miércoles, 8 de octubre de 2014

Jeremías, un corto sobre los desahucios basado en una historia real



Heredero de las doctrinas de Mahatma Gandhi y Nelson Mandela, un viejo intelectual de la revolución del 68 malvive en la miseria más absoluta. Su casa se derrumba frente a una sociedad que lo ignora y que ha perdido sus valores. Ahora, se enfrenta al penúltimo capítulo de su vida, tras recibir un aviso de desahucio.

Es la historia de Jeremías, el protagonista del primer cortometraje del productor Nicos Beatty (Vicky Cristina Barcelona, Salvador (Puig Antich), Biutiful), y es también la historia de cientos de ancianos que en el año 2000, en plena burbuja inmobiliaria, perdieron sus casas en el emblemático barrio del Raval de Barcelona. Tras el desahucio, tuvieron que abandonar sus hogares y comenzaron a dormir en los cajeros, obligados a sobrevivir con una pensión de menos de 400 euros al mes. Nadie hizo nada por ellos.

José María Blanco (La otra cena, El secreto de puente viejo, Hospital central) encarna a Jeremías; en un reparto que completan Tony Corvillo (El príncipe, Mientras duermes) y Younes Bachir (No habrá paz para los malvados, La caja 507,).

El corto, de 15 minutos de duración, ha participado en el Festival Iberoamericano de Huelva ABC 2014 y prepara su candidatura para participar en la próxima edición de los Premios Goya y los Premios Gaudí. Se estrenó en octubre de 2013 en la 22ª edición del Festival de Cine de Madrid PNR y tuvo su estreno internacional en noviembre de 2013 en el 27º Leeds International Film Festival, en Reino Unido. Ha participado en diversos festivales de cine nacionales e internacionales, como el Festival de Cine de Santander 'Corto y Creo' (octubre 2013), el 10º Festival Internacional de Cine de los Derechos Humanos 'El séptimo ojo es tuyo' de Bolivia (julio-agosto 2014) y el 18º Festival de Cine de Lima (agosto 2014).

Una historia reivindicativa

Jeremías es una historia universal que está pasando en muchos rincones del mundo, y especialmente en este país en los últimos años. El cortometraje es una reflexión sobre el capitalismo y la pérdida de valores de la sociedad. Habla de la pérdida de empatía y fraternidad entre personas que viven el mismo problema, de la ceguera colectiva, de la inacción, del miedo. “Es una historia que vi con mis propios ojos en medio del boom inmobiliario y por aquel entonces nadie alzó una sola voz. Echaban a familias andaluzas enteras de sus casas para construir la tan alabada Rambla del Raval. Ancianos pobres que malvivían con una pequeña pensión tuvieron que irse a vivir a cajeros automáticos entre cartones mojados y nadie, ni ninguna institución, movió un sólo dedo”, apunta el director del cortometraje.

martes, 7 de octubre de 2014

Mi vida ahora, condenada al fracaso



Kevin Macdonald ganó un Oscar en 2000 por la dirección de su primera película, el documental Un día en septiembre, sobre al asesinato de los deportistas israelíes en los Jugeos Olímpicos de Munich de 1972. Con la segunda, Touching the Void, gano un BAFTA a la mejor película británica y el premio anual del diario Evening Standard, y es el documental más taquillero en la historia del cine en el Reino Unido. Su primer largometraje de ficción, El último rey de Escocia de 2006, consiguió un BAFTA al Mejor Filme Británico y otro al Mejor Guión Adaptado. El protagonista, Forest Whitaker se llevó el Oscar y también el BAFTA por su personaje del dictador ugandés Idi Amin Dada. A lo largo de su carrera, Kevin Macdonald ha recibido nominaciones y ha recogido más premios por obras tanto de ficción como documentales.

Lamentablemente no creo que le ocurra lo mismo con su película de 2013, Mi vida ahora, a pesar de que cuenta en el reparto con la joven actriz irlandesa Saoirse Ronan (Expiación, The Lovely Bones, nominada al oscar en 2007 por Atonement), secundada por George Mckay (Amanece en Edimburgo) y Tom Holland (Lo impoisble) y de que la película sea una adaptación del best seller literario para “jóvenes adultos” How I Live Now, de Mag Rosoff (editado en España por Gran Angular), ganadora de los premios The Guardian’s Children, Brandford Boase y Michael L. Printz, que concede la Asociación Americana de Librerias. Porque la película es solamente una historia de adolescentes que imita las historias de Hunger Games (Los juegos del hambre), aunque con un toque grunge en lugar de gótico o medieval. Y el resultado es un impersonal guión que mezcla con enorme torpeza romance adolescente y apocalipsis.

 Ambientada en algún bosque perdido del Reino Unido, y en futuro cercano, Daisy, una adolescente estadounidense, es enviada a pasar las vacaciones de verano con sus primos, al otro lado del Atlántico. Allí empieza una relación con el mayor, Edmund, cuando empieza una escalada terrorista en el país, que cae en un estado militar violento y caótico: ha explotado un ingenio nuclear y hay que evacuar a la población. Los primos son separados y Daisy luchará para sobrevivir a una guerra sinsentido y reunirse de nuevo en Edmund. Como dice el crítico de Télérama “amor púber y realismo post-11 de septiembre hacen muy malas migas en esta película”. O, como ha escrito el crítico de Les Inroocks, Mi vida ahora “basada en una contradicción enorme, tropieza con un problema de escala al pensar que puede ser normal hundir al mundo entero en un desastre nuclear para conseguir la redención de una única adolescente (…) Una multitud de vidas sacrificadas por una vida salvada: la ecuación parece excesivamente desequilibrada”.

En resumen: una película mala, tremendista, bobalicona e insulsa-

 

 

Dos periodistas franceses llevan dos meses detenidos en Papuasia.



El 6 de octubre de 2014 se han cumplido dos meses de la detención en Papuasia occidental (Indonesia) de los periodistas franceses Valentine Bourrat y Thomas Dandois. Fueron detenidos en agosto cuando efectuaban un reportaje sobre los movimientos separatistas locales (en 1969 el país quedó a anexionado a Indonesia). Habíam entrado con un visado de turistas y están acusados de “trabajar ilegalmente”, informa en Rue 89, desde Yakarta, Phelim Kine, de la organización Human Rights Watch.

De hecho, en la provincia indonesia tienen prohibida la entrada tanto los periodistas extranjeros como las organizaciones humanitarias, oficialmente por razones de seguridad. Los pocos informadores que consiguen visados para entrar son estrechamente vigilados durante todo el tiempo que dura su estancia.

Las fuerzas del orden están siempre presentes en Papuasia, donde son frecuentes las violaciones de los derechos humanos. En agosto de 2014, apareció en el mar, metido en un saco, el cuerpo del militante independentista y pacifista Marthinus Yohame, de 27 años. Sistemáticamente, el gobierno detiene a quienes se manifiestan reclamando la independencia de Papuasia, o pidiendo cambios políticos. Actualmente hay sesenta militantes en la cárcel por “traición” y entre ellos Filep Karma, un funcionario papú condenado a quince años de cárcel porque en diciembre de 2004 enarboló una bandera con la “estrella del alba”, símbolo independentista de Papuasia occidental. El grupo de trabajo de la ONU sobre detenciones arbitrarias ha pedido, en vano, a Indonesia la libertad inmediata e incondicional de Karma.

El informador explica que no es la primera vez que sucede un caso similar de periodistas detenidos, pero que normalmente las autoridades indonesias les expulsan de inmediato. Los analistas locales estiman que ahora se trata de convertir a los reporteros franceses -que pueden ser condenados a cinco años de cárcel y una multa importante- en un ejemplo que “desanime a los informadores de otros países” a acudir a lo que en la zona se conoce como “la isla prohibida”. En julio de 2013, el Ministro de Asuntos Exteriores indonesio, Marty Natalegawa, defendía la prohibición de visado para los medios de comunicación extranjeros culpabilizando de ello a “algunos elementos que en Papuasia quieren llamar la atención de los medios internacionales”.