viernes, 7 de marzo de 2014

Guillame y los chicos, ¡a la mesa!: hilarante y magnífica





Para mí, con mucho la mejor de las películas que se estrenan el 7 de marzo de 2014, Guillame y los chicos, ¡a la mesa! se reveló hace apenas dos semanas como la gran ganadora de la 39ª edición de los Premios César de la Academia de Cine francés.

Una espléndida y original comedia dirigida, protagonizada y escrita por Guillaume Gallienne, miembro de la Comédie-Française, que consiguió hasta cinco estatuillas doradas: mejor película, mejor opera prima, mejor actor, mejor guión adaptado y mejor montaje; cuatro de ellas para Guillaume Gallienne, incuestionable artífice de esta joya del cine francés actual, quien además hace doblete interpretando los papeles del protagonista y su madre, a quienes en la historia narrada une una relación muy especial, “compleja y directa, tierna y distante, en torno a la cual gravita una galaxia de personajes que participan de este relato de vida”. (Llegados a este punto debo hacer constar que la concesión del César a la mejor película no ha contado con el beneplácito de toda la crítica francesa, dispuesta sin embargo a reconocer los méritos de Gallienne en el resto de las especialidades).

El guión está basado en la obra de teatro “Les garçons et Guillaume, à table!”, que él mismo escribió y estuvo interpretando en los escenarios parisinos. Comedia sensible, inteligente, tierna y sin complejos la historia de este chico llamado Guillaume, que consiguió una ovación de lujo en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes 2013 y dos premios, a la mejor película y el mejor guión. Su paso por otros festivales también le ha servido para acumular galardones. En el teatro Guillaume Gallienne interpretaba todos los personajes, como hacen -o hacían, qué se yo- los virtuosos del kabuki japonés. Leo en un artículo que, al verle en el escenario, la actriz Isabelle Adjani le dijo: “Estás contando el nacimiento de un actor”.

La película cuenta una historia de confusión identitaria, de la que el protagonista es a la vez artífice y víctima: se trata de un niño crecido en una ambiente superburgués y machista, al que casi todos -empezando por la madre que confunde sus deseos con la realidad, y siguiendo con el propio Guillaume- se empeñan en tratar como a una niña. Luces y sombras de una infancia y adolescencia marcadas por un destino que no le pertenece.

Guillaume adora a su madre, a quien copia en sus poses de fumadora; Guillame no se entiende con su padre y su hermanos (los tres “muy hombres”, “concentrados de testosterona”), Guillaume odia el rugby y la caza pero adora en cambio a la emperatriz Sissi. En busca de identidad, a medida que crece y por deseo de su padre, Guillaume pasa por un internado, y acude al psiquiatra; por propia iniciativa, visita gimnasios y clubs gays; porque tiene que cumplir con su deber, acude a hacer el servicio militar, donde le declaran nulo. A todas partes acude cargado con el estigma de esa homosexualidad que le han colgado; en ningún sitio “se encuentra” y acumula fiascos cuando intenta iniciar relaciones con otros hombres.

Nada de eso supone frustración alguna para el personaje. En este sentido podemos hablar de una comedia que trata el asunto del género, pero de todos los géneros, también el de la incertidumbre sexual que en muchos casos acompaña a la adolescencia.



jueves, 6 de marzo de 2014

300: El origen de un imperio, guerra de hombres y dioses



Segunda parte de una saga (que probablemente continuará) basada en la novela gráfica –comic- de Frank Miller, dirigida en esta ocasión por Noam Munro (Smart People; la anterior, de 2006, estaba firmada por Zack Snyder), 300: El origen de un imperio es una película para fans: de emociones fuertes, de mares de sangre, de guerras imposibles y coreografiadas en lugares absurdos, de mujeres heroicas y legendarias vestidas de góticas-griegas, de personajes a mitad de camino entre lo humano y lo divino…en suma, de la historia pasada por el forro de la pelliza del espectáculo más made in Hollywood que pueda imaginarse.

Leo en una reseña francesa que la producción era sobre todo un desafío técnico, ya que está enteramente realizada en estudio sobre fondo verde al que luego se han añadido los colores; se me escapa la magnitud de este tipo de hazañas y su significado en la historia de la cinematografía.

Encarnizado combate entre la libertad griega y la dictadura persa allá por el año 480 antes de nuestra Era, 300: El origen de un imperio es también el imperio del espectáculo y del músculo, el predominio de la fantasía sobre la verdad histórica, con un mensaje subliminal muy acorde con los tiempos que corren: en realidad la guerra es entre el ansia de libertad de los griegos (occidentales) y el fanatismo de los persas (islamistas); y una realización que se parece más a los juegos de vídeo que al cine propiamente dicho, con ese montaje de escenas guerreras a cámara lenta, e incluso con la imagen congelada para mayor disfrute de los esfuerzos y los cuerpos de sus personajes (los masculinos prácticamente desnudos, apenas con slips de cuero).

Hace casi 2.500 años, mientras Leónidas y sus 300 valientes espartanos perdían la vida en el estrecho de las Termópilas intentando frenar el avance del ejército persa, en la isla de Salamina la flota griega, dirigida por el héroe de la batalla de Maratón, el general Temístocles (Sullivan Stapleton), intenta movilizar a todas las polis (ciudades) griegas para llevar a cabo la última y definitiva batalla contra el enemigo, cuya marina dirige la hermosa y malvada Artemisa (Eva Green) en representación de Jerjes, hijo de Darío convertido en dios ( y para que no haya confusión, es un hombre de cuerpo dorado adornado con cadenas de oro). La rivalidad entre Temístocles y Artemisa termina en una escena mezcla de eros y tanatos (como la vida misma), una especie de ritual de seducción que se transforma en baño de sangre: sexo y lucha cuerpo a cuerpo que –me informan- pertenece a las situaciones habituales en este tipo de narraciones, que tienen muchos más seguidores de los que pudiera pensarse entre los habituales de la ciencia ficción.

300: El origen de un imperio se estrena –en 3D y 2D- en los cines españoles el 7 de marzo de 2014.




miércoles, 5 de marzo de 2014

Joven y bonita, el sexo como pasatiempo




La historia de Joven y bonita, presentada en la sección oficial del festival de cine Cannes 2013 y ganadora del Premio Otra mirada en el Festival de San Sebastián, transcurre en un año escolar; para marcar cada una de las estaciones el realizador François Ozon (En la casa) utiliza canciones de la emblemática cantante Françoise Hardy “porque reflejan el amor adolescente: un amor desgraciado, desilusionado y romántico”.

La mezcla de juventud actual y canciones de los años 60/70 “crea una divertida sensación de temporalidad: un presente que ya estuvo en el pasado. El desfile rápido y puntuado de las estaciones añade una impresión de fugacidad” (Louis Guichard, Télérama).

El personaje central es una joven estudiante parisina, Isabelle (Marine Vatch, hasta ahora modelo profesional, un hermoso rostro que conocemos por haberlo visto en anuncios de cosméticos), procedente de una “buena familia”, de un medio burgués, algunos de cuyos fantasmas y neurosis aparecen puntuados a lo largo de la película. Durante unas vacaciones familiares en una playa de la Costa Azul, Isabelle decide fríamente perder la virginidad con un turista alemán: le parece que ha llegado el momento de dar el paso para seguir adelante. Tras comprobar que no ha sido ni excitante ni trascendente, al reanudar las clases, y a partir de la insinuación de un adulto que le para por la calle, Isabelle decide dedicarse a la prostitución de lujo, la que organiza sus citas en hoteles caros a partir de unas fotos de desnudos colgadas en Internet: los clientes, en general muy mayores, llaman a su móvil y quedan con ella “siempre en las primeras horas de la tarde y nunca en fin de semana”. El sexo como pasatiempo.

Otra “belle de jour”, en suma, aunque en este caso se trata de una menor mientras que en la película de Buñuel se trataba de una joven esposa. Demasiado hermosa para dejar indiferentes a sus sucesivas parejas, Isabelle no necesita el dinero que gana prostituyéndose y de hecho no lo gasta: lo va guardando, por el gusto de tenerlo, en una bolsa escondida entre las camisetas de su armario. Tampoco busca un cariño que no necesita, porque sus padres divorciados la quieren y se preocupan por ella lo suficiente. Y no está claro hasta qué punto anda en busca de placer porque en muchas ocasiones da la impresión de ser frígida. Isabelle habla poco, así que todo son impresiones y sensaciones.

Joven y bonita no hace juicios morales sobre el comportamiento de la chica –quien aparentemente ha optado por esa doble vida sin plantearse tampoco muchas preguntas y desde luego no la de por qué lo está haciendo- ni pretende en absoluto presentarse como retrato de una generación desencantada a la que espera un futuro nada fácil. El personaje de Isabelle está tratado con respeto y cierta elegancia; todos los hombres, salvo uno, con los que mantiene encuentros efímeros al precio de 300 euros la tratan con respeto y entienden la relación como una transacción comercial. Ella, crecida en la sociedad de mercado que basa todo en las leyes de la oferta y la demanda, decide aprovechar sus bazas -una cara y un cuerpo hermosos, y un evidente poder de seducción- para sacar provecho de esa ambigüedad moral en que está viviendo.

Joven y bonita –que se estrena en España el 7 de marzo de 2014- nos confirma algo que ya sabíamos: Isabelle no es producto de la fantasía de un guionista o un realizador, Isabelle existe en la vida real, como existen su familia y sus amistades y como existía.