Sawiris es, sin duda una de las más sorprendentes. El multimillonario, cofundador del partido político Al-Masryeen el-Ahrar (Partido de los Egipcios Libres) piensa que en la isla podrían instalarse cómodamente cientos de miles de refugiados: “Quizá sea una locura –ha manifestado a la prensa- pero podría ser al menos una solución temporal en espera de que puedan regresar a sus países”.   

A la Agencia France-Presse le ha dicho que, en un primer momento, habría que construir albergues temporales en la isla y después emplear a los refugiados para que construyan las infraestructuras necesarias, como viviendas, escuelas y hospitales para empezar a funcionar lo que, en su opinión, sería tratar a los refugiados “como seres humanos” y no “como ganado”. Naguib Sawiris considera que el principal problema, una vez comprada la isla, será dotarla de estatus jurídico de país independiente. 

Sawiris, cuya fortuna está estimada en 1.200 millones de euros,  está dispuesto a pagar entre 10 y 100 millones para comprar la isla. En una entrevista televisada se ha dirigido a los gobiernos de Grecia e Italia. “ustedes tienen decenas de islas desiertas que podrían acoger a cientos de miles de refugiados”. De momento no ha habido respuesta de los gobiernos de Atenas y Roma.